Junín. miércoles 22 de enero de 2020
Semanario de Junín » Nacionales » 9 ene 2020

LA CHICAGO ARGENTINA

Son doce asesinatos en ocho días del año en una Rosario salvaje y sin paz

Cinco víctimas registradas en el lapso de 24 horas en el Gran Rosario, entre las 22.40 del martes y la misma hora del miércoles. Uno de los doce asesinatos ocurridos en los primeros ocho días del año.


Pintadas con los colores de Rosario Central adornan en la cuadra fachadas y columnas. “La vida por vos”, dice una escritura futbolera con fondo azul y amarillo. Veinte metros más allá, sobre la calle, siete círculos dibujados con tiza identifican el lugar en el que quedaron desparramados los plomos. El portón del garaje, pintado con un celeste gastado, exhibe la marca de otro balazo. Adentro, la referencia más pesada y más oscura de la muerte: una mancha de sangre.

El 34 bis de la calle Ituzaingó es el escenario del homicidio de Matías Amaral, de 23 años. Una de las cinco víctimas registradas en el lapso de 24 horas en el Gran Rosario, entre las 22.40 del martes y la misma hora del miércoles. Uno de los doce asesinatos ocurridos en los primeros ocho días del año.

Amaral fue atacado por un grupo de entre cinco y seis personas que llegaron en auto hasta la casa. Vestidos como policías, violentaron la puerta de ingreso y le dispararon con saña: el cuerpo presentaba más de 15 impactos. La sombra de un conflicto entre bandas, vinculadas con la operatoria narco, sobrevuela esa muerte. Los vecinos aseguran que allí funcionaba un búnker acondicionado para la venta de drogas.

A Nelson Barreto (18) lo mataron cinco horas antes, en la zona oeste de la ciudad. Dos encapuchados le dispararon en la cabeza cuando esperaba en la calle vender un par de zapatillas que podrían haber sido robadas. El ataque directo inclina a los investigadores a pensar que existía un conflicto previo que marcó su final.

Otro caso tuvo como víctima a Julio Giménez (50), sucedió a las 0.40 y tiene rasgos que lo diferencian de los otros dos: se originó tras una discusión familiar en la localidad de Villa Gobernador Gálvez, al sur del Gran Rosario. Su hijo fue detenido por el ataque.

Cuando el miércoles se iba, una balacera se registró alrededor de las 22 en el barrio Bernardo de Irigoyen. Una familia estaba reunida en la vereda frente a una vivienda de Alzugaray al 900 cuando dos personas llegaron a bordo de una moto y abrieron fuego.

Una joven de 22 años, identificada como Antonella Albornoz, murió luego de ser trasladada al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca) y en el Hospital Provincial se confirmó la muerte de otro, Marcelo Alejandro Berlari, de 49.

Además, Karen Berlari, de 26 años, con un disparo en el pie; Walter Berlari, de 43, con un balazo en el abdomen, y Lidia Beatriz Franco, de 42, quien padeció un balazo en la pierna.

La violencia escaló de tal manera en los primeros días del año que el nuevo intendente, Pablo Javkin, dijo estar “enormemente preocupado” con el tema. Peleas entre vecinos, un doble crimen en ocasión de robo --murieron el asaltante y un gendarme, víctima del atraco-- y disputas entre bandas conforman el abanico de casos ocurridos en el inicio de 2020.

Desde el Gobierno nacional una vez más pusieron el foco sobre la problemática de la seguridad local, afectada por el comercio de drogas. “El narcodelito es una gran preocupación de los últimos quince años en Santa Fe”, aceptó en diálogo con Radio Dos el secretario de Seguridad, Eduardo Villalba.

El martes, algunas horas antes de la seguidilla de tres crímenes, el funcionario nacional se reunió en Rosario con el ministro de Seguridad de Santa Fe, Marcelo Saín. Se comprometió, además de trabajar en políticas integrales, a sostener el número de efectivos Federales que patrullan el territorio provincial.

La problemática narco, con poderosos actores del negocio asesinados, detenidos y en algunos casos condenados, es un fenómeno recurrente en el Gran Rosario en los últimos años. Desde 2013 a la fecha, cuando se registró el pico de homicidios y de disputas abiertas entre bandas, se avanzó en la detención del núcleo más fuerte de la banda “Los Monos”, aunque los investigadores reconocen que las segundas y terceras líneas del grupo siguen operando sobre el territorio.

El año pasado también cayó Esteban Alvarado, otro de los operadores más temidos dentro del delito local. Aunque trabajó en las sombras durante años, sin las exposición y la cruenta determinación de “Los Monos”, cayó tras digitar el homicidio de un prestamista. Como en el caso de la banda de zona sur la investigación expuso sus aceitados vínculos y la protección que recibía de parte de sectores policiales.

Otros capos narcos, como es el caso de los integrantes de los clanes familiares Funes y Camino, fueron detenidos o asesinados. Los que se salvaron sostienen su liderazgo desde la cárcel, aunque actores del negocio más relegados buscan disputarles alguna porción del poder.

La corrupción policial es uno de los temas más complejos sobre los que trabaja Saín, ex viceministro de Seguridad de Buenos Aires y ex director de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). El funcionario impulsó el pase a retiro de 31 altos jefes, cambios en distintas jefaturas y hasta la intervención de la cuestionada Unidad Regional XII.

En los primeros días de su gestión, iniciada el 10 de diciembre pasado, amonestó por privado al jefe de la policía de Rosario por no disponer custodia suficiente sobre edificios judiciales, repetidamente atacados en los últimos meses. “Le ordeno por este medio que de manera inmediata restituya la custodia en los edificios públicos en el término de una hora. De lo contrario voy a ir para allá y la cosa se va a poner picante”, le advirtió en un audio privado que luego se viralizó. En público Saín advirtió que no permitiría la “resistencia policial” y que, “el que jode, termina en el calabozo”.

Apenas cuatro días después de asumir, y cuando ya vislumbraba la resistencia de algunos sectores, criticó a “referentes policiales que desde la llegada de esta nueva gestión gubernamental perdieron centralidad y autonomía para hacer lo que se les dé la gana, inclusive, convivir con el delito”.

Las medidas generaron tensión con la policía. E incluso algunos episodios sugestivos: Ariel “Teletubi” Acosta, un peligroso sicario que respondía a los Funes, se escapó caminando el 20 de diciembre del Centro de Justicia Penal cuando iba a firmar un juicio abreviado por un crimen. Le iban a poner una condena a 13 años de prisión.

La fuga fue insólita. Se paseó entre abogados, jueces, policías y hasta ingresó en una sala donde se desarrollaba una audiencia. Pidió disculpas, buscó otra salida y se marchó a la calle.

El viernes 3 de enero el mismo Centro de Justicia fue baleado por tercera vez en los últimos meses. El 5 de agosto y el 10 de diciembre de 2018 ocurrieron los episodios anteriores, atentados por los que son señalados como instigadores Ariel “Guille” Cantero y Alvarado, dos pesados enfrentados.

En medio de esas situaciones recrudeció este año la violencia criminal. La saga de asesinatos en el Gran Rosario alcanzó su pico máximo en 2013 (271 casos), descendió durante cuatro años consecutivos hasta 2017 (162 crímenes) y volvió a tener un ascenso en 2018 (198) y una nueva caída en 2019 (159). Sin embargo desde 2013 a la fecha ningún registro supera, en la primera semana de un nuevo año, lo sucedido en los días iniciales de 2020. Los doce casos ocurridos en el Gran Rosario ya conforman un cruento e inquietante récord de la estadística criminal.

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