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investigacion

Jet lag social: estudio del Conicet recomienda que la escuela comience más tarde

La escuela suele iniciar el turno matutino antes de las ocho de la mañana, lo que en muchos casos provoca que se acorte el período de sueño.


El jet lag social es un mal al que cada vez más personas se exponen, en tiempos de redes sociales, celulares encendidos las 24 horas y estimulación informativa constante. Este efecto se produce cuando las horas destinadas al descanso se alteran, y luego cuesta acomodar las rutinas diuernas. Esa interrupción en los patrones naturales del sueño puede repercutir en la salud de diversas formas, provocando desde mal humor o menor rendimiento académico y cognitivo hasta enfermedades cardíacas u obesidad. 

Un equipo de investigadores del Conicet, liderado por la neurocientífica María Juliana Leone, comprobó que los adolescentes argentinos que concurren al turno mañana de la escuela secundaria son quienes más perjudicados se ven con este estado, y padecen hasta cuatro horas de jet lag social, lo que puede resultar nocivo para su proceso de aprendizaje. El trabajo de Leone acaba de publicarse en la revista Nature Human Behaviour.

"El sueño está subestimado, y en la adolescencia es fundamental", advierte Leone, que trabaja en el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y en el Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). El cronotipo, explica la científica, es el horario biológico interno de una persona, que está regulado por un reloj que se aloja en el cerebro, y va cambiando con la edad. 

En la madurez las personas tienden a levantarse más temprano, pero en el caso de los adolescentes, su cronotipo tiende a ser más nocturno, es decir que naturalmente se duermen más tarde. De hecho, biológicamente, el momento de mayor vespertinidad se da al final de la adolescencia, alrededor de los veinte años. Por esa razón, también deberían levantarse más tarde, ya que de esa forma lograrían cubrir el período de sueño que recomiendan los organismos de salud mundial, que sugieren que los adolescentes deben dormir entre ocho y diez horas. 

Sin embargo, la escuela suele iniciar el turno matutino antes de las ocho de la mañana, lo que en muchos casos provoca que se les acorte el período de sueño. Con esos datos sobre la mesa, los científicos pusieron la lupa en la interacción entre el cronotipo de los adolescentes y el horario escolar, para intentar examinar cómo influye esa interacción en su rendimiento académico.

"Lo que nosotros nos preguntamos en este trabajo, en primer lugar, fue cómo afecta el horario escolar al sueño de los adolescentes, que es una cuestión que hasta ahora nunca se había estudiado en nuestro país", resume Leone. "Como científicos, tenemos la intuición de que los argentinos en general somos más nocturnos que los habitantes de otros lugares del mundo, porque nuestros horarios de cenar, por ejemplo, son mucho más tardíos que en Europa o Estados Unidos", señala la científica, que también es parte del equipo de Crono Argentina, un estudio que están realizando en paralelo desde el Laboratorio de Cronobiología, dirigido por el biólogo del CONICET Diego Golombek, para conocer los hábitos de sueño de los habitantes de Argentina en general.

Conclusiones y advertencias 

Al evaluar el rendimiento académico en función del cronotipo, los científicos arribaron a diversas conclusiones. "En primer lugar, en cuanto a los hábitos de sueño, vimos que los adolescentes que asisten al turno mañana duermen muy poco y tienen niveles altísimos de jet lag social", señala Leone, y agrega que "vimos que ese efecto está exacerbado, sobre todo, en los adolescentes de quinto año, que son los más nocturnos y que acá son particularmente más nocturnos que en otros países". 

Luego, los científicos indagaron en qué sucede con los distintos cronotipos de los estudiantes al interior de cada uno de los turnos escolares –mañana, tarde y vespertino- y vieron que el rendimiento académico mejora cuando los horarios escolares están mejor alineados con los ritmos biológicos de cada adolescente.

"Se podría recomendar, en base a nuestro estudio, que la escuela empiece más tarde: eso es algo que beneficiaría a todos los adolescentes, si bien este experimento es investigación básica y se necesitan más estudios para poder hacer una recomendación práctica acabada", aclara Leone. "También podría revisarse que al menos empiece más tarde a la mañana, al menos para los adolescentes de los últimos años de la escuela secundaria, que son los que tienen en general los cronotipos más nocturnos. O asignar a los estudiantes al turno según su cronotipo. En nuestro trabajo, además, vimos que más del noventa por ciento de los estudiantes del turno mañana duermen menos de las ocho horas recomendadas, y eso es preocupante. Tenemos que seguir estudiando todo esto", concluye la especialista. 

 

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