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Semanario de Junín » Locales » 21 may 2020

editorial

Libertad condicional

Ojalá que un microorganismo produzca, además de fiebre y problemas respiratorios, un cambio de actitud en la mirada hacia los otros y hacia uno mismo


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Semanario

Entre la variedad de cosas que nos ha traído la pandemia, resuena esta suerte de libertad condicional en la que parte de los bonaerenses hemos ingresado, pero que nos enrola prácticamente a todos los habitantes del planeta.

Condicionada por el devenir del virus, pero particularmente por las responsabilidades propias de cada uno.

La libertad condicional no es más que el permiso que se puede conceder a una persona privada de libertad, normalmente debido a su buen comportamiento, y que afecta solo al cumplimiento de la última parte de la pena a la que fue condenada.

La llegada del Covid19 que trajo aparejados estos más de 60 días de cuarentena que llevamos en distintas fases, cambió de raíz la mayoría de las rutinas y aun quedará por ver si cambiará los desatinos propios de un orden mundial que nos terminó dejando en desventaja.

Para algunos analistas resulta poco probable que quienes manejan los hilos del poder estén dispuestos a ceder alguno de sus privilegios y para ello es menester observar el comportamiento de dos líderes de tanto peso específico para con la Argentina, como son los presidentes de Estados Unidos y Brasil, que han mostrado la verdadera cara del sistema al cual le interesa por sobre todo el consumo, aunque para sostenerlo haya que dejar vidas en el camino.

Esto podría trasladarse al mercado laboral, donde sólo importa la productividad mientras el trabajador es una herramienta más del conjunto que cuando se vuelve obsoleta o se rompe, queda fuera de la operación y se sustituye por lo que resulte más rentable.

Esta libertad condicional nos ha mostrado por contrapartida que no todo depende del consumo y que hay bienes que bien pueden ser sustituidos o eliminados y que hay quienes ni siquiera acceden a lo mínimo indispensable.

Tal vez haya que prestar atención a las palabras del filósofo Slavoj Zizek al mencionar a uno de sus pares: “Hegel escribió que ‘lo único que podemos aprender de la historia es que no aprendemos nada de la historia’, así que dudo que la epidemia nos haga más sabios. Lo único que está claro es que el virus destruirá los cimientos de nuestras vidas, provocando no sólo una enorme cantidad de sufrimiento, sino un desastre económico posiblemente peor que la Gran Recesión. No habrá ningún regreso a la normalidad, la nueva normalidad tendrá que construirse sobre las ruinas de nuestras antiguas vidas. Tendremos que aprender a sobrellevar una vida mucho más frágil y comprender que no somos más que seres vivos entre otras formas de vida”.

Será entonces cuestión de urgencias salir del estado de Libertad condicional para poder hacernos cargo de nosotros mismos y nuestras “circunstancias”, como para recordar a José Ortega y Gasset, dejando de lado las cadenas que nos atan a ese invisible amo al que entregamos nuestra vida a cambio de una seguridad que nunca es segura.

Libres como los niños, niñas y adolescentes que han sido merecedores de los más sinceros reconocimientos frente a esta situación inédita de encierro, sin posibilidades de afectos externos de amigos y demás familia, que tanta falta y bien les hacen.

Para acceder a la libertad condicional es necesario haber cumplido una determinada parte de la pena, así como acreditar otras circunstancias tales como buen comportamiento, antecedentes o tipo de delito.

Tal vez ya buena parte de la sociedad comience a reflexionar acerca de los valores negativos que hemos estado acumulando a través de la historia y ojalá que un microorganismo produzca, además de fiebre y problemas respiratorios, un cambio de actitud en la mirada hacia los otros y hacia uno mismo.

Sería bueno recuperar la libertad, y para ello, después de coser barbijos haya que empezar a preparar banderas, para ser enarboladas en reclamo de aquellos derechos que algunos –por estar en libertad condicional- nunca cayeron en la cuenta de que los habían perdido.

 

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