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Semanario de Junín » Cultura » 5 jun 2020

FUEYE CHACABUQUENSE

Los 80 años de Roberto Alvarez en casa y en cuarentena

De una etapa sin sobresaltos en Chacabuco, con fines de semana dándole al bajo eléctrico y a la cumbia, pasó a su olvidado bandoneón y al trabajo profesional de la música.


Por:
Ismael A. Canaparo

El pasado 7 de mayo fue el cumpleaños número 80 de uno de los bandoneones de mayor calidad e historia de los que todavía perduran en el tango: el ejecutado por Roberto Daniel Alvarez, el chacabuquense que llegó por casualidad a la orquesta de Osvaldo Pugliese y se transformó, por méritos genuinos, en un ejecutante y arreglador de primer nivel, en una formación de excepción como la del Maestro del clavel rojo.

Roberto Alvarez comenzó como cuarto bandoneón de la orquesta en 1978. Diez años después lucía con orgullo el primer lugar en la fila de fueyes, y tuvo el placer de tocar en el concierto en el Teatro Colón, en 1985. En los primeros años del 90, Alvarez dejó la orquesta junto al violinista Fernando Rodríguez (juninense él) y al contrabajista Amílcar Tolosa, para crear Color Tango, pero el músico aclara: "Llevo la camiseta de Pugliese puesta".

“Me reconcilié con el tango porque la suerte pasó por Chacabuco y yo justo estaba allí. En mi pueblo tenía un grupo de cumbia con el que tocaba algunos fines de semana. Antes de eso, hacía tango, pero me había cansado de que casi nadie le diese bola. Mi corazón seguía el dos por cuatro y por sobre todo a la orquesta de Pugliese. Con mi señora éramos hinchas del Maestro. “La mariposa” era nuestro tema preferido y de alguna manera el símbolo musical que identificaba a nuestra pareja. En el año 1978 Pugliese viajó con sus músicos a Chacabuco y lo fui a escuchar. Era tan malo el sonido que en el intervalo me quise rajar, pero como mi esposa insistió tanto en que nos quedáramos a escuchar “La mariposa”, no nos fuimos. En un descanso de la orquesta un muchacho del pueblo me dijo que como Penón se había enterado de que yo tocaba el bandoneón, me quería conocer. Me daba calor ir a verlo, pero mi mujer me alentó a que fuera. Me acerqué con mucho miedo a Arturo, quien amablemente me explicó que estaban buscando un bandoneonista y me invitó a dar una prueba en Michelangelo”, cuenta Alvarez.

El relato continúo: “A la semana me presenté y me topé con varios de los músicos de Pugliese, que me ayudaron a disimular el susto que traía conmigo. Cuando vi al Maestro, que estaba jugando al truco, le comenté el motivo de mi presencia y con cara de desconcierto me dijo: “Yo no sé nada, no hablé con nadie en Chacabuco… pero bueno, ya que vino, toque”. Ahí nomás pelé el bandoneón e hice “Los mareados” y algo de Piazzolla. Apenas terminé me dispuse a guardar de inmediato el fueye y volverme para mi pueblo, pero Pugliese me dijo: “Espere un poquito, ahora tóquese un tango de rompe y raja, lo que usted quiera”. Yo ya estaba satisfecho y quería volar, encima hacía como dos años que andaba con la cumbia y no agarraba el bandoneón, pero por suerte se me ocurrió hacer “El pollo Ricardo”, que creo fue el tema que le gustó a Don Osvaldo. Le dejé mis datos personales y me dijo: “Cualquier cosa lo llamamos”. Por supuesto, nunca pensé que lo iban a hacer, pero no me importaba, ya había tocado el cielo con las manos. Encima, cuando me estoy yendo me preguntó Osvaldo se sabía jugar al truco y como le dije que sí, me sentó a su mesa y ahí nomás empezó a repartir las cartas. No podía creer lo que estaba sucediendo. Todos jugaban con naturalidad, pero a mí me seguían temblando las manos, hasta que, de pronto, abrí las barajas y me encontré con que tenía treinta y tres de mano. Como loco canté: “¡Envido!. “¡Real envido!, dije. El viejo miró un poquito y echó: “¡Falta envido!”. Volví a revisar de nuevo mis cartas, no cabía duda de que le ganaba. Le dije: “¡No!, no quiero”. Lo admiraba tanto que no podía permitirle ganarle ni siquiera a los naipes”. A la semana del truco me llamaron de Buenos Aires para que me incorporara a la orquesta. No sabía si alegrarme o ponerme a llorar”.

Roberto Alvarez en el cuarteto de Oreste Lapadula, completado con Ricardo Pedraza (guitarra eléctrica) y Walter Dujesiefken (contrabajo).

Desvinculado de la orquesta, fundó en 1989 “Color Tango”, formación que sigue tocando hasta el día de hoy, en la actualidad con dos juninenses: el violista Fernando Rodríguez y el cantor Roberto Decarre. En sus comienzos, fue una verdadera “selección”, con nombres de prestigio: el bandoneón de Víctor Lavallén, el piano del uruguayo Juan Carlos Zunini (fallecido muy joven) y el violín de Carlos Piccione (el primero de la fila de Aníbal Troilo).

Cuando vino a tocar a Junín en 1980 con el cuarteto de Oreste Lapadula, le preguntaron en qué se diferenciaba el estilo de “Color Tango” del de la orquesta de Pugliese. Alvarez fue rápido en la respuesta:  “Cuando nació “Color Tango”, Víctor Lavallén tiraba a hacer otra cosa que tenía un aire de Pugliese y algo de “Sexteto Tango”. En cambio, mis arreglos iban rectamente hacia el estilo Pugliese. Después, cuando se va Lavallén, prácticamente toda la orquesta empezó a funcionar en los valores de Osvaldo Pugliese. Entonces yo digo que “Color Tango” es una rama de ese árbol que fue el Maestro. Lógicamente, cada uno tiene algo siempre para poner. Pero nosotros nos basamos en las raíces, que son un ritmo marcado. Algunas cosas tocamos de grabaciones de la orquesta y otras son arreglos propios”.

Hoy, Alvarez lo recuerda en la intimidad: "A don Osvaldo le gustaba mucho jugar al truco, y una vez, durante un intervalo de un show en Michelangelo, me tocó jugar en contra de él. Empezamos a cantar el tanto hasta que Pugliese me mandó el falta envido. "No quiero", le dije. Yo había ligado 33 y era mano, pero, ¿cómo le iba a ganar si para mí Pugliese era Dios?".

El debut de “Color Tango” se produjo en Holanda, con una gira de 26 conciertos. Ya en marzo de 1990 el grupo grabó su primer disco, que tuvo buena repercusión en diversos países de Europa y Japón.  Por otra parte, en la Argentina realizó ese año un intenso trabajo en Radio Nacional y como orquesta principal del canal estatal (ATC). También se presentó en diferentes teatros, como el Municipal General San Martín, el Centro Cultural Recoleta, la Casa del Tango y Café Homero, entre otros.

En 1992 participó en la Expo Sevilla (España), en una función de gala junto a otros notables artistas argentinos, como Julio Bocca, Eleonora Cassano y Alberto Cortés.  Así continúo girando por diferentes países del mundo, y sobre todo de Europa, llevando la música argentina al resto del globo.

En 1995 llegó la grabación del segundo CD  para la casa discográfica Forever Music, con sede en Miami, y para la colección "Timeless Tango". En marzo de 1996 el grupo realizó una nueva gira por Italia con la compañía Tangueros y estrenó un espectáculo basado en el cuento de Julio Cortázar, "Las puertas del cielo", llamado "Milonga Boulevard", al que llevaron a Nueva York al año siguiente.  En 1998 editó un nuevo CD,  llamado "Color Tango... con estilo".

En 2000 grabó otro CD, llamado "Con estilo para bailar,  vol. 2", en el que participó como invitado Leopoldo Federico. Durante los años siguientes, “Color Tango” recorrió gran cantidad de festivales de tango del mundo y en el 2003 presentó con gran repercusión su nuevo CD,  "Tango a Pugliese". Dos años más tarde, y luego de decenas de actuaciones, se lució con el CD "Pugliese inédito", basado en 10 composiciones de Osvaldo Pugliese, más algunas de integrantes de la orquesta. En el 2009 la banda festejó los 20 años de existencia con la edición del CD "20 años".

La Academia Nacional del Tango, en diciembre de 2009, realizó un homenaje a Roberto Alvarez y a “Color Tango”, en honor a su trayectoria artística. El mismo año la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, declaró a Alvarez "Personalidad Destacada de la Cultura de la Provincia de Buenos Aires".

En 2010, la orquesta realizó giras por varios países de Europa. En 2011, el destino fue Japón. En marzo de 2013, la incursión tanguera aterrizó en Turquía, con un éxito resonante. A partir de setiembre, el grupo se embarcará en otra excursión, ahora por Holonda (Amsterdam, Utrecht, Groningen, La Haya, Rotterdam y Elindhoven), Italia (Triestre) y Rusia (San Petersburgo y Ekaterimburgo, aunque probablemente también se sume Moscú y alguna otra ciudad de la Siberia). “Color Tango” regresó en marzo de 2014 a Turquía para tocar junto a una orquesta sinfónica de ese país.

Para satisfacción de los tangueros juninenses, “Color Tango” tuvo dos mágicos recitales en nuestra ciudad. La orquesta se presentó en agosto de 2013 en “La Ranchería”. El acontecimiento gratuito fue auspiciado por la delegación Junín del Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires, en el marco de su ciclo de Extensión Cultural.  El restante ocurrió en noviembre de 2017, en el Club Social, bajo la organización de la Asociación Empleados Fiscales e Ingresos Públicos (A.E.F.I.P.).

¿Pesa el paso del tiempo, Roberto?

“Mantener una orquesta durante tantos años no es fácil, se han creado muchas que al tiempo desgraciadamente se tuvieron que disolver porque no hay trabajo o los músicos tienen ofertas de otros lugares. Es muy difícil. Entonces de alguna forma es un triunfo cumplir más de veinte años y estar aún activos. Ha sido una gran lucha, mucho laburo, pero también muchas alegrías y satisfacciones. Conozco prácticamente todo  el mundo gracias al tango y al bandoneón. Incluso ya he ido al mismo lugar varias veces: a Holanda fui por lo menos veinte veces, entre los  viajes con la orquesta de Osvaldo Pugliese y con “Color Tango”. Entonces es hermoso porque tengo amigos por todo el planeta, y eso es debido al trabajo y al esfuerzo, pero vividos con gran agrado porque es lo que me gusta hacer. Protesto a veces por todos los trámites previos al viaje o cuando tenemos que tocar muy tarde en una milonga de Buenos Aires, pero después arriba del escenario soy el tipo más feliz del mundo”. (RA).

 

 

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