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Semanario de Junín » Cultura » 11 jul 2020

AVISÓ QUE ESTÁ CERCA sU RETIRO

Héctor Larrea: Los últimos momentos de un “animal” de la radio

En la actualidad, conduce “Una vuelta Nacional” por Nacional Folklórica (FM 98.7), de lunes a viernes, de 14 a 17 y, además, comparte con Bobby Flores el ciclo “Mirá lo que te traje”, a través de AM 870, los viernes de 23 a 24.


Por:
Ismael A. Canaparo

Muchos sostienen con énfasis que la infancia es la patria del hombre. A raíz de esa referencia tan exacta, convengamos entonces que “Rapidísimo” con el gran Héctor Ricardo Larrea fue para nosotros una verdadera reliquia radial. Un gran recuerdo de aquellos desayunos antes de ir al "cole". La cortina musical, Hetitor, las risotadas de Rina Morán y Beba Vignola, los relatos de “Don Verídico” por parte de Luis Landriscina  y luego el infaltable Carlos Gardel con algún tango acompañado por esas eternas guitarras. Es como si uno, ahora mismo, lo estuviese escuchando.

El programa se inició en 1967, y permaneció 30 años en el aire. Pasó por las radios El Mundo, Continental y Rivadavia. El nombre se debe a que en sus comienzos el ciclo duraba apenas media hora, prontamente aumentado en virtud del rotundo éxito que despertó. Produjo varias innovaciones a través de los años, influenciado por la mano (y el oído) del conductor. Es así que incluyó tango, canciones melódicas y folklore, estilos de música que no se acostumbraban en aquella época, además de entrevistas a importantes figuras.

Larrea cuenta cómo empezó todo: “Antes de entrar a la secundaria le escribí una carta a mi admirado Antonio Carrizo, preguntándole qué debía hacer para convertirme en locutor. Él, sin conocerme y generoso como siempre (lo sé porque compartiríamos una gran amistad posterior), me mandó la respuesta:

* Tener buena voz.

* Terminar quinto año.

* Cursar el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica.

* Y desarrollar una fuerte base cultural.

 

Se la mostré a mamá: "Quiero esto", dije. "Perfecto", aceptó. "Tengo que irme a la Capital", le lancé. "Seguí el Comercial acá, porque te va a facilitar para entrar como empleado contable en algún lugar, y luego viajás", remató. A los 12, 13 y 14 animé bailes e iba por la calle con un carrito parlante, cobrando 5 pesos la hora. Se trataba de un camioncito y un tipo que lo manejaba. Tiraban de una piola, lo ponían en marcha y un motor daba la energía para el sonido. Metía discos y me ilusionaba imaginando que salía al aire. Cuando me gritaban "¡Mandá esa canción otra vez!", sentía que triunfaba en la radio”.

 Su presente no es muy halagador y piensa en un retiro inminente. Ahora mismo y desde hace un par de años, tiene a su esposa Ely en un geriátrico, dos hijas (María Florencia y María Laura), nietos. Lo de su mujer lo ensombrece, pero él mismo trata de desmarcarse, de poner una barrera a ese contundente dato de su vida cotidiana. Se define como un lobo solitario que se refugia en su casa de la calle Virrey Loreto en Belgrano hasta bien tarde eligiendo la música que va a pasar al día siguiente. Picotea jazz y tango, busca ideas en libros y en su propia memoria. Dice que está feliz porque encontró en una cueva un disco de vinilo con Alberto Podestá. Ahora tiene que pasarlo a digital (“nunca llevo vinilos”). Tiene tres o cuatro amigos, su guardia de hierro. Uno de ellos es Jorge Marchetti, guionista histórico de sus ciclos radiales y junto a Horacio Scalise, el hombre que supo descontracturarlo. En algún momento Héctor Larrea dejó de ser el sobrio locutor de Bragado para convertirse en un entretenedor total. “Finalmente esa es mi misión. No hay que buscarle más vueltas. El oyente de radio quiere que lo entretengan. Lo mejor posible”, subraya.

Retrocedamos en el tiempo. Graduado en 1961 como locutor en el ISER, Larrea ya había despuntado su pasión en su tierra natal, pero fue por inicios de la década del 60 cuando debutó formalmente en radio al comprar un espacio en Radio Antártida y lanzar el ciclo “Musicosas”. Y aunque también por entonces apareció en televisión (como actor en “Cuatro hombres para Eva”) y junto a Nelly Raymond (en “La campana de cristal”), su leyenda radial tomó cuerpo a partir de 1967 cuando fundó “Rapidísimo”, programa emblema de las mañanas, que permaneció 30 años en el aire pasando por las radios El Mundo, Continental y Rivadavia. Desde ese espacio capaz de imprimir un ritmo vertiginoso a la entonces más reposada estética radial, introdujo señas de su estilo con pequeñas teatralizaciones, la emisión al aire de los mensajes telefónicos de los oyentes y la puesta de músicas y artistas que no figuraban en las nóminas habituales de difusión. Su legendaria presencia en el medio radial, no impidió que hacia 1986 y durante siete temporadas condujera con enorme suceso el programa de entretenimientos “Seis para triunfar” (Canal 9 de Buenos Aires).

En octubre de 2018, Radio Nacional celebró en el CCK sus 80 años. Se realizó un concierto con grandes figuras, tales como Sandra Mihanovich, Luis Salinas, Marcela Morelo, Ariel Ardit, María Graña, Jairo, Franco Luciani, Walter Ríos, Chango Spasiuk, La Porteña Jazz Band, Esteban Morgado, Jorge Navarro, José Colángelo y Fernando Samartin. La conducción estuvo a cargo de  Bobby Flores, con la participación especial de Lalo Mir, Fernando Bravo y Julieta Pink, quienes se refirieron a la brillante trayectoria del locutor.

El 26 de diciembre de 1985 se cumplió el gran sueño de Héctor Larrea: que la orquesta de Osvaldo Pugliese actuara en el teatro Colón (un gesto tardío, una reparación simbólica) y que él fuese el presentador, en un merecido reconocimiento a una de las figuras emblemáticas del tango -para muchos la más distinguida- como muy bien lo dijera esa misma noche el bragadense al momento de oficiar la presentación.

Un año después, a instancias de Larrea,  la ciudad de Buenos Aires lo declaraba ciudadano ilustre, honores y reconocimientos que desde hacía tiempo se prodigaban en la calle, en los programas de radio y televisión y en las páginas de los diarios, mientras se le abrían las puertas de baluartes del tango como Michelángelo o Viejo Almacén. Pugliese recibía todas estas distinciones con su proverbial austeridad, aceptando probablemente que más de sesenta años de trayectoria merecían estos honores, que no por formales dejaban de ser valiosos.

Y así hablaba de Pugliese, su máximo ídolo en el tango: “Aprendí a admirar a Don Osvaldo desde muy chico. Resultaba difícil resistirse a la seducción que emanaba de su música. Luego  con el tiempo tuve la suerte de conocerlo y me di cuenta de que la belleza estética que proponía en la orquesta coincidía con todos los actos de su vida. La transformación que produjo con “Negracha”, “La Beba”, “Malandraca”, “Las marionetas”, inspiró la evolución de Astor Piazzolla. Esto es considerado así por muchos especialistas, pero también por el mismo Astor. “La yumba” tuvo la desdicha de ser demasiado popular, por eso algunos no la valoran en su exacta dimensión. Pero de todas maneras, no cabe duda de que todo esto formó una bisagra para que el tango siguiera avanzando. No creo que Pugliese fuera consciente de que muchos de sus temas transformaron al tango. Osvaldo tenía auténtica humildad. No se hacía el “achicado” para quedar bien. Pensaba honradamente que lo que tocaba era bueno, pero siempre perfectible. Musicalmente siempre le faltaban cinco para el peso, quería más y más. Una vez le pregunté por qué abría siempre con “Arrabal” y me contestó: “Bueno, es que “Arrabal” junto con “De puro guapo”, de Pedro Laurenz, cambiaron el tango. Es un tema redondo, da mucha vida, es muy lógico. Tiene un devenir muy fluido”. Lo que nunca dijo es que a esos dos temas que cambiaron el tango, habría que agregarles “La Beba” y “Negracha”.

El día que conocí a Perón

“En casa había una tendencia peronista. Cuando tenía 6 años me contaron sobre el estatuto del peón y me hice peronista, hasta que me quedé sin referentes. Conocí a Perón ya en su vuelta. Hubo un acto en el Obelisco, con artistas e hice la locución con Brizuela Méndez. De pronto veo que avanza una comitiva. Perón abraza al Negro y el Negro le dice: ‘Este es Larrea’. Fueron cinco segundos. Perón contestó: ‘Ah, ya sé, el de la mesa del humor’ (Humor redondo). Me dio la mano y se fue”.

La entrevista más cálida

“Yo estaba en Nacional a fines de los sesenta y pasaba los discos de Alfredo Zitarrosa, el poeta uruguayo. Un día viene un señor y me dice: ‘Hay alguien en la puerta que quiere hablar con usted’. Era Zitarrosa: “Me han dicho que pasa mis discos y quiero agradecerle”, soltó. Se quedó las dos horas de programa y lo engalanó. Terminamos comiendo juntos en el Palacio de la Papa Soufflé”.

Un almuerzo con Borges

“Fue en una cantina que no recuerdo, en los setenta. Me había invitado un muchacho que iba a juntarse con él, y a Borges le dio lo mismo que estuviera yo o cualquier otro. Pidió puchero. Yo ni hablé. Mucho después mandé a un chiquito que había leído sus obras completas a conocerlo, que fue diciendo ‘Vengo de parte de Larrea’. Lo atendió y le dijo: ‘¿Quién es Larrea?’ Ah. Ya sé. Es ese que pasa música vieja’”.

 

 

 

 

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