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Semanario de Junín » Cultura » 23 jul 2020

GRAN AMIGO DE CARLOS GARDEL

Cadícamo, el último gran poeta del tango

Se identificó como pocos con el barrio, la bohemia, la mujer y la nostalgia. Todos los grandes del tango, sin excepción, grabaron sus páginas. Fue el enorme poeta del dos por cuatro.


Por:
Ismael A. Canaparo

El miércoles pasado hubiese cumplido 120 años y hace 20 que falleció, rodeado de todos aquellos los que lo admiraron profundamente. Enrique Domingo Cadícamo nació el 15 de julio de 1900 en una estancia de Malcolm, cerca de General Rodríguez, en cuyo lugar su padre oficiaba de mayordomo. La suya fue una infancia rodeada de toros, vacas, agreste, bucólica, ligeramente aburrida, muy alejada del tango, con una geografía natural que separaba la campiña del arrabal, un escalón previo para su destino definitivo: abrazar a la gran ciudad. Murió el 3 de diciembre de 1999, al borde del nuevo milenio. Poeta, letrista, compositor, escritor y autor teatral, fue  -ante todo- un extraordinario exponente de su tiempo. Su aguda mirada mezcló prosa, poesía y letras sociales, románticas y descriptivas de ciertos márgenes.

Como solía decir el periodista y escritor Jorge Göttling, fallecido en agosto de 2006, “… cualquier autor se le parece a Enrique Cadícamo, pero él no se pareció a ninguno. Es que cada uno de sus tangos tiene el condimento especial de las viejas costumbres del barrio”, agregando que “retrató como nadie el barrio, la nostalgia y la mujer. Todos los próceres del tango grabaron sus temas. Vivió, entre otras cosas, los esplendores de la gomina, el esmoquin y la camisa de seda. Su segundo milagro fue que gambeteó a la vejez. Hasta el día de su muerte hablaba del futuro como una noción que le competía. Tuvo una buena oreja y mantuvo los ojos solteros, acaso como último jirón de juventud. Habló poco y justo, precisamente él, que tenía respuestas para todo. Fue respetuoso de la inteligencia, como forma superior de la palabra. De la palabra y del silencio, que es su primera consecuencia, formalizó su profesión y su actitud. El silencio fue su alimento, y acaso por eso se escuchó tan lejos”.

Algunas de las definiciones y conceptos del gran poeta: “El Tanga era un violinista que nadie contrataba. Pensando en él y en otros argentinos que pasaban hambre, escribí “Anclao en París”; “El baile de ahora no tiene nada que ver con el tango. El que yo bailaba era autentico, como el que bailaba Virulazo”; “Se armó una de tiros en un cabaret de Barcelona. El bandoneonista Artola se escondió debajo de un piano y no quiso salir. Aquellas eran noches divertidas”; “No tengo fotos con Gardel. Pero cantó 23 tangos míos, que son como 23 fotos. Además, ¿yo qué sabía que Gardel iba a ser Gardel?”;  “Tenía un capitán amigo que me traía cigarros de Grecia. Cuando murió, no podía seguir fumando cualquier porquería de un kiosco. Así que tuve que dejar”; “Un hombre a veces necesita estar solo y yo suelo estar tranquilamente solo y feliz, sintiendo al mismo tiempo la compañía de mi gente”;  “A partir del 30, la Argentina pasó de la cultura a la política. Al principio, el peronismo nos gustaba, por su novedad”; “He visto nacer y formarse varias generaciones, sentí la inutilidad de varias guerras, anduve en aquellos biciclos de enorme rueda anterior, y en los primeros automóviles. Recuerdo como si fuera ahora la iluminación de los farolitos a querosén. Luego vinieron el gas y la electricidad, los globos cautivos, el cine mudo, la radio, las ventas a plazos, el chewing-gum, el cemento armado, y los remedios para la tisis que hubieran salvado a Margarita Gautier. Mirá las cosas que uno ha visto”; “En una época teníamos una cita fija para ir a comer con algunos compinches. Cada vez pagaba uno distinto. Un día quedamos en encontrarnos en un restaurante de la calle Corrientes y yo no llegaba. ¿Por qué? El Ejército me daba una condecoración. Y me hacen un acto en Campo de Mayo, con el Presidente y todo. A medio almuerzo aparezco yo con un tremendo medallón en el pecho, colgando de una banda celeste y blanca. Cuando se venía el lunch, les dije al Presidente y al jefe del Ejército que me perdonaran, que me tenía que ir porque tenía un almuerzo con mis amigos. Y que hoy me toca pagar a mí”. 

Jorge Göttling va más allá: “Si llegara la hora de un balance, pocos, acaso ninguno, podrían acreditar un currículum tan voluminoso como el de Cadícamo. Contemporáneo de la Guardia Vieja, ilustre participante de la Nueva Guardia, protagonista fundamental de la consagración del tango-canción a través de Carlos Gardel, y finalmente activista de esa generación poética del ´40, que lo asimiló como uno de sus maestros. Tres centenares de títulos, entre ellos por lo menos un centenar de tangos de repertorio y una docena realmente antológicos, forman parte de una herencia adelantada. Solía asegurar que en sus cajones merodean muchos más, pero que no recordaba. Si así fuera, no harían falta para darle patente del último de los grandes poetas del género”.

Sus diez tangos fundamentales

POMPAS DE JABON (1927)

Música de Roberto Goyeneche (tío del Polaco). Era un poema, que Cadícamo convirtió en letra de tango por consejo del periodista y escritor Pablo Suero. Gardel lo grabó de inmediato. Comenzaba así una obra de cientos de títulos.

ANCLAO EN PARIS (1930)

Música de Guillermo Barbieri. Una colaboración por correspondencia con el guitarrista de Gardel. Barbieri estaba actuando en Niza con El Zorzal cuando le escribió a Cadícamo a Barcelona, pidiéndole una letra. La escribió en un rato y se la mandó. Además de Gardel, Alberto Castillo la convirtió en un clásico.

NUNCA TUVO NOVIO (1930)

Música de Agustín Bardi. Grabado por Libertad Lamarque, fue un éxito sin precedentes. Entre otros registros posteriores, hay que citar como verdaderos iconos los de Pedro Laurenz con Alberto Podestá y Francini-Pontier con Roberto Rufino.

LA CASITA DE MIS VIEJOS (1931)

Se trata del tango fundador de la imbatible sociedad Cobián-Cadícamo. Tanía lo estrenó en el teatro Maipo, en la revista “Lo mejor es reír”. Fue grabado (en diferentes épocas y entre muchos otros), por Osvaldo Fresedo con Héctor Pacheco, Roberto Goyeneche y Hugo del Carril.

NOSTALGIAS (1936)

Música de Juan Carlos Cobián. Según Cadícamo, fue el tango que los convirtió en los autores de moda y es el tema por el que siempre sintió una gran debilidad. Cobián lo estrenó con el cantor Héctor Lesende en el cabaret “Charleston”. Entre la audiencia estaba Charlo, quien reclamó de inmediato la partitura, lo estrenó y lo impuso en horas. Además de Alberto Marino, Libertad Lamarque, Astor Piazzolla con Héctor de Rosas, lo grabaron desde Sarita Montiel hasta el tenor Placido Domingo, pasando incluso por Ranko Fujisawa.

NIEBLAS DEL RIACHUELO (1937)

Música de Cobián. La música y la letra fueron escritas en apenas 24 horas por encargo urgente de Luis Saslavsky para la película “La fuga”. En aquel filme lo canto Tita Merello. Tiene decenas de versiones grabadas, entre ellas la de Edmundo Rivero, Susana Rinaldi y Roberto Goyeneche.

POR LA VUELTA (1938)

Música de José Tinelli. Según Cadícamo, los versos fueron el sentimental epilogo de una “aventura de juventud”. Lo grabaron Juan D´Arienzo con Jorge Váldez, José Basso con Floreal Ruiz y los solistas Edmundo Rivero, María Graña y Rubén Juárez. “Afuera es noche y llueve tanto / ven a mi lado, me dijiste  /  la historia vuelve a repetirse / mi muñequita dulce y rubia”.

LOS MAREADOS (1942)

Con música de Cobián, su letra más famosa. La música ya había sido estrenada en 1922, con el título de “Los dopados” y letra de Raúl Doblas y Alberto Weisbach. Veinte años después Troilo le llevó a Cadícamo una versión instrumental de Fresedo y le pidió que le escribiera versos. Lo estrenó con el cantor Francisco Fiorentino en el cabaret “Tibidado”. El extraordinario éxito de “Los mareados” encontró a Cobián en México, en la ruina. Esto le permitió un rápido giro a su vida, que lo trajo de vuelta a Buenos Aires. Entre las infinitas grabaciones de dicha página, se inscriben las de Alberto Podestá con Roberto Grela, Floreal Ruiz, Susana Rinaldi y Raúl Lavié. Fue el último tango que grabó Roberto Goyeneche. Dos escenas de la laureada película “La camarera del Titanic”, estrenada en 1998, incluyen una versión de “Los mareados”.

GARUA (1943)

Música de Aníbal Troilo. Lo estrenó el Gordo con la voz de Francisco Fiorentino el 4 de agosto de 1943. El 9 de enero de 1962, Pichuco registró otra memorable versión, ahora con Roberto Goyeneche.

EL CUARTEADOR (1942)

Música de Rosendo Luna. Lo estrenó Troilo con Fiorentino. Angel Vargas dejó un sello clásico. Este tango señala el nacimiento de Rosendo luna, quien no es otro que el propio Cadícamo, debutando con un “criollismo” seudónimo como compositor. Porque, además, componía. También firmaron como Luna-Cadícamo, en obras como “Palais de Glace”, “Adiós Chantecler”, “Por las calles de la vida” y “A quién le puede importar”.

 


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