Junín. viernes 07 de agosto de 2020
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Análisis SEMANARIO

Las dos vidas

Donde se condena con dureza desde la opinión pública a quien ha tenido la maldición de contagiarse un virus nuevo, a punto tal de incendiarle el vehículo que le servía para no caer al pozo, también se aplaude a cuatro manos a quien aparentemente persiguió y remató de un par de tiros al ladrón que estaba tirado en el piso y que era parte de una banda que antes lo había asaltado.


La muerte de un delincuente en manos de un hombre al que habían asaltado en banda en la ciudad bonaerense de Quilmes mostró una vez más la fuerte desunión de una sociedad en la que una mitad está sumergida en el pozo y la otra fuera de él. Y dentro de este último grupo quienes saben que no caerán al pozo ya sea por lejanía, riqueza o poder, y quienes a centímetros del precipicio aprovechan para tirarle tierra al sumergido.

Y en este Junín en el que se condena desde la opinión pública a quien ha tenido la maldición de contagiarse un virus nuevo, a punto tal de incendiarle el vehículo que le servía para no caer al pozo, también se aplaude a cuatro manos a quien aparentemente persiguió y remató de un par de tiros al ladrón que estaba tirado en el piso y que era parte de una banda que antes lo había asaltado.

Y en tiempos pandémicos donde se busca el castigo más duro para quien sale (sin permiso) fuera de los límites que indican la peligrosidad de un contagio de ida y vuelta, piden piedad para quien en determinada circunstancia se ha transformado en asesino, animándose a quitarle la vida a una persona que yace en el piso sin poder caminar.

Y los mismos que aplauden al homicida que prefirió ejecutar la pena capital por propia mano, dejando desnudo al poder judicial que por permisividad y otras cuestiones dejó al reincidente en la calle, son los mismos que sostienen la pancarta reclamando “Por las Dos Vidas”, mostrando una moral de carnaval, que tiende más al disfraz que a los verdaderos valores.

En su página www.escepticemia.com, el periodista, científico, investigador y editor, Gonzalo Casino, hace referencia “sobre la naturaleza natural y no natural de los juicios morales”

En su artículo, el especialista explica acerca de estas cuestiones de la moral, que “hasta Heinrich Himmler, el principal responsable del holocausto judío, se sentía profundamente indispuesto al contemplar de cerca una ejecución” y que “su ayudante Karl Wolff relató en el documental británico The World at War (1973) lo que ocurrió cuando Himmler quiso presenciar con sus propios ojos el fusilamiento masivo de judíos: La ejecución se realizaba según el método de la ‘lata de sardinas’: en una gran zanja se colocaba boca abajo una fila de personas, y tras ser fusilada se colocaba otra fila boca arriba, que también era fusilada, y así de forma alternativa hasta completar la fosa. Himmler se acercó tanto a la zanja que le saltaron al abrigo y a la cara restos de cerebro de los ejecutados, y el propio Wolff tuvo que sujetarlo para evitar que se desmayara de la impresión. En el campo de concentración de Sachsenhausen también se sintió indispuesto en alguna ocasión similar, por lo que parece que el hombre que ordenó el asesinato en masa de millones de personas era incapaz de ver de cerca los horrores del asesinato sin que su organismo acusara el impacto moral”.

Dice Casino que “en todos los dilemas morales en los que hay vidas humanas en juego, el común de la gente responde de forma diferente cuando puede decidir sobre la vida de otras personas de forma indirecta e impersonal o bien de forma directa y personal”.

Un ejemplo del primer dilema es el siguiente: un vagón suelto avanza hacia un grupo de cinco ferroviarios que trabajan en la vía, que si no son avisados morirán atropellados, pero el azar ha querido que usted pueda desviar ese vagón hacia otra vía en la que sólo hay un trabajador. Si decide mover la aguja del cambio salvará cinco vidas a costa de una sola. La mayoría de la gente responde que lo haría. En un segundo dilema moral usted se encuentra en un puente bajo el cual va a pasar un vagón suelto que arrollará a cinco ferroviarios, y la única manera posible de detenerlo es arrojar a la vía a una persona obesa que se encuentra a su lado. En este caso, en cambio, la mayoría de la gente dice que no empujaría a la muerte a un inocente para salvar a cinco.

Algunos investigadores creen que los factores emocionales son claves a la hora de tomar decisiones morales, y por eso a nuestro cerebro le parece inmoral empujar intencionadamente a alguien a la muerte pero no tanto el causarla como “daño colateral” para obtener un beneficio mayor.

Para estudiar mejor los juicios morales, la Universidad de Harvard ha diseñado en internet una macroencuesta, “The moral sense test”, en la que invita a responder algunos dilemas.

Uno de los puntos que sería interesante aclarar es hasta qué punto los valores morales son innatos y universales o son aprendidos.

“La idea del bien y del mal se nos revela como algo tan arraigado, espontáneo e intuitivo que parece como si viniéramos al mundo equipados con un cerebro moral”.

“Ahora, con las técnicas de neuroimagen se están intentando conocer las bases naturales y no naturales de la moral, pero queda sin duda mucho camino por recorrer para que podamos aclarar mínimamente la anatomía de la moral”, enfatiza Casino.

¿QUÉ VIDAS?

El hartazgo del vecino de Quilmes, que sostuvo que le robaban en forma cotidiana y en esa oportunidad incluso le habían pegado para que dijera donde guardaba dinero, seguramente no alcance para justificar que siguiera de cerca al delincuente que se había quebrado una pierna al escapar de la casa y literalmente lo ejecutara al alcanzarlo recorriendo a paso vivo poco más de media cuadra del domicilio.

No es casual que luego de conocer la autopsia y la totalidad de los videos, el fiscal lo haya imputado por el "homicidio agravado por el uso de arma de fuego" en perjuicio del delincuente que entró a robar a su casa y que al intentar escapar se lesionó y fuera ajusticiado por quien hoy divide las aguas entre la comunidad.

Algunos sectores aguerridos a la hora de promover el salvataje de “las dos vidas” en la campaña antiaborto, han sido fervientes defensores ahora de quien ejecutó al malviviente que lo asaltó cuando éste estaba fuera de combate en el suelo.

Pero el debate es amplio y debe ser dado en cada ocurrencia de casos con el objetivo de crear conciencia sobre los diversos aspectos de la justicia, pero por sobre todo de los derechos.

La visión de los derechos humanos se corresponde con el desarrollo de la conciencia de cada ser humano, y se proyecta en la vida comunitaria y societaria.

No se puede desprender de la dignidad humana y de una cultura democrática. Está enclavado en el concepto de la igualdad, libertad y justicia de todo el género humano y no admite ningún tipo de discriminación ni manipulación interesada como la pretendida por algunos sectores políticos o medios de comunicación.

Por eso la manipulación interesada en el tratamiento de los derechos humanos es igual a un crimen con guante blanco, y atenta contra el espíritu de la humanidad. Además, produce un daño muy grande a la credibilidad política, a la honestidad intelectual y a la convivencia pacífica entre los pueblos y las naciones.

En todo caso, será siempre repudiable la grosera manipulación y la perversidad política de quienes intenten alterar las cuestiones ligadas a la justicia por propia conveniencia y mucho más aún para seguir dando paso a las desigualdades de siempre, que con el tiempo se naturalizan.

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