Junín. miércoles 18 de octubre de 2017
Semanario de Junín » Cultura » 25 sep 2017

desierto de Tabernas

Viaje por un sueño: Acariciando el revólver justiciero de Clint Eastwood

A treinta kilómetros de la capital provincial de Almería, en la región española de Andalucía, todavía resiste al tiempo un pueblo decorado para la filmación de películas del Lejano Oeste, aprovechando el desierto de Tabernas.


Por:
ISMAEL CANAPARO

En viajes pasados por la región hispana de Andalucía me había quedado pendiente concretar un sueño: conocer el desierto de Tabernas. Como un empedernido y eterno enamorado del cine y recordando, en especial, aquellas películas del Oeste que tanto nos emocionaron en la niñez y en la temprana adolescencia, no podía ni quería perderme el deleite de pisar los escenarios naturales donde se filmaron muchísimos títulos del western norteamericano.

No fue una idea feliz realizar el viaje a finales del mes de agosto, debido a las altas temperaturas que soporta Almería en esta altura del año.

Almería, que está a 543 kilómetros de Madrid, es un municipio español y ciudad capital de la provincia homónima, que pertenece a la comunidad autónoma de Andalucía. Según un mapa que recogí en la oficina turística del lugar, “es el centro neurálgico de la Comarca Metropolitana de Almería, en el extremo sureste de la península ibérica y de la comarca turística de Almería-Cabo de Gata-Níjar. La rodean por el oeste la sierra de Gádor, por el norte Sierra Alhamilla y por el este el valle y delta del río Andarax y, más allá, una llanura que culmina en la sierra de Cabo de Gata. Al sur, su puerto y litoral se abren a una amplia bahía sobre el mar Mediterráneo. De acuerdo con la Clasificación climática de Köppen, el clima de Almería es de transición entre el clima árido cálido y el clima semiárido cálido. Con una precipitación anual ligeramente inferior a 200 milímetros, Almería se posiciona como la ciudad más árida de Europa y una de las más áridas de la Cuenca del Mediterráneo. Las precipitaciones son muy escasas (25 días de media al año), y hay poca amplitud térmica mensual; las temperaturas oscilan entre los 17° y 9° en enero y los 31° y 23° en agosto. Algunas veces en los meses de verano sube la temperatura hasta superar los 40 °C debido a las masas de aire caliente proveniente del Sáhara, aunque es bastante infrecuente superar esta temperatura. Los inviernos son muy suaves y los veranos calurosos. Almería es la única ciudad de Europa Continental que nunca registró heladas, ya que la mínima histórica es de +0,1 °C37. Con una media de 2994 horas de sol y 108 días completamente despejados al año, es uno de los sitios más soleados de Europa. La temperatura media anual es de 19,1 °C. La de sus aguas en los meses de invierno (unos 17 °C) es más cálida que la del aire (16,5 °C).39 La humedad media es del 65 %, con un promedio de 26 días de lluvia anuales, siendo noviembre el mes más lluvioso. Esto resulta en una pluviometría media de 196 milímetros, una de las más bajas de España (la más baja de la Península Ibérica) y la más baja de Europa. En ocasiones se han producido lluvias torrenciales, estando documentadas inundaciones catastróficas en 1879 y 1891”.

Llegar a Tabernas fue toda una odisea, pese a los pocos kilómetros que la separan de Almería, treinta en total. Es que agosto es un mes de paralización turística, normalmente conectada con micros, ómnibus y pequeñas unidades.  De modo que hubo que recurrir a un taxi para llegar al lugar. La población está a una altitud de 400 metros, reúne a unos 3.500 habitantes y una extensión de 281 km.2.  Ubicada junto a la zona desértica que lleva su nombre,  tiene una tasa media de precipitación anual de 243 milímetros, por lo que es una de las poblaciones más secas de Europa.

En el desierto de Tabernas tuvimos el primer acercamiento a nuestros bellos recuerdos de la infancia, con esas cintas y episodios de vaqueros que seguíamos con absoluta fidelidad, deleite y emoción desde las butacas de las cuatro salas que tenía Junín en la época dorada del cine: San Carlos, Italiano, Crystal Palace y Guaraní, con un final gustoso e inexorable: porciones de pizza en la Ribas. Los productores cinematográficos encontraron en este desierto un escenario de singular belleza natural, que reproducía exactamente los paisajes del oeste norteamericano. Es así que allí construyeron pequeños poblados de cine western, que permitieron el rodaje de innumerables películas del género. En el pueblo imaginario, se pueden encontrar: la oficina del Sheriff, el banco, la cantina, la funeraria, la oficina de telégrafos, la barbería y otros ambientes del oeste americano. Los turistas, además, pueden visitar un museo de cine, un museo de carros y diligencias, un jardín de cactus y un parque indio infantil. Se muestra también un espectáculo donde se observa cómo arrastran al bueno por el suelo, cómo ahorcan al malo o peleas a puñetazos. Otra área de este “pueblo”, ahora transformado en un Parque Temático, funciona una reserva zoológica con multitud de especies, siendo los animales más llamativos que pudimos ver: caimanes, osos, linces, flamencos enanos, canguros, jirafas, hipopótamos, tigres, un aviario y hasta un reptilario.

La filmación de películas empezó a finales de los 50, siendo las décadas de los 60 y 70 las de mayor número de rodajes. En los 80 empezó el declive pero se seguían rodando un buen número de películas incluso unas cuantas superproducciones. Actualmente se hacen muchos videoclips y anuncios de televisión, y de vez en cuando alguna película o serie que aprovechan los decorados y las horas de luz que ofrece Almería. En total se han producido más de 300 películas, en su mayoría westerns.

Tabernas saltó al estrellato gracias al director Sergio Leone, que filmó la mítica trilogía del dólar, protagonizada por Clint Eastwood (“Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo”), así como el clásico “Hasta que llegó su hora”, con Henry Fonda, Charles Bronson, Jason Robards y Claudia Cardinale, como también “Butch Cassidy” (1969), con Paul Newman y Robert Redford, “La pandilla salvaje” (1969), “Perdidos en la noche” (1969), con Dustin Hoffman y Jon Voight , “Erase una vez el Oeste” (1968), con Claudia Cardinale, “Hombre sin nombre” (1963), con Clint Eastwood, “Los héroes de Mesa Verde” (1968),  “Erase una vez en América” (1983) y “Sol rojo”, con Charles Bronson y Toshiro Mifune.  Al margen de películas del Oeste, se han filmado grandes producciones de otras vertientes, nada menos que “Lawrence de Arabia” (ganadora del Oscar en 1962), “Cleopatra” (1963), “Patton” (1970), “Conan el bárbaro” (1982), con Arnold Schwarzenegger,  e “Indiana Jones y la última cruzada” (1989). Leone (1929-1989), romano de nacimiento e hijo de un director italiano de cine mudo y de una actriz de antes del fascismo, siempre intentó revalorizar, desde una óptica de precursora posmodernidad, los mitos tradicionales del cine, reivindicándolos.

A finales de 2013, Ridley Scott rodó en este desierto “Exodus”, película que narra la vida del personaje bíblico de Moisés, interpretado por el actor británico Christian Bale.

Los más importantes directores y actores de Hollywood pisaron el desierto de Tabernas, entre los que se pueden destacar: Steven Spielberg, David Lean, Orson Welles, John Huston, George Lucas, Joseph L. Mankiewicz, John Sturges, Clint Eastwood, Henry Fonda, Burt Lancaster, Richard Burton, Robert Mitchum, Harrison Ford, Sean Connery, Charlton Heston, Yul Brynner, Rex Harrison, Jack Nicholson, Gene Hackman, Charles Bronson, Peter O’Toole, Anthony Quinn, Faye Dunaway, Arnold Schwarzenegger, Rod Steiger, Michael Caine, James Coburn, Raquel Welch, Ursula Andress, y un largo etcétera. Incluso el mítico cantante de The Beatles, John Lennon, protagonizó una película en Tabernas: “Cómo gané la guerra” (1967), de Richard Lester.

En algunas zonas del desierto aún se conservan decorados pertenecientes a algunas películas rodadas aquí, como la fortaleza mexicana construida para “El Cóndor”, cuyos contenidos fueron posteriormente reutilizados para otros rodajes como los de “Una razón para vivir y una para morir” (1972),  con Bud Spencer y Telly Savalas, y “Marchar o morir” (1977),  con Gene Hackman y Terence Hill.

Pisando los mismos lugares de aquellos héroes

Ese 30 de agosto pasado, cansado de ir todos los días a la playa de Torre del Mar, decidí tomarme un relax. En principio, había resuelto lo más hermoso: no hacer nada. Pero enseguida recordé la deuda pendiente con el pueblo donde se filmaron cientos de películas de cowboys, ubicado a un poco más de 150 kilómetros de donde me encontraba. Era una opción fácil, aunque postergada por diferentes motivos. Sabía que iba a tropezar con el territorio más despoblado de Europa y uno de los lugares menos conocidos por los “locos del turismo”. En consecuencia, una fuente hermosa de leyendas, verdades a medias, equívocos y recuerdos de los años felices.

Ese es el mejor espíritu que se puede tener al llegar a Tabernas. Su pueblo de “muchachitos” valientes apegados a la ley, bandidos, malandrines, asesinos a sueldo, vagabundos y los clásicos “buscados”, no ha sido demasiado fotografiado, aunque obviamente sí filmados. Yo no tenía una imagen mental de la real dimensión de ese poblado, sólo el trazo borroso y fantástico de la leyenda, el gigantesco desierto, los avestruces de la meseta, la idea de gente sin raíces, como mis propios antepasados, que habían viajado desde Europa a América.

Cuando traté de armar mi propia imagen, supe que estaba pisando la misma tierra que habían pisado mis héroes de la pantalla: John Wayne, Clint Eastwood, Henry Fonda, Burt Lancaster, Charles Bronson, Peter O’Toole y la bellísima Claudia Cardinale, entre otros. Y eso me emocionó hasta la piel de gallina, recordando los viejos momentos del San Carlos, Italiano, Crystal y Guaraní. Ellos estuvieron allí y ahora… ¡yo también..! En el mismo lugar. ¿No es un sueño?

A esto tendremos que acostumbrarnos extrañar durante los días limitados que nos toquen en la vida; porque si aquellos años felices se murieron, cómo no darnos cuenta que a todos nos llegará el irremediable “The End”. En tal caso, habría que preparar el siguiente epitafio: “Es un honor agradecer los aportes inestimables del cine, sin cuya entrega nuestras vidas hubiesen sido infinitamente más pobres”.

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