Junín. miércoles 13 de diciembre de 2017
Semanario de Junín » Locales » 8 oct 2017

LA SALUD PUBLICA EN ESTADO PARASITARIO

Desidia y muerte en el Hospital Interzonal de Agudos de Junín

El caso del HIGA es el ejemplo más crudo del manejo caudillista de las salud: vivos y negociadores de cintura, inútiles e inservibles cargados de soberbia, y empresarios inescrupulosos. ¿Qué mata más, la corrupción o la inoperancia?


Por:
Redacción Semanario

Mientras los gobiernos pasan, las corporaciones continúan haciendo su juego y nadie tiene la capacidad ni el coraje para tomar decisiones políticas destinadas a meter los cambios que hacen falta en salud pública. Obsecuencia, ventajismo, desidia, corrupción y/o subordinación a las órdenes emanadas desde arriba han caracterizado la gestión de cientos de funcionarios de turno a lo largo de últimos años. Funcionarios, que en su mayoría, nunca se identificaron con la salud pública estatal pero que sí le han rendido pleitesía a las corporaciones privadas de salud.

El primer gran error de los mandatarios, una vez en el poder, es colocar en funciones a gestores con esas “cualidades”: ¿error o acto premeditado?

Si recorremos el mundo civilizado, progresista y de avanzada, veremos hospitales públicos de la más alta vanguardia y calidad científica y tecnológica, donde todos los ciudadanos están bajo un SUS (sistema público de salud), protegidos por una ley nacional, y donde casi no existen las clínicas privadas, obras sociales, mutuales o prepagas.

La incertidumbre, la falta de esperanza y la decadencia durante décadas en el área de salud pública llega a un límite: seguiremos de esta manera o aparecerá el progresismo dentro de esta área de fundamental importancia.

GATOPARDOS

No hay mejor ejemplo actual de “gatopardismo” que el implementado en el área de salud pública desde la década de los 60 hasta hoy. No solo que esta “teoría” ejercida por inescrupulosos funcionarios y directivos ha destruido la salud pública (hoy seguimos viendo sus resultados) sino que infecta de dudas si el lema del Frente Cambiemos que sostiene el actual gobierno realmente es “cambiemos para que nada cambie”.

Después de la primera revolución de salud en Argentina lograda por el médico sanitarista argentino Ramón Carrillo, nunca más esta área avanzó a pasos agigantados en cuanto a un sistema de salud universal y única, progresismo en el área científica y tecnológica de los hospitales y mejoramiento en los recursos humanos de salud.

Es más, todo lo que se fue haciendo, indistintamente del color político de los gobiernos de turno, fue planificado para el deterioro y detrimento de la salud pública.

CÍRCULO MAFIOSO

Miles y miles de médicos independientes sostienen que el gran cáncer de la medicina en territorio bonaerense es la Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires (FEMEBA) que aglomera a los Círculos Médicos y Asociaciones Médicas, entes corporativos civiles que adhieren compulsivamente a los médicos para que puedan cobrar sus honorarios mediante estas asociaciones y así retenerles el 40 por ciento del total de sus ganancias en bonos o prácticas. Es decir, una triada con sospechas de tintes pseudomafiosos (gatopardismo) e innecesaria para el médico autónomo, pero que alimenta a un grupo corporativo cerrado y minúsculo de médicos y empresarios que viven a costilla de la labor de ese médico individual, autónomo o independiente.

La salud en Argentina se regula con una Ley de Salud de año 1964 (gobierno del Dr. Arturo Illia) y modificada en 1967 (gobierno del presidente de facto Onganía), quien además le dio el manejo de las obras sociales a los sindicatos. Una ley desactualizada y que nadie se preocupó en actualizarla.

LOS EJEMPLOS

Un claro ejemplo de “gatopardismo”, con falsos mensajes de reivindicación de derechos de los trabajadores médicos, es la creación del AMRA delegación Junín (Sindicato Médico) dentro del Circulo Médico de Junín. Un sindicato que dice ser público y antigobierno del ingeniero Mauricio Macri (por lo menos eso es lo que venden), pero sabiendo que el Círculo representa a las fuertes corporaciones médicas privadas de Junín.

Otro claro ejemplo de “gatopardismo” es lo que hace IOMA (presionado e influenciado por FEMEBA) al violar su propia ley -artículo 11, no dándole el derecho que poseen los médicos individuales (los que están por fuera de FEMEBA) de cobrar sus honorarios de manera individual (conducta antidemocrática).

En otro aspecto, resulta incomprensible, incongruente y contradictorio que existan leyes de aportes previsionales, laborales y regulatorios para las actividades de las Obras Sociales y Prepagas, pero que no exista una Ley Médica Nacional que regule los deberes, derechos y garantías de los médicos de la actividad pública y privada en todo el país.

La falta de la misma constituye un estado de arbitrariedad y va en detrimento de la labor médica individual, llevando esta situación despareja a acorralar al profesional en su ejercicio legal y libre, creándose situaciones desfavorables o de desventajas en el progreso laboral y en el bienestar psicológico, físico, moral, económico y social, alterándose su calidad de vida personal, familiar, social y laboral.

SALUD PÚBLICA

Estamos no solo ante un sistema perverso, pseudomafioso, gatopardista y opresivo hacia al médico individual por parte de los mismos médicos -y los empresarios de la salud (sistema que proviene de décadas de ignorancia, desidia y omisión premeditada de los funcionarios y dirigentes médicos de turno)-, sino que se nos presenta otra dura realidad pero que sería la solución final a todos los conflictos: la falta de un sistema público único o universal de salud pública en todo el territorio nacional, sistema que impera en los grandes países progresistas y de avanzada.

El estado de abandono o desidia en el área de la salud pública de nuestro país no es actual, sino que proviene de décadas y se ha desarrollado de manera premeditada y planificada desde las sombras por médicos funcionarios, corruptos y obsecuentes, que han operado para las corporaciones privadas de salud.

Al constituir un derecho de estado, la salud pública debería ser una de las áreas de mayor privilegio y de progreso del país. Pero la realidad contrasta con lo expuesto.

MÁS CÓMPLICES

La desidia proviene no solo por parte de las autoridades públicas del estado que no ejercen la calidad de control y gestión correspondiente, sino también por parte de los empleados de la salud que no ejercen los mantenimientos de las áreas correspondientes, de los gremios de salud que fueron obedientes y negociadores negativos con los gobiernos de turno, de las corporaciones de la salud privada que obstaculizan el progreso y avance del sistema público de salud, de la puesta en cargos de la administración pública a funcionarios corruptos, y de la sociedad que no cuida las instalaciones y los recursos de salud. Un combo especial que deja entrever la realidad de la salud pública en nuestro país.

Los grandes actos de corrupción de políticos y funcionarios en las obras sociales del estado durante décadas (defraudación, estafas, asociaciones ilícitas, falta de control de prestaciones, sobreprestaciones, usando obras sociales del Estado con el dinero público, enriquecimiento ilícito de funcionarios de la salud, etc.), las acciones de violencia verbal y física a los médicos de guardias públicas, la denigración del trabajo médico, los actos de burocracias administrativas, los bajos sueldos y el trabajo esclavo, gremios médicos con posturas arbitrarias perdiendo seriedad o credibilidad en sus luchas y conquistas, la falta al derecho de inscripción individual de los médicos por parte de las obras sociales, mutuales y prepagas para el cobro de sus honorarios, las estructuras mafiosas enquistadas en muchas instituciones de salud, los hospitales deteriorados ediliciamente, y la falta de insumos, capital humano y de aparatología de avanzada en muchos nosocomios del país, hace que se deba replantear el sistema de salud pública actual.

Es necesario, entonces, un giro histórico de 180 grados en esta área de fundamental importancia en los derechos de todos los ciudadanos.

DERECHO DE TODOS

El servicio público de salud es el derecho que deben tener todos los ciudadanos que habitan el territorio argentino para el acceso a un conjunto ordenado de normas –reglas o principios- y procedimientos que regulan la atención primaria y no primaria en el área de la salud; y que debe depender del gobierno nacional, que es el encargado de establecer las directrices de la organización y financiamiento del mismo.

Este SPNS debe basarse en los principios de universalidad, equidad, gratuidad, participación, solidaridad, efectividad, integración social, transectorialidad, pertinencia cultural y lingüística, y corresponsabilidad y efectividad social; y deberán tener acceso al mismo todo ciudadano que habite el territorio nacional sea argentino nativo o nacionalizado sin distinción de edad, raza o religión.

Se trata de la solución definitiva para brindar a todo ciudadano el derecho al acceso a la atención de la salud en cualquier sitio del territorio nacional cuando así lo necesite y dar soluciones para la promoción, asistencia y rehabilitación de las enfermedades que prevalecen en la población; permite también equipar a los centros de salud hospitalarios de todo el capital humano, insumos y capital tecnológico necesario para la óptima atención de la población permitiendo que los hospitales y centros de salud funciones en red para una rápida atención, diagnóstico, tratamiento y/o derivación de los pacientes.

El SPNS logra organizar, estructurar, coordinar y universalizar el sistema de salud a nivel nacional, haciendo de la misma un sistema ágil y rápido de diagnóstico y de atención; trata de jerarquizar a los Hospitales, transformarlos en Universitarios y en centros de investigación y avanzada, y hace una medicina más social y humana ya que el acceso a la salud es un derecho, y es el deber del Estado brindarla a toda la población.

EL HIGA JUNIN: ¿CAMBIEMOS?

En la administración pública, una de las principales funciones que tiene un funcionario jerárquico es la de tomar decisiones y gestionar. Decir que es buena persona y buen funcionario pero inepto, es como decir que es obsecuente, subordinado o cómplice. Por lo tanto, es como tratar de avanzar empujando un carro cargado de piedras y en subida: mucho esfuerzo y desgaste para no lograr el objetivo.

Una de las señales que se está observando en el gobierno de Cambiemos es la de terminar con los viejos caudillos políticos y poner en funciones a gestionadores de la administración pública. Aprovechando la triada de alineación gobierno nacional, provincial y municipal, tratan de colocar a simples subordinados de la administración que, como soldados rasos, esperan la orden de sus superiores para actuar, sin poder tomar decisiones de autogestionadores, sabiendo desde ya la magnitud de los cargos y los rangos que ocupan.

Pablo Petrecca ha logrado aceitar este sistema. No sólo su rostro denota humildad, esmero y perseverancia, sino que ha acumulado tolerancia para sostener en el tiempo todas las cualidades que caracterizan la paciencia de un guerrero. No hay nada que lo doble o que lo quiebre. Hoy, todo funcionario municipal, provincial o nacional que ejerza en el Partido de Junín, debe consultarlo.

Como dijimos, el caso del Hospital Interzonal General de Agudos “Abraham Piñeyro” de Junín es el ejemplo más cercano de ese manejo caudillista: algunos vivos y negociadores de cintura, otro inútiles e inservibles pero cargados de soberbia; y otros lisa y llanamente corruptos. Cuando llegó Cambiemos, rompió con ese esquema, tratando de colocar gestionadores.

Y el delfín Pablo Petrecca, como nuevo director técnico, definió a sus jugadores: la doctora Alicia Ramallo (durante la campaña concurría a la Fundación Pensar y es miembro del AMRA/Círculo Médico); la doctora Patricia Barisich (puesta por la corporación del Círculo y Colegio Médico) y la licenciada Cecilia Benedetti (fogoneada por CICOP). Las tres, desde ya, no pueden gestionar nada sin pasar por el despacho del jefe comunal, lo mismo que la proteccionista Luciana Gómez Panizza en PAMI.

Petrecca no es médico y no trabaja como empleado de la salud pública con un mísero sueldo. Pero así como hasta al mejor cazador se le escapa la libre, el Intendente no se percata de la inoperancia de la actual dirección del HIGA Junín.

En este marco, el HIGA Junín no cuenta hoy con infectólogos (el único que tenía Región Sanitaria III, doctor Fabián Rodríguez), quien tenía a cargo a más de 700 pacientes infectológicos con seguimientos y tratamientos estrictos, en una área de la medicina muy sensible. Se llega a este punto debido a que la dirección del HIGA Junín le dio el pase o traslado al Hospital de General Pacheco sin haberse primero asegurado de conseguir otro especialista que lo reemplace en sus funciones. La consecuencia: cinco pacientes fallecieron en las últimas semanas debido a las complicaciones de sus enfermedades, y como consecuencia de la falta de seguimientos y tratamientos estrictos.

Por eso, la pregunta es: ¿qué mata más, la corrupción o la inoperancia?

El gatopardismo

“El gatopardo” (en italiano: Il Gattopardo) es una novela italiana que fue escrita por Giusseppe Tomasi di Lampedusa entre 1954 y 1957, que narra las vivencias de Don Fabricio Corbera (Príncipe de Salina) y de su familia entre 1860 y 1910 en Sicilia. En mayo de 1860, tras el desembarco de Garibaldi en Sicilia (en la unificación italiana) Don Fabricio asiste con melancolía al final de una época, y la aristocracia representada por el mismo comprende que el final de su supremacía se acerca. Don Fabricio se indigna al saber que su sobrino Tancredi Falconeri, a pesar de haber combatido con Garibaldi, es bastante oportunista como para intentar aprovecharse de la situación y adaptarse al nuevo sistema político.

No obstante, el Príncipe Fabrizio se tranquiliza al notar que al menos su sobrino no será reducido a la insignificancia política y social. Tancredi declara a su tío Fabrizio la famosa frase: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

Y esta frase simboliza la capacidad de los sicilianos para adaptarse a lo largo de la historia a los distintos gobernantes de la isla, pero también la intención de la aristocracia de aceptar la revolución unificadora para poder conservar su influencia y poder.

Desde entonces, en las ciencias políticas, se suele llamar “gatopardista” al político, dirigente o funcionario que dice hacer una transformación política que aparenta ser revolucionaria pero que en la práctica solo altera las partes superficiales del poder, y conserva intencionadamente el elemento esencial de estas estructuras: el poder, la dominación y el tráfico de influencias.

 

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