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Semanario de Junín » Locales » 7 oct 2017

empresa estatal

Nostalgias del pasado reciente: el hermoso recuerdo de la Unión Telefónica juninense

Una de las tantas legitimas fuentes de trabajo que se perdieron en el ámbito local, por culpa de las privatizaciones de los 90. Hoy la empresa está en manos de un grupo español, con muchos negocios en el país.


Por:
ISMAEL CANAPARO

La reciente muerte de María Julia Alsogaray volvió a reactivar, como si hiciera falta, los ingratos recuerdos que despierta su sólo nombre, no ya para una porción importante de los trabajadores juninenses, sino para todo el conglomerado del país.

Un pequeño trazo de la historia reciente. En 1990, durante la presidencia de Carlos Saúl Méndez, María Julia fue designada interventora de la empresa estatal de teléfonos ENTel. Allí hizo estragos: incrementó el valor de las tarifas telefónicas de manera abrupta. El 7 de febrero de 1990 el aumento fue del 112%, elevándose a más del 300% a fines del mismo mes. Pero no paró: puesta para “privatizar” la compañía (eufemismo que pretendió disfrazar su virtual liquidación), dejó en la calle a 45.000 trabajadores.

Igual “tarea” realizó después La Juli en la siderúrgica SOMISA (Sociedad Mixta Siderurgia Argentina). La planta se inauguró en 1960 durante el gobierno de Arturo Frondizi. Para diciembre de 1991, fecha de su privatización, la planta sumaba 11.600 empleados y la empresa se ubicaba entre las de mayor facturación anual del país, era la principal productora de acero a nivel nacional y también tenía una presencia importante en la fabricación de bienes finales. Hoy gira bajo la órbita del grupo Techint.

Por aquellos años 90, en el Congreso, muchos de los que ocuparon importantes cargos en el anterior Gobierno, levantaron las dos manos para aprobar la “revolución productiva” de Menem, un verdadero genocida del trabajo, que terminó no solamente con ENTel, sino también con los Ferrocarriles, Aerolíneas Argentinas, YPF, Gas del Estado, Yacimientos Carboníferos Fiscales, SEGBA, Agua y Energía Eléctrica, Subterráneos de Buenos Aires, Hidronor, Junta Nacional de Granos, Banco Hipotecario Nacional, la empresa naviera ELMA, ENCOTEL, Obras Sanitarias, SOMISA, Altos Hornos Zapla, Petroquímica Bahía Blanca, Petroquímica General Mosconi y varias empresas más.

La vieja central de Junín. Cómo no recordar, entre tantos despojos que quedaron en el camino, la añeja Unión Telefónica de Junín, que nació prácticamente con el pueblo mismo. Con escasas líneas en una ciudad incipiente, la actividad se desarrolló durante muchísimos años, siempre con mano de obra local. Eran tiempos en los cuales la solicitud de un aparato podía demorar entre uno y cinco años, siendo un poco optimistas. Los profesionales y los comerciantes solían tener preferencias, aunque también accedían al servicio algunos “acomodados” con aquellos que decidían. Sin embargo, no abundaban las nuevas colocaciones, simplemente por razones de una tecnología en estado vegetativo.

Esa vieja central estuvo ubicada durante largas décadas en la avenida Rivadavia 80, el mismo sitio que hoy ocupa, con edificio modernizado, la Municipalidad de Junín. Más tarde, en 1971, se trasladó al actual espacio de la calle General Paz, casi Hipólito Yrigoyen.

En aquellas épocas, donde todo era para siempre (el trabajo, la amistad, la honradez y el matrimonio, entre otras cosas que se fueron perdiendo), ¿quién no acudió a la oficina comercial para hacer un llamado de larga distancia? Al citar esto, uno no puede dejar de nombrar a uno de los jefes de la mesa de entrada, Héctor Giannini (El Cholo, para sus familiares y amigos), que se caracterizaba por su eficiencia y el agradable trato con la gente. Había que anotarse y con suerte le podía tocar una hora para un simple llamado a la Capital Federal o quizá dos o tres para el interior del país. Los operadores hacían lo que podían porque, en la mayoría de los casos, la probable inmediatez dependía de otras centrales, no del esfuerzo de ellos.

La espera solía matizarse con un café en Los Mandarines y las charlas de ocasión con los amigos o con los hermanos Sauco, mozos de la emblemática esquina, la más juninense de todas. Nadie se iba sin concretar el llamado y sin la edición vespertina de “La Razón”, que por entonces se vendía como pan caliente en nuestras tardecitas/noches.

El gran trabajo de los operadores ocurrió a raíz de la guerra con Gran Bretaña por las Islas Malvinas, entre abril y mayo de 1982. Los familiares de los soldados juninenses y de la zona que tomaron parte de la contienda bélica, no cejaban en su empeño de lograr el contacto con los seres queridos. En tal sentido, los telefónicos ejercían verdaderos malabarismos para complacer las lógicas apetencias de ese círculo sufriente y desesperado.

En horas nocturnas, la telefónica local se nutría con trabajadores de “medio turno” (de una a cuatro horas), los que durante el día prestaban servicios en otras dependencias públicas, como ferrocarriles, bancos, hospitales, correos, rentas, impositiva, etc. Algunos nombres de aquellos pioneros del discado y la comunicación: Ernesto Faroppa, Cirona, Lalo Rasia e hijo, Urosevich, Racero, Elías, Larocca, Talia, Menéndez, Igartua, Alvarez, Cerro, Mendoza, Gadán, Giannini, Lavallén, Barrocal, Barri, Descarga, Ricasoli, Ismael Rasso, Raza Casas, Balbi, Casciero, Di Pierro, Maimone, Polito, Mario Poratto, Pozo, Luberriaga, Otero, Russo, Conde, Tesoro y Correa, entre otros.

Hoy, a muchos años de extinguida esa noble faceta laboral, esos mismos operadores suelen reunirse periódicamente en sabrosas tenidas gastronómicas, como muestra de amistad y compañerismo, tiempo que utilizan para recordar anécdotas y momentos compartidos, los lindos y también los otros. En ese marco, Lalo Rasia, Hugo Cerruti y Juan Roldán tienen en Picasso la sede del café tradicional, que comparten casi a diario, como un homenaje a la nostalgia y a los viejos tiempos.

El primer teléfono

El 4 de agosto de 1881 se instaló el primer teléfono del país, en la residencia del entonces ministro de Relaciones Exteriores Bernardo de Irigoyen. El mismo día se instalaron también otros aparatos en las residencias del presidente de la Nación, Julio Argentino Roca, en la calle Rivadavia 1783; del presidente de la Municipalidad de Buenos Aires, Marcelo Torcuato de Alvear; del Ministro de Guerra y Marina, general Benjamín Victorica, y en instituciones como la Sociedad Rural, el Club del Progreso y el Jockey Club.

En 1882, la Société du Pantéléphone L. De Locht et Cie y la Compañía Telefónica del Río de la Plata se fusionaron. La Unión Telefónica del Río de la Plata (UT), con 6000 abonados iniciales en 1886, prestó servicios telefónicos en la Argentina bajo administración inglesa durante 43 años, hasta 1929, cuando pasó a manos estadounidenses al ser adquirida por la International Telephone and Telegraph company (ITT). La UT contaba entonces con 195.000 teléfonos instalados.

En 1889 se tendió, a través del Río de la Plata, un cable telefónico subfluvial entre las localidades de Punta Lara (Argentina) y Colonia del Sacramento (Uruguay), siendo ésta la primera conexión telefónica subacuática del mundo.

Distintos tipos de comunicación fueron llevados a cabo desde sus inicios en el país. Desde 1913 en Córdoba y 1915 en Rosario, comenzó a regir la conmutación automática, no siendo indispensable, para comunicaciones urbanas, la necesidad de una operadora que desviase la comunicación.

Los años 20 marcaron el inicio de la militancia gremial en el sector de la telefónica, con la formación de los primeros sindicatos para contrarrestar el férreo control patronal. La primera central automática Strowger se instaló en Córdoba, en 1914, con un equipo para 2000 líneas. Para 1925, la Argentina ya poseía el 45% de todas las líneas que disponía Latinoamérica.

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