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Semanario de Junín » Cultura » 14 oct 2017

CREADORA DE UN ESTILO MESURADO

¡Qué lindo cantaba Mercedes Simone…!

Escucharla ahora a tantos años del cenit de su carrera, es un homenaje a la nostalgia, a cierta manera de pensar el tango o de colocar la voz e, incluso, de pronunciar las palabras. De cualquier manera, está claro que lo suyo vale como el maravilloso testimonio de una época irrepetible. Fue una de las más grandes.


Por:
ISMAEL CANAPARO

La nostalgia es un silencio poblado de ecos, tristeza, alegría y soledad. Todo junto, todo a la vez. Volver a escuchar a Mercedes Simone, ya sea a través del disco o de canciones que se pueden encontrar con un simple clic en YouTube, es un bellísimo retorno casi al mismo nacimiento del tango. En “Será una noche”, bellísima versión de Manuel Ferradás Campos y José Tinelli, “La Negra” te hace sentir como si uno estuviera ahogando un lamento y, a la vez, moliendo esperanzas. Y cuando se termina, la sensación es de pesadumbre como un adiós. Para aquellos que quieran apreciar su voz, no tendrán demasiados problemas para concretar ese deseo, gracias a la moderna tecnología. Es que el talento siempre vence al tiempo.

“La Dama del Tango”, así se conocía a Mercedes Simone, nació el 21 de abril de 1904 en Villa Elisa, localidad del partido de La Plata. Falleció el 2 de octubre de 1990, en Buenos Aires. Fue, para muchos entendidos, una de las más brillantes cantantes del género durante la época de oro, además de actriz y compositora. Dueña de un incomparable fraseo y una prolija dicción, enseguida conquistó al gran público y se transformó en la voz femenina preferida.

Creció y se educó en el colegio “La Sagrada Familia” de La Plata, donde integró el coro de alumnas y se destacó como solista. Siendo joven, conoció a Pablo Rodríguez, guitarrista y cantor, con quien se casó y tuvieron dos hijos, Dora Matilde y Óscar Alberto. Junto a su esposo debutó en 1923 en Bahía Blanca, con un repertorio de canciones criollas. En 1926 llegó a Buenos Aires para actuar en el teatro Opera, secundada por dos guitarristas, uno de ellos su marido, integrando la compañía de revistas de Julio Escobar. De inmediato logró un lugar preferente en el palco del Café Nacional, compartiendo las veladas con la orquesta de Ernesto de la Cruz, autor de “El ciruja”.

En 1928, se incorporó a la radiofonía nacional. Radio Splendid fue la primera emisora en contratarla. Luego,  Jaime Yankelevich la llamó para Radio Belgrano. También participó en Radio El Mundo y Radio Argentina. A partir de ese momento, su carrera fue ascendente. Recibió ofertas de contratos para teatros de categoría como El Florida, El Empire y Teatro El Nacional, sucesos que la obligaron a irse de Villa Elisa y mudarse con su familia a Buenos Aires.

Escuchar hoy a Simone significa darse cuenta que el tango que ella interpretaba no pasó de moda.  Su encanto parece durar para siempre. Se hicieron cosas nuevas, sí, dentro de un gran desafío. Sin embargo, es muy difícil superar lo que se concretó durante gran parte del siglo pasado. El techo del género es altísimo. Lo es también el piso. Es necesario que las nuevas generaciones puedan darle visión moderna a esa enorme cantidad de música y poesía que existe hoy en estado virgen, aunque convengamos que no tiene sentido componer por componer. Los grandes referentes tardaron en escribir los éxitos mayúsculos que conocemos, a diferencia de otros que lo intentaron, pero sin conocer el lenguaje. Mercedes habló el idioma del tango que aún perdura.

Según el periodista Julio Nudler, “Simone perteneció a la rica generación de cancionistas surgidas a mediados de los años 20, un grupo jamás emulado que señaló el comienzo de la historia de la mujer en el tango. Relativamente para la misma época surgieron cantantes como Azucena Maizani, Rosita Quiroga, Libertad Lamarque, Ada Falcón y otras, con tesituras muy diferentes. De entre todas ellas, Simone se distinguió como la más universalmente tanguera. Con su equilibrio, su registro de mezzo-soprano, su ritmo lento y su perfecta dicción adquirió las dimensiones de un modelo. Fue, para muchos, la más importante voz femenina que dio el tango, o al menos la más representativa y ecléctica. Lamentablemente, su discografía es relativamente escasa, al menos en relación a su trascendencia, agravado esto por la irregular calidad de su repertorio, en el que mezcló el tango, la milonga y el vals porteño con diversos géneros campestres o exóticos, vinculados a su proyección continental. Su apogeo se situó en las décadas del 30 y del 40. Principal destinataria de su arte era la amplia clase media urbana, a la que brindaba su estilo emocional pero refinadamente contenido. Concordantemente, rehuyó el repertorio lunfardo (argot de Buenos Aires) y cultivó un romanticismo ingenuo”.

Participó como una de las principales figuras en las siguientes películas: “¡Tango!” (1933), junto a Pepe Arias, Tita Merello, Azucena Maizani, Carlos Gardel, Rosita Quiroga, Libertad Lamarque y Alberto Gómez, y  los cómicos Luis Sandrini y Pepe Arias, con música de Juan de Dios Filiberto; “Sombras porteñas” (1936), junto a Maruja Gil Quesada, Francisco Petrone y Alberto Anchart, como música de Pedro Maffia y Sebastián Piana; “La vuelta de Rocha” (1937), acompañando a Pedro Maratea, Tito Lusiardo, Alicia Barrié, Marcos Caplán y Hugo del Carril, con música de Miguel Caló; “Ambición” (1939), con Floren Delbene, Fanny Navarro y Anchart, y música de Rodolfo Sciammarella y “La otra y yo” (1949), junto a Amelia Bence, Enrique Alvarez Diosdado y Fernando Lamas.

Durante un recital que dio años atrás Luis Eduardo Aute en el ND Ateneo, quien esto escribe tuvo oportunidad de charlar algunos minutos con otra gran seguidora del fantástico filipino/español: Susana Rinaldi. Entre otras cosas del momento, se me ocurrió preguntarle a “La Tana” sobre la cantante de tango que más admiraba. Me respondió sin vacilaciones: “Mercedes Simone. Era grandiosa. Inigualable. Hay un tema suyo, “Cuando tú te alejes”, que me llega al alma”.

El poeta Horacio Ferrer definió las cualidades artísticas de Mercedes Simone como “una voz consular entre las intérpretes femeninas del tango. Creadora de un estilo inconfundible, profundo, musicalmente caracterizado por sus frecuentes portamentos y temperamentalmente definido por su gran comunicatividad y su sentido dramático de la versión  vocal para el que cobró significativa importancia su gran belleza criolla. Su ductilidad le permitió abarcar con idéntica calidad las más disímiles cuerdas poéticas y musicales del tango: lo cómico en “Chorra”, lo descriptivo en “Del suburbio”, lo evocativo en “Tiempos viejos”, lo melódico en “Claudinette”, lo canyengue en “Yo soy la milonguera”. Veinte años antes que Edmundo Rivero y en labor precursora paralela a la de éste entre los cantores, abrió para las cancionistas la brecha de las voces de baja timbradura, proyectada luego en las modalidades de Margarita Silvestre, Nelly Omar, Alba Solís y Susana Rinaldi, entre otras”. 

Entre sus versiones antológicas, se destacan: “La marcha nupcial” y “Milonga sentimental” (1932); “La última cita”, “Mía” y “Cuatro palabras” (1933); “Esta noche me disfrazo” y “Esquinas porteñas” (1934); “Será una noche” y el vals “Náufrago” (1936); “Milonga triste” (1937); “Abandono”, “Caricias”, “Carnaval de mi barrio”, “Vieja amiga” y “Media vida” (1938); “Claudinette” (1942); “Barrio de tango” y “Garúa” (1943), y “Cada día te extraño más”, “Verdemar”, “Motivo sentimental” y “Otra noche” (1944). Simone fue acompañada en sus grabaciones, y en diversas emisiones radiales, por integrantes de la Orquesta Típica Víctor, por el Trío Típico dirigido por Sebastián Piana, por la orquesta de Juan Carlos Cambón, por la agrupación de Cristóbal Herreros, en Colombia, y por la orquesta de Emilio Brameri.

Su actuación en Junín, acompañada por un juninense

En pleno éxito de su carrera, Mercedes Simone cantó en Junín en una inolvidable noche de verano, ubicada en la primera quincena de enero de 1942. Lo hizo en las kermeses que organizaba por aquella época el Club A. Rivadavia, en su escenario de Juan B. Justo y General Paz. “La Dama del tango” tocó acompañada por el  cuarteto típico “Los Ases”, dirigido por un juninense: Juan Carlos Darío Cambón (pianista, compositor, director y actor de radio, cine y televisión) y que integraban también Jorge Sara (bandoneón), Héctor Demattei y Oscar Raeli (violines).

El suceso de Mercedes era tan extraordinario por aquellos años, que tres revistas dedicadas al tango llegaron a Junín para graficar el acontecimiento: “El alma que canta”, “El canta claro” y “Cantando”. Desde aquí, la gira de “La Negra” prosiguió con presentaciones en Azul, Olavarría, Tandil, Tres Arroyos y Bahía Blanca.

El director del cuarteto, Juan Carlos Cambón, nació en Junín el 24 de enero de 1912 y murió en Buenos Aires el 20 de junio de 1955, víctima de una cruel enfermedad, cuando tenía apenas 44 años. Poco tiempo después abandonó la música y se dedicó al cine, al teatro y a la televisión, donde su característica de extrema delgadez y su rostro desnutrido,  lo favorecieron enormemente en sus interpretaciones.  Fue uno de  “Los Cinco Grandes del Buen Humor”, aquel recordado grupo cómico que completaban Jorge Luz, Zelmar Gueñol, Rafael Carret y Guillermo Rico, con quienes llegó a filmar varias películas, junto con Jorge Luz, Zelmar Gueñol, Rafael Carret y Guillermo Rico: “El fabricante de estrellas” (1943), “Imitaciones peligrosas” (1948), “Cinco grandes y una chica” (1950), “Fantasmas asustados” (1951),“Locuras, tiros y mambo” (1951),“La patrulla chiflada” (1952),“Vigilantes y ladrones” (1952),“Trompada 45” (1953),“Desalmados en pena” (1954) y “Veraneo en Mar del Plata” (1954).

“El Flaco”, como músico, compuso famosos tangos: “Junto al piano”, “El pangaré”, “Tus ojos me embelesan”, “Entrada prohibida”, “Flor de fango”, “Ivette”, “Tu mirada es un pensamiento”, “El chiflao”, “Invernal  (vals), “Siete palabras”, “Julián”, “Tinta china”, “El talar”, “De vuelta al bulín”, “La sirena” y “Martín”.

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