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Semanario de Junín » Deportes » 8 nov 2017

8 de noviembre 1980

¿Por qué desde 1980 para acá no ha vuelto a recuperarse la mística Verde?

Hoy se cumplen 37 años del primer ascenso de Sarmiento a Primera.


Por:
Redacción Semanario

Olvidada en el tiempo, o reservada  en algunas memorias privilegiadas y testigos de aquella época gloriosa, los nostálgicos recuerdan esos años con profunda emoción. Que se ha perdido o recuperados ‘de a ratitos’, cuando las visitas de Boca o River en la última experiencia en Primera División. Salvo estas excepciones, nunca el Eva Perón recuperó aquellas imágenes.

Conforme avanzó el profesionalismo, la gente fue alejándose de las canchas. Con dispositivos varios para ver, desde la comodidad del hogar, más de uno prefirió seguir los noventa minutos de juego con un trago en la mano y el baño a pocos metros que sentir el olor al chori más rico del mundo.

Según sus propios dirigentes, hoy Sarmiento debe rondar los 4 mil socios. Poquito para aspiraciones deportivas con ambiciones. Y ése es el gran fracaso. Que incluye a los dirigentes que han hecho tanto por el crecimiento del club: no lograron reeditar la mística de los 80 y contagiar a otros miles para acompañar grandes gestas.

Exceso de deportes de alto nivel, bolsillos flacos, hinchas “doble camiseta”… son algunas de las debilidades que debe afrontar el club para torcer la historia.

La nueva etapa promete seguir con el mismo ímpetu con el que terminó la pasada gestión. El futuro predio que albergará al menos once canchas de fútbol con todas las comodidades como gimnasio, confitería y anexos, augura un crecimiento sostenido. Patricio Hernández, que está cumpliendo una excelente labor al frente del fútbol de reserva, ha manifestado que con Chiófalo ha encontrado el modelo de dirigente que a él le gusta: “habla poco y hace mucho”.

Pero está claro que el nuevo desafío no es institucional, sino deportivo. Constituir un equipo sólido, a gusto de la historia de Sarmiento, de aquella que con muchísimo menos infraestructura que ahora logró tener jugadores de buen pie, de la ciudad, que costaban mucho menos y rendían mucho más. Con una dirigencia apasionada pero muy lejos del profesionalismo de la actual, aquellos jugadores y cuerpos técnicos se las ingeniaron para  destacarse en un fútbol tan –o más- complicado que el actual. ¿O los poderosos no lo eran entonces?

Claro que con esos  modelos, el de “hipotequemos el club en pos del resultado deportivo”, así les fue. El banco en calle Lebensohn es testigo de una gloria que supo ser patrimonio sarmientista.

Será este torneo una nueva oportunidad para aprender de los errores cometidos. Porque un descenso es la muestra más cruda de que algo salió mal. Jugadores sin compromiso, refuerzos que jamás sumaron. Aunque queda un soplo de esperanza: esos  chicos que saltaron de la reserva a la primera como si hiciera tiempo jugaran en la categoría, son una esperanza y un futuro. No es bueno usarlos sin la dosis justa de maduración, pero tampoco sólo cuando las papas queman.

Que el salto institucional le dé lugar al deportivo. La maduración ha llegado y debe quedarse.

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