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Semanario de Junín » Locales » 10 nov 2017

SECTOR AGROPECUARIO EN CRISIS

El silencio de los obsecuentes

El aumento del inmobiliario, la demora en la ayuda a los inundados, la impudicia en el costo de los fletes, las economías regionales que no arrancan y el ingreso de productos importados son algunos de los males que se abaten sobre el sector agropecuario a pocos días de haberle dado al gobierno un rotundo espaldarazo en las urnas. Etchevehere es sólo una foto.


Por:
OMAR MERAGLIA

Hay un análisis conciso, aunque bastante bipolar, respecto a la situación que viven los productores y dirigentes agropecuarios: “Hoy te voto, mañana te puteo”, y viceversa.

Desde estas páginas advertimos desde el inicio de los tiempos macristas que la “alegría” campera estaba construida por un cambio en el relato, en este caso elaborado por Durán Barba y sus muchachos, y que al decir del legendario general “los mejores días fueron y serán peronistas” ya que los buenos tiempos para el agro de las presidencias del esporádico Eduardo Duhalde y luego Néstor Kirchner no se repetirán -al menos- en el corto plazo.

Eso sí fue lluvia de inversiones y llegada de divisas, pero para que el sector rural pudiera arribar a ese estado de “superbienestar” hubo que pasar por momentos caóticos en la economía, que afectaron enormemente a otros sectores.

El inicio del siglo trajo de la mano el fuerte consumo asiático y el crecimiento global generalizado y la posibilidad de vender alimentos al mundo, lo cual hicimos con eficiencia, aunque agarrando la platita a cambio de entregar el ambiente… pero eso es harina de otro costal.

El principio del fin llegó en 2008, con crisis económica a nivel planetario y enfrentamientos políticos a nivel nacional.

A partir de ahí, todo mal. Lo que resultó aún peor fue que el sector agropecuario, en lugar de debatir puertas adentro para encontrar fortalezas en un nuevo escenario, le hizo el juego a la oposición de aquel entonces (hoy gobernantes) y empezó a pelear por intereses más ajenos que propios.

Entonces hoy, la dirigencia en su mayoría guarda silencio por obsecuencia, mientras los productores son meros espectadores de una situación a la que nadie aún le pone nombre, pero se palpa como una profunda crisis que no tiene soluciones a la vista.

Argentina ha dejado de ser la vidriera frente a la cual se paraban los consumidores de alimentos mundiales. Ahora aquellos clientes aprecian otros mercados o producen ellos mismos su comida y, además, no compran tanto como antes. Peor aún, la gestión gubernamental actual permite el ingreso masivo de productos primarios desde otras latitudes.

Y como si fuera poco, lo que antes se corregía a nivel nacional con una devaluación, ahora no sería suficiente ya que la falta de compradores y la diversidad de mercados no nos favorecen.

MINISTROS AMIGOS

Políticamente tampoco se tejen buenas iniciativas, de hecho el nombramiento de Luis Etchevehere en lugar de Ricardo Buryaile a la cabeza del Ministerio de Agroindustria no es más que un “enroque de compromisos” pensando en el cuidado de los negocios empresariales antes que en la ruralidad y su gente.

El ahora ex presidente de la Sociedad Rural Argentina sólo cuenta con ambición, lo cual sirve de poco a la hora de buscar soluciones a los problemas políticos y sociales del sector.

De los últimos presidentes de la señera entidad es el que menos ha demostrado en cuanto a capacidad dirigencial, por lo que poco se puede esperar acerca de su impronta como funcionario, la cual seguramente sólo será la de consentir las medidas que lleguen desde más arriba.

Confeso amigo del Presidente de la Nación no hace más que acrecentar este club social en el que se transformó el ministerio desde la llegada de Buryaile y con el advenimiento de muchos dirigentes agrarios que pasaron del reclamo rutero al silencio cómplice.

Sin embargo, la paciencia tiene límites y desde las segundas líneas de las entidades empiezan a escucharse los reclamos que deberán tener voz sonora, caso contrario sólo queda seguir transitando hacia el precipicio.

Es de esperar que las entidades nucleadas en Confederaciones Rurales Argentina (CRA) y, por caso, la bonaerense Carbap (Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa), tengan ahora mayor poder de acción crítica que cuando estaba como titular de Agroindustria quien fuera alguna vez (Buryaile) vice de CRA.

COMO PARA HACER DULCE

A todo este cúmulo de problemas, debemos sumarle la ambiciosa torpeza de los gobernantes de cabotaje, como María Eugenia Vidal.

En ese sentido, el anunciado incremento del inmobiliario rural promovido por la mandataria que hace unas semanas pedía acompañamiento electoral para seguir cambiando, demuestra la carencia de ideas y poco “cambio” ya que cuando este gobierno no tiene recursos no se le cae una novedosa idea de la cabeza y apela –como todos- a la suba de impuestos.

Y vemos la misma película una y mil veces cuando recordamos que aquel legendario presidente de la Federación Agraria Argentina, Humberto Volando, llamaba a una “rebelión fiscal” en los años ’90 debido a la carga impositiva que le imprimía el menemismo al campo, a pesar de que en esos tiempos había “retenciones cero”.

Lo más llamativo, en este caso, es que los distritos agropecuarios de la provincia de Buenos Aires apoyaron masivamente las medidas implementadas durante dos años por este gobierno, lo cual fue demostrado claramente en la última elección de hace sólo unos días.

O sea que no se trata sólo de creer en promesas de campaña de un partido que nunca llegó al poder, sino que se debe presumir que se votó en forma consciente un modelo de gobierno que está vigente desde hace casi 24 meses.

Y si bien las economías regionales sufren inconvenientes, y que más allá de las inundaciones los tambos siguen cerrando la tranquera debido a las ineficientes políticas en su favor, no resulta menos cierto que la agricultura, con la soja y el maíz como mascarones de proa del desarrollo de las comunidades rurales pampeanas, hoy no rinden lo esperado siquiera para aquellos que no tienen el lote empantanado.

Más allá de los ejemplos dados vale tener en cuenta la incidencia del flete en la rentabilidad agrícola producto de los sucesivos aumentos del combustible y la carrera inflacionaria.

Calculadora en mano, desde la Bolsa de Comercio de Rosario señalaron que el flete camionero para un productor de soja insume 93 dólares por hectárea, en un campo ubicado dentro de la zona núcleo, a 150 kilómetros de Rosario.

En distancias más largas, como en el caso de un predio localizado a 700 km del Gran Rosario, esa erogación asciende a 117 dólares por hectárea.

El informe especifica que la situación claramente se vuelve más problemática si se tienen en cuenta las distancias más largas, por ejemplo a 1150 km del puerto, donde el gasto de flete total llega a 141 dólares por hectárea.

Esta característica termina convirtiéndose en un pilar clave para la pérdida de competitividad de los productores argentinos, sobre todo los del norte del país, que al compararlo (la erogación total en flete camionero) con el ingreso bruto del productor (rinde por precio a cosecha), se evidencia que en el campo a 150 Km de Rosario el flete representa el 9% de los ingresos brutos totales.

Esa cifra se eleva a un 16% en el caso del productor localizado a 700 km de Rosario y a un 21% para el que trabaja a 1150 km de las terminales rosarinas. "Como vemos, el peso del flete del que trabaja por ejemplo en Joaquín V. González (provincia de Salta) más que duplica al que registra un productor a 150 km de Rosario", destaca el informe.

También se grafica la comparación entre el gasto en flete camionero con el margen neto en campo propio (luego de pagar todos los impuestos): en el caso del campo a 150 Km de Rosario, el flete representa el 30% de dicho margen neto, valor que sube a un 92% en el caso del productor localizado a 700 km de Rosario y a un 177% para el que trabaja a 1150 km de las terminales rosarinas.

"El productor de Salta pagaría 141 dólares por hectárea en flete camionero y obtendría, luego de pagar impuestos, apenas 79 dólares por hectárea de margen neto. Con todos los riesgos que implica producir, percibiría 79 dólares por hectárea de utilidad neta final y pagaría cerca de 141 dólares por hectárea de flete. Son cifras importantes. Los productores del norte, por lo general, suplen los menores márgenes sembrando mayores superficies que en la zona núcleo".

De este modo en muchos casos la renta obtenida es prácticamente nula y según las contingencias enfrentadas,  en algunos casos, hasta podría ser negativa.

DATOS CRA

Desde Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) estiman que el sector agropecuario, debido al nuevo aumento de combustibles, recibirá en conjunto para la actual campaña un impacto de 4.750 millones de pesos adicionales a los ya recibidos en el aumento de julio del presente.

Señalaron que “desde diciembre del 2016 a la fecha el diésel promedio acumula un 23% de incremento en su precio, con estos guarismos el sector está haciendo frente a un gasto extra de 10.850 millones de pesos, en comparativa con la campaña pasada solo por el aumento en el precio del combustible”.

Finalmente, indicaron que “dicho costo impactará en forma directa sobre su rentabilidad, que presenta en ciertas zonas un importante agotamiento financiero. No podemos dejar de decir que, del total pagado en una factura de gasoil, el 64% es carga impositiva (conceptos no gravados, IVA, ingresos brutos). Esto quiere decir que de los 10.850 millones que tendrá que hacer frente el sector, 7.000 millones corresponde a impuestos. Queda a las claras más que nunca la necesidad de la reconversión del gasto público, que se empiece a relacionar sus sueldos con su productividad, y eficiencia, de la misma manera que nos sucede a los productores con nuestros ingresos”.

Aún a sabiendas que esto ocurriría, la alianza Cambiemos recibió un gran espaldarazo en los comicios pasados –particularmente- en el ámbito bonaerense.  

Esa es la cuestión.

NOTA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA DEL SÁBADO 4 DE NOVIEMBRE 2017   

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