Junín. sábado 18 de noviembre de 2017
Semanario de Junín » Deportes » 12 nov 2017

el sillón de Necochea

La herencia de la gestión tras el paso al costado (¿temporario?) de Fernando Chiófalo


Como el gran bonete. ¿Usted señor? ¿Yo, señor? ¡No señor! Pues entonces… ¿quién?

Quien haya asistido a alguna reunión del Club Atlético Sarmiento recordará que todo en la institución pasaba por las manos de Fernando Chiófalo. Y todo es todo. Contratos, nombres, jugadores, alquileres, supervisión de obras, contactos, etc. Pero ahora, con el pedido repentino de licencia presentado en los últimas semanas por el titular del CAS, aduciendo “motivos personales”, el sacudón hizo mucho ruido puertas adentro.

Para bien y para mal, club sorteó el tembladeral del atraso en los pagos de AFA y el descenso de categoría, los dos hechos más sensibles para el mundo verde de los últimos meses.

Superada esa “crisis”, todo indicaba que ahora, que se está otra vez en carrera, al menos sin tantas espinas, el reemplazo de un dirigente (aunque fuera el presidente en uso de licencia) no debía originar demasiados trastornos, pero…

En las épocas más difíciles, Chiófalo tuvo dos laderos importantes: José Molinari y Claudio Perkusic. Las formas y el personalismo de  ‘Coquito’ minaron la relación con su propio grupo. Al menos, con dos de sus alfiles más valiosos.

LA TRANSICION

José Molinari (NdR: uno de los apuntados para la sucesión, antes de que el mismo Chiófalo se arrepintiera y decidiera continuar al frente de la presidencia en junio pasado), aunque jamás lo hizo público, sufrió una gran decepción. Primero ninguneado y ahora relegado como uno de los siete vocales titulares y con manejo en el básquet, no es alguien a quien Chiófalo elegiría para este tiempo ni  tampoco quien se auto-postularía.

Otro de los hombres fuertes de la gestión anterior, Claudio Perkusic, decidió alejarse del club cuando se renovó la comisión directiva, para volcarse de lleno a sus asuntos personales/empresariales.

Y ahora que no están, y que Chiófalo resolvió tomarse un tiempo, el hueco en la conducción se ha hecho muy notorio. Todos se preguntan si la decisión del presidente es temporaria. Sus allegados rezan sea verdad que sólo dure hasta diciembre. Podría pensarse que dos meses no deberían ser tan traumáticos. Sin embargo, aunque todos manifiestan que “el grupo está unido y no es para preocuparse”, entre varios nombres apuntados uno a uno van quitándose el puesto de encima.

Por caso, Diego Cifarelli descartó enfáticamente hacerse cargo del sillón de Fernando. “A mí dejame con los números –apuntó- demasiado tengo con eso, además tampoco tengo tanto tiempo; no… no puedo, sería una irresponsabilidad… no lo haría jamás con el club que tanto quiero”. El tesorero de la institución agregó: “Fernando se merece que todos le pongamos el hombro”.

Otro apuntado fue Pablo Molins. El vice y segundo en la línea sucesoria, el heredero ‘natural’, al principio también le sacó el cuerpo: sus actividades personales y la falta de cercanía con los movimientos del club eran argumentos para desistir, pero para el sello y por "la institucionalidad", tuvo que hacerse cargo.

En principio, sin Cifarelli, Genna, Cornago o Molinari, se pensó en el retorno de Perkusic. El ex vice, hoy abocado de lleno a la empresa familiar, rechazó de plano la idea. “Me comentaron de volver, incluso podría ser factible por el fallecimiento de Daniel Nagore, pero no, ni por todo el oro del mundo”, afirmó en diálogo con Semanario.

El empresario agregó: “tengo la tranquilidad que había pedido y que ni sabía que existía; es difícil la vida de un club como Sarmiento para un dirigente, hay que resolver infinidad de cuestiones diarias: económicas, humanas… son problemas, y problemas y muy poquitas alegrías;  ése día a día es muy difícil de sobrellevar y no todos están dispuestos a lidiar con eso”, recalcó.

“Un club precisa de un dirigente que aporte tres cosas fundamentales: honestidad, capacidad y respaldo, porque ocurre muchas veces que se precisa dinero rápido para solucionar inconvenientes y no todos pueden o quieren respaldar el problema a veces con su propio patrimonio”, afirmó, y lamentó que el manejo de Chiófalo "haya alejado a personas que hoy podrían hacerse cargo de la institución".

Hubo dirigentes que pusieron plata de su bolsillo para ‘aguantar el temporal’. Y mucho dinero. Y aunque la situación es bien diferente a aquellos días, como reza el dicho ‘quien se quema con leche ve una vaca y llora’.

El inconveniente no es sólo lidiar con los jugadores y el cuerpo técnico. Sino el día a día. Los cheques, los alquileres, los empleados; todo lo que el club precisa en cada jornada. Con Chiófalo afuera, no aparece quién quiera o tenga ganas de atajar tantos penales juntos.

¿Será por eso que nadie quiere hacerse realmente cargo?

¿No será el momento?

El sábado 15 de abril, en la edición N° 55, Semanario planteó el problema del arraigado personalismo en algunos clubes de Junín: ¿qué pasará cuando los dirigentes de peso, que gobiernan los destinos de algunos clubes desde hace años, decidan dar un paso al costado?

A continuación, un extracto de aquél texto, publicado en la página 2 del suplemento deportivo.

“¿Qué pasará con el deporte vernáculo el día que den un paso al costado los Chiófalo, los Lambrisca, los Gómez o los Rosetti?

El momento de éxito deportivo alcanzado por distintas instituciones de nuestra ciudad tiene el centro puesto en un puñado de dirigentes que, con muy poquitas armas, ha logrado llevar cada club a ese sitial de privilegio. Clubes en primera en fútbol y básquet no son casualidad.

Pero arrastran un peligro latente: sostenerse, cuando sus “manos mágicas” dejen de estar y actuar.

Los dirigentes locales deben lidiar con la apatía y falta de compromiso del entorno para ocupar  lugares que demandan tiempo y esfuerzo, pero que no reditúan nada de dinero. Peor aún. En muchas ocasiones, esos mismos lugares les generan  serias dificultades familiares por la sangría personal para solucionar urgencias en su club.

Los personalismos (tantas veces criticados a la política, y con razón) se hicieron costumbre en otros espacios... En el plano local, las urgencias y el esfuerzo infinito por sobrevivir, en ocasiones les impide a sus propios directivos planificar ordenadamente el futuro de sus instituciones. ¿Es ese mismo amor, el  personalismo y la falta de profesionalismo el que complica el desarrollo?

¿Por qué los dirigentes no preparan a sus sucesores?

(…) Existe un modelo de conducción arraigado en diferentes lugares que debe cambiar. Se debe tener la generosidad y la inteligencia para formar sucesores que sean más capaces, profesionales y dedicados. Debería darse el  debate no ya de quién, sino qué, cómo y para qué.

(…) Pero no pueden permitirse aquellos que digan amar a sus clubes olvidar encontrar rápidamente una línea sucesoria, el continuador de una idea de trabajo.

Por el simple hecho que todos somos mortales.

Nosotros. Los clubes no.

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