Junín. miércoles 13 de diciembre de 2017
Semanario de Junín » Cultura » 21 nov 2017

BANDONEONES EN EL CLUB SOCIAL

La noche inolvidable de “Color Tango”

Roberto Alvarez y su orquesta recorrieron hermosos temas, haciendo gala de un estilo vibrante, cargado de emoción y exento de dramatismo innecesario. Interpretó quince tangos y un vals, con su cantor fetiche, Roberto Decarre, y un invitado de lujo: Omar Decarre.


Por:
ISMAEL CANAPARO

La definición de “Color Tango”, incluyendo su atributo, es irrebatible. Porque es esto, evidentemente, lo que concibe, plasma y cultiva, desde las raíces mismas, Roberto Alvarez con su orquesta. Desde su fuelle sintetiza la simbiosis de tradición, de ecos y resonancias antiguas con nuevas líneas melódicas.

Tras sus incursiones con la orquesta de Osvaldo Pugliese (durante once años fue su primer bandoneón y arreglador), siempre se mantuvo enrolado en la renovación, más que en el tango como género, de la música que identifica al país. Lo cierto es que la agrupación “Color Tango”, de la mano de Alvarez, es considerada hoy como una de las principales continuadoras del estilo y la impronta del gran maestro del clavel rojo, caracterizada por su fuerza y expresividad.

Ese tango de alto vuelo creativo, mágico y admirable, inspirado por el fantástico chacabuquense, regresó el sábado 11 de noviembre a Junín, cuna de talentosos músicos y cantores de excepción. Ocurrió en el salón del Club Social, en el marco de un acontecimiento organizado por la comisión de jubilados de la Asociación Empleados Fiscales e Ingresos Públicos (A.E.F.I.P.). Muchísimo público acudió al recital, superando incluso las previsiones más optimistas. Es que la música del dos por cuatro reúne un alto índice de seguidores en nuestra ciudad, que no siempre tiene posibilidades de presenciar un espectáculo de tal jerarquía. La llama sigue vive y más si es incentivada con la presencia de grandes músicos.

Ya en la apertura del concierto quedaron esbozados los rasgos del Alvarez de hoy, con la interpretación “A Evaristo Carriego”, un instrumental que Eduardo Rovira dedicó al poeta, escritor y periodista. “Carriego vivió en Buenos Aires con la seguridad de ser poeta y la urgencia del reconocimiento: imponía sus versos en el café. Murió con apenas 29 años. Frecuentó los cafés famosos, se desveló hasta la madrugada en las reuniones de escritores, pero se iba alejando lentamente, como volviendo hacia un centro único de interés. En vez de amplificar más cada día su campo de observación, parecía complacerse en reducirlo”, contaba Jorge Luis Borges, gran admirador de Evaristo.

Enseguida, otro tango instrumental, ahora de su sello y firma: “Pilo”, en homenaje a su esposa. Además, es autor de otros éxitos, como "Chacabuqueando", "Maypa" (dedicada a sus padres), "Sigo aquí", "A Quinquela Martín", “Contorneando” y “Tango a Pugliese”, entre otras composiciones.

La primera ovación de la noche, al margen de los encendidos aplausos iniciales a toda la orquesta, fue para la voz del elenco, Roberto Decarre, quien encaró con mucha autoridad “De Barro”, un poema de Sebastián Piana y Homero Manzi. Enseguida, el público se dio cuenta de las posibilidades expresivas de este joven y ascendente cantor, bien juninense, en especial con los bellos estribillos de “Y están tus ojos queridos/  En el espejo de barro,/ Fantasma de mi cigarro, / Reproche y olvido, /Condena y perdón”, con extensión en otra frase magistral de Homero: “Vuelven tus ojos lejanos / Con el llanto de aquel día. /Pensar que puse en tus manos / Una culpa que era mía. /Pensar que no te llamé / Y me alegré /Mientras estabas penando, /Pensar que no te seguí / Y me reí / Cuando te fuiste llorando”.

Y llegó el turno para un “invitado”, habitual convidado de la orquesta, una voz preferida para Roberto Alvarez, además de su amigo de muchos años: Omar Decarre. Después de su hijo, el desafío fue ver cómo seguir cantando sin tanta “presión”. Pero de inmediato se sacó la mochila, como diciendo “… me voy a subir al escenario a cantar porque tengo ganas de mostrarme ante la gente y me parece que está bueno y está bien”. Y sintió una gran libertad para entonar “Sueño querido”, un viejo tango de Angel Maffia y Mario Battistella, despedido con una gran ovación tras los versos finales: “Por eso cuando llega a mi alma el lúgubre doblar / De las campanas me dan ganas de rezar. /Sueño querido,/ Ha pasado tu carroza / Para siempre ya te has ido / Y no volverás más”. 

Después de “Chiqué”, de Ricardo Brignolo, y “Maypa”, una exquisita obra que Alvarez dedicó a sus padres, Roberto Decarre interpretó “Bailemos”, de Pascual y Francisco Mamone y Reinaldo Yiso, a la par que los prestigiosos bailarines profesionales del tango, como Emmanuel Riquelme y Andrea Kuna, deleitaron a los presentes con aceitadas coreografías, que repitieron un poco más tarde.

Al llegar a la mitad de la velada, los resultados fueron cada vez mejores. Omar Decarre volvió a brillar con “Whisky”, un tango de Héctor Marcó, dentro de un tono justo y preciso, repleto de cuerpo y color. Quizá por esa perfecta complementariedad, nunca se sintió un intruso en tierra de músicos talentosos, ni percibió miradas de reojo, simplemente porque también él era un grande “en rodeo ajeno”.

A continuación se vinieron dos tangos instrumentales, bien pugliesianos. Primero “Negracha”, esa antigua joya de Osvaldo Pugliese que, en manos de Alvarez, se escucha tan joven y fresca. Después, “Arrabal”, de José Pascual. Las notas invitan a imaginar a los intérpretes en el escenario. Los movimientos elegantes e inspirados de Alvarez, demostraron un gran dominio del bandoneón, respetando el estilo. Las manos inspiradas de Fernando Rodríguez, acariciando las cuerdas del violín, notas que se expanden en giros virtuosos, próximos a las licencias que le permite el director. En piano, Mariana Diez sintetiza una muy agradable sensación, sabiendo llegar en el momento justo, para emocionar, con melancólico melodismo. En el segundo fuelle, rezonga la categoría de Hernán Bartolozzi, que se deja llevar por su propia inspiración, sin alejarse de la matriz, de a ratos melódico, de a ratos más enérgico, siempre con el estilo bien marcado de la orquesta. El complemento insustituible queda en manos de grandes profesionales, como Ernesto Gómez (violín), Gustavo Hunt (teclados) y Manuel Gómez (contrabajo).

La noche continúo con reelaboraciones versiones antológicas, como “Pasional”, de Jorge Caldara y Mario Soto, enriquecido en la voz de Roberto Decarre, que rescata el trazo canyengue, el costado amoroso y la súplica enternecedora, de un tango que inmortalizó Pugliese con Morán. “Te quiero siempre así, estás clavada en mí / como una puñal en las carnes./ Y ardiente y pasional, temblando de ansiedad / quiero en tus brazos morir”.

Otro delicioso momento, quizá el más emotivo y vibrante, lo protagonizó Omar Decarre, con el legendario “Tiempos viejos”, de Francisco Canaro y Manuel Romero. Con todo su énfasis en los acentos más contundentes, el cantor puso en juego aquellos ecos y resonancias pasadas, aportando una bien actual línea melódica. Cuando Omar encaró la última parte de los versos (“¿Te acordás, hermano, la rubia mireya? / Que quité en lo de hansen al guapo rivera? / Pensar que casi me amasijo una noche por ella / Y hoy, hoy es una pobre mendiga harapienta. / ¿Te acordás, hermano, lo linda que era? / Se formaba rueda pa' verla bailar. / Cuando por la calle, hoy la veo tan vieja / Doy vuelta a la cara, y me pongo a llorar”.), la platea explotó y murió en los aplausos.

La fiesta, en su parte final, se extendió a otros dos tangos instrumentales: “La Mariposa”, de Pedro Maffia y Celedonio Flores, y “Bordoneo y 900”, de Osvaldo Ruggiero, donde la orquesta jugó con su magnetismo, expandiendo en la sala colmada el inquietante y fervoroso ritmo de Don Osvaldo. Precisamente, Ruggiero, su primer fuelle durante muchos años, solía decir que “Pugliese siempre le dio una importancia especial a los bandoneones dentro de la formación de la orquesta, porque va ligado a la faz rítmica. El bandoneón, junto al bajo y al piano, marcan la percusión dentro del conjunto”.

Otro instante de mágica efervescencia quedó grabado a fuego con “Caminito” (1926), de Gabino Coria Peñaloza y Juan de Dios Filiberto, que cantaron a dúo padre e hijo, Omar y Roberto. La gente pidió bis y la orquesta volvió a encaminarse hacia el delirio. Se podría pensar que la música se disfruta cuando es conocida, máxime si uno se refugia en temas viejos. Sin embargo, esto no implica una involución, no significa remar hacia atrás. Es todo lo contrario. Los arreglos ultramodernos de Roberto Alvarez y las voces de los cantores tienen un disparador: recordar y tomar conciencia de la inyección de aquellos antepasados del tango, poetas y músicos harto talentosos. Y mirar el presente con ojos de hoy.

El cierre no deseado finalizó con el vals “Desde el alma”, bellísimo tema de Homero Manzi, que el público, insaciable y agradecido, aplaudió de pie.

Pero no sería el final. Alvarez pidió el micrófono y aclaró que su amigo Oreste Lapadula, virtuoso pianista juninense, le había escrito un mail pidiéndole tocar juntos una pieza, con una amenaza virtual: “Si no me das ese gusto, me hago hincha de la Fernández Fierro” (NR. La Fernández Fierro es una agrupación formada en 2001 que rescata la vieja orquesta típica de tango, pero con una estética novedosa en el género). Y así, con la colaboración del contrabajo de Manuel Gómez, tocaron “A Pedro Maffia”, de Aníbal Troilo.  Fue en ese momento que la gente volvió a morir…

Teloneros de lujo y un gran anuncio

La ansiedad del público por ver a “Color Tango” quedó saciada cerca de las 22, con la actuación de dos músicos juninenses de elite, que se anticiparon a los aplausos que se repitieron después: Oreste Lapadula (piano) y Miguel Salem (guitarra). Interpretaron tres temas: “Qué noche” (Agustín Bardi), el vals “Pedacito de cielo” (Enrique Mario Francini-Héctor Stamponi y Homero Expósito) y “Don Agustín Bardi” (Horacio Salgan).

Precisamente, el próximo 2 de diciembre, en la misma sala del Club Social, hará su debut una nueva orquesta de tango de Junín, con dirección, piano y arreglos de Lapadula, a quien secundarán: Oscar Farías (bandoneón), Miguel Salem (guitarra), Florencia Alvarez Gauna (violoncello) Hugo Fuse, Santiago Rosetti, Camila Luisi y Juan Martín Decarre (violines), Natalí Luisi (flauta), Raúl Paulucci (contrabajo); voces: Virginia Domínguez y Omar Decarre.

Un conductor con mucha cintura

El espectáculo tuvo un presentador de excepción, vinculado al tango desde épocas remotas: Raúl Daniel Ganci. Su trabajo resultó impecable, enmarcado dentro de tres características que lo identifican: sencillez, buena dicción y autoridad para saber decir en el momento justo.

Ganci viene manteniendo vivo a través de muchos años, más de treinta en total, un ciclo radial y televisivo, siempre con numerosa audiencia, fruto de su coherencia para abordar el género: “El tango cuenta su historia”. Se trata de un programa verdaderamente de colección, ya que por allí han desfilado las figuras más prestigiosas del tango, de antes y de ahora.

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