Junín. miércoles 13 de diciembre de 2017
Semanario de Junín » Deportes » 22 nov 2017

Entrevista

El profesor Barrera


Por:
Javier Leguizamón

 

Nació en General Pinto en 1962 y durante varios años, tomó el micro de la medianoche para llegar a Junín, donde finalmente se radicó, hace ya 30 años para crecer como deportista. En esta ciudad ganó el título sudamericano welter en 1991 con el apoyo de toda la ciudad y la zona. Como entrenador, tuvo a su cargo a figuras de la talla de Lucas Martín Matthysse  y hoy moldea el futuro de  varias promesas pugilísticas.

De muy pibe trabajó en el campo, fue albañil, carpintero, y entró en el mundo del box de puro caradura hasta llegar a campeón sudamericano welter. Y aunque muchos de sus recuerdos estén guardados en varios cajones en color sepia, su vida quedó pegada a la actividad. Hoy recibe a muchos chicos que buscan en los guantes un futuro, tal vez el mismo que él imaginó cuando partió de Pinto.

Admirador de dos históricos y emblemas del box como Oscar  Natalio "Ringo" Bonavena y Carlos Monzón,  Luis Dionisio Barrera –hijo de una enfermera y un trabajador municipal-  jugó al fútbol en Pintense, pasó al Club Social y Deportivo General Pinto  hasta que a los 18 años se decidió por el boxeo, que al día de hoy es parte de su vida: entrena a los futuros campeones en el gimnasio de su amigo de toda la vida, Mario Arano.

Los 31 grados de este noviembre atípico no son nada para lo que soportó Barrera. En el Gimnasio de calle Paso, la actividad arranca puntual, a las 13,30 como si nada. Una gran pintura de Lucas Matthysse decora la pared.   Emiliano “la cobrita” Domínguez ajusta su cabezal;  “la indiecita” Anahí López  guantea detrás de los rings y cerca, las bolsas soportan los golpes al ruido de los soplidos.

Un cartelito contra el espejo les anuncia: “Boxeo competitivo, no recreativo”.  Y se nota. Los amateurs y los profesionales le hacen caso.

Para Cuty, el gimnasio de Arano es como la primera de Boca O River. No se olvida que él entrenaba bajo el techo de la estación de trenes en Pinto.

De Pinto también es su amigo de la vida, el ‘vasco’ Arano (que por estos días viajará a Colombia y EEUU para cerrar los contratos de las inminentes veladas de sus boxeadores, entre ellos Lucas Matthysse) a quien pasaba a buscar para entrenar. Con él a los pocos años, fueron a Buenos Aires, vivieron en una pensión sin un peso,  “cómo caminábamos, mamita” (se ríe) y con el tiempo se convirtió en la mano derecha de quien terminó siendo uno de los promotores más importantes de la Argentina y socio, nada menos que de Oscar de La Hoya y su imponente Golden Boy Promotions. Parte de esa maquinaria, también la mueve Barrera.

-Pensando en tus comienzos, para los boxeadores, con este lugar, es otra historia…

“Y...la verdad que no se puede comparar… pero ojo que el boxeo en su esencia no ha variado, es igual que antes, sin esfuerzo o sacrificio nadie llega a nada, sí es cierto que  hoy  los chicos cuentan con detalles que ayudan mucho: el lugar, los profesores, uno está encima cuidando los detalles,  la comida, cómo vienen de sus casas, si alguno tiene algún problema, el lugar ayuda, pero lo central, lo que hace a un boxeador destacarse no ha variado”.

-¿Cuál es tu rol en el gimnasio, ahora que Arano incorporó a Joel y que algunos profesionales como Nino López y Lucas Matthysse  emigraron del gimnasio?

“No cambió nada, seguimos igual, tenemos una forma muy parecida de ver el boxeo; lo importante es que vayamos sacando boxeadores, alguno va a salir campeón…él trabaja mucho en la preparación física de los pibes. Los dos ‘hacemos uno’ para que los chicos tengan una buena línea, un buen estado físico, yo siempre digo que sin entrenamiento no hay boxeadores”.

-Y estás con ellos, viajás

“Sí, estamos viajando todos los fines de semana, para que los chicos sumen peleas, no es fácil el camino del amateur, hay mucho esfuerzo, incluso de las familias, todos ponen su hombro para apuntalar la carrera de los boxeadores, son 40 peleas que tienen que tener para pasar al campo profesional, y por eso no es que los apuramos, sino que forma parte del crecimiento en la carrera de cada uno que quiere progresar en el boxeo”.

-Para los amateurs es todavía más difícil

Y sí, pensá que un amateur no cobra nada…a veces a un pibe le pagan  600 pesos, yo siempre digo que habría que incentivarlos, no sé, al menos darle 1.500 pesos por pelea, que al chico le sirva para comprar aunque sea un par de zapatillas; serviría para apuntalar el entusiasmo, pero bueno, hay cosas que se tendrían que evaluar desde la Federación (de Box)  ojalá que eso cambie, para que los pibes tengan una pequeña ayuda”.

-Y también están los que han dado un pequeño salto

“Sí, en el gimnasio tenemos a Cristian Moris, Sosa, Tito Abdala  que son los tres nuevos profesionales de Junín, también entrena Anahí (NdR: López, la indiecita, campeona argentina y una de las apuestas de Arano) y varias chicas más. Hoy hay actividad de un grupo de muchachos y chicas, de los que ojalá pronto tengamos un campeón”.

-En este gimnasio, bajo tu mando entrenó una figura de la talla de Matthysse

“Sí,  Lucas es una gran persona y un gran profesional, pero nuestro trabajo y acompañamiento es de igual modo sea Lucas o algún chico que se inicia, seguro que hay detalles que cambian a medida que las exigencias son mayores, por una obvia razón, pero nuestra labor y los detalles son los mismos: que se cuiden en sus rutinas, en las comidas, y por supuesto, supervisar mucho la parte técnica.

-Ya que nombras lo técnico ¿Qué pasó que no aparecen  boxeadores que brillaban por ese aspecto?  Un Leonard, Locche,  Ballas…

“Y…las condiciones técnicas son innatas, nosotros trabajamos los aspectos del armado de un boxeador, cómo plantarse, cómo caminar, la guardia prolija, todo como indica el manual, un Locche, un Monzón o un Maravilla nacen, es prácticamente imposible armarlos en un gimnasio, hay condiciones que ya vienen con la persona, es imposible incorporarle esas cualidades a quien no las trae de origen; por más que se trabaje en el gimnasio, esas cualidades vienen con la persona”.

 -¿Cómo viviste la polémica que se generó acerca del pedido de algunos cuando le criticaron a Matthysse que debía salir, cambiar de entrenador?

“Esa polémica la armaron algunos medios, algunos periodistas,  y muy bien lo explicó Mario (Arano) en su momento ¿Monzón entrenó en EEUU? No. ¿Locche? Tampoco. ¿Por qué Lucas tendría que haberlo hecho? ¿Qué tienen de diferente? La esencia es la misma, pueden tener mejor tecnología, alguna máquina para hacer fuerza diferente, pero nada más; el trabajo humano es el mismo, eso es una gran mentira, cuando el boxeador tiene condiciones y está bien entrenado todo eso es un mito, no es relevante”.

-Pero Nino López decidió quedarse en EEUU

“Sí, pero ¿en qué cambió? La pelea que perdió (NdR: ante Michael Pérez, en decisión dividida aunque lo tiró en el 8vo round) utilizó su mano voleada, y la segunda, (NdR: triunfo por KO 2 ante el mexicano Cano) usó la mano del mismo modo ¿lo cambiaron? No, por eso, son miradas… acá se trabaja con gran profesionalismo y dedicación, la única diferencia y eso sí no es un dato menor, es el dinero, las bolsas… pero en los otros aspectos no hay que menospreciar el trabajo que se hace acá, porque no hay diferencias”. 

Cuty, apodado ‘el Saldaño de los 90’, recorrió el mundo. Boxeó en  Brasil, Italia,  y hasta en Egipto, donde hizo su última pelea contra Chris Eubank. 

- ¿Estás en el lugar que soñaste?
-Es que esta es mi vida. Logré lo que me propuse, fui campeón, viajé…todo: gracias a esta actividad. El boxeo me formó como persona, me dio la posibilidad de darle a mi familia lo que necesitaba, empecé de abajo, y me gané mi lugar, nadie me regaló nada”.

- Hacés mucho hincapié en el rol formativo, para algunos muchachos sos como otro papá

“Yo hago todo para formarlos, como boxeadores y como personas, no me gusta que a un pupilo mío lo golpeen, para eso lo entreno, lo corrijo y lo pulo, no dejo que un chico mío con pocas  peleas  combata contra otro que está avanzado; hay muchos detalles que hacen que  una carrera sea exitosa para un boxeador, y después está Mario, que es quien se encarga de los detalles importantes… para aquellos que están para cosas mayores. Éste es  un trabajo en equipo, desde los boxeadores, los padres, el gimnasio, sus entrenadores hasta Mario. Un gran engranaje, donde cada uno cumple su rol”.

-Nombraste a los papás… se me ocurre que (como el fútbol)  tendrás algunos entrenadores también..

(Sonríe) “Uh… sí a veces es un problema, algunos opinan como si ellos hubieran sido campeones mundiales (se ríe) pero bueno, para eso estamos nosotros y para eso está el gimnasio…acá es importante que sean buenos profesionales y también buenas personas, que estudien, se alimenten bien, el boxeo es una ayuda muy grande para mucha gente humilde; saca chicos de la calle, los aleja de las drogas,  este es un lugar que les da una casa, una ducha caliente, un entrenamiento,  y es preferible que estén acá y no en la calle. Por eso muchos papás a veces me cuentan sus problemas, para que uno entienda porqué están caídos o bajoneados. “Háblele Cuty, a usted mi hijo lo escucha” me dicen. Por eso les pido que sean responsables, que cumplan con la rutina, como si fuera cualquier otro trabajo. Y que estudien. Al que me falla con el estudio, no lo dejo entrenar.  Ellos saben que acá  aparte (del box) tienen que estudiar”. 

Cuty, en su rol de entrenador, actúa como el maestro. El de la vida, el que ayuda a un pibe a calzarse los guantes y también a los padres, que en ocasiones deben lidiar con adolescentes rebeldes. “Yo no quiero que boxeen para lastimarse; no, si este es un deporte hermoso, el boxeo es un arte, para eso también tengo que prepararlos también”.

 Y en esa enseñanza, con la palabra, a los pibes le llegan los valores.  Cuty lo sintetiza así: “Este deporte no es para aprender y salir a pelear, sino para cambiar la calidad de vida”. 

-¿Los muchachos te lo entienden?

“Sí, claro, todos”.

¿Hay Cuty para rato?

“Sí, espero que sí, si ésta es mi vida” dice mientras pregunta ¿Agua? A sus boxeadores. 

 

El día del quiebre

Como amateur, Cuty hizo 46 peleas y llegó a ser subcampeón argentino. Pero la mala fortuna de una lesión en  sus nudillos se interpuso justo cuando iba a dar el salto como profesional. Aún en su pueblo natal, no olvida la frase de su esposa. “Recuperate,   metele con el boxeo, que por ahí nos saca de la mala, entrená que yo voy a laburar” Y hoy Cuty recuerda aquellas palabras. “Siempre digo que todo lo que soy y lo que tenemos se lo debo a mi mujer”, afirma con un brillo en los ojos.


Pasó por Buenos Aires,  y  en 1989 decidió radicarse en Junín. Enfrentó a José Miguel Bracca en el club Ciclista y no se fue más. En su rincón, Santos Nicolini le dijo: “para consagrarte en Junín tenés ganar por KO. Y lo hizo. Le metió una mano en el sexto round, que lo tumbó hasta la cuenta de diez. Dos años después, el 15 de noviembre del ´91 le llegó la oportunidad de conseguir el título sudamericano de peso welter, en el Club Los Indios de Junín, ante su gente y "Cuty" no defraudó. Y se consagró. No sólo se colgó el cinturón, sino que se ganó  el cariño de su gente.

De aquél Cuty que entrenaba bajo el techo del galpón del FFCC en Pinto, su pueblo natal, a este que ha viajado a Las Vegas en más de una ocasión ya como entrenador  y que ‘juega en primera’ hay algo que no ha cambiado.

“Qué no, mirá que gordo que estoy” dice, tocándose la panza y largando una carcajada.

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