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Semanario de Junín » Locales » 27 nov 2017

comunidad mapuche Junín

Jésica Urquía: “Nuestros abuelos nos hablan de caminar juntos, a la par”


Por:
LUCIANA CAMARERO

“Folil”, que significa raíz en idioma mapuzungun, es el nombre de la comunidad joven Mapuche formada hace dos años, y que busca visibilizar nuestros orígenes, asegurando que -en base a un estudio realizado por la Universidad de Buenos Aires- el 70 por ciento de la población argentina lleva en sus venas sangre indígena.

La posibilidad de que seamos descendientes de uno de los veinticuatro pueblos originarios que existen en todo el territorio nacional, da cuenta que nuestra cultura originaria sigue latente, de pie y resiste.

Se trata de reconocer de dónde venimos, de nuestra identidad, de revisar en nuestro árbol genealógico el ADN que nos forma. Sangre que, además, ha sido derramada ante la resistencia por el despojo de lo autóctono.

Tras las colonizaciones sufridas durante años, actualmente se sigue estigmatizando a las distintas comunidades originarias de nuestras tierras. La política partidista y los medios de comunicación hegemónicos son los encargados de hacer perpetuar el poder de unos pocos, y esas minorías siguen siendo los latifundistas, “dueños” de la tierra. Sin ir más lejos, la muerte de Santiago Maldonado en Chubut tiene que ver con esto: con su solidaridad hacia la comunidad mapuche para que éstos no sean desplazados de sus tierras por la fuerza del grupo latifundista Benetton.

La Constitución Nacional, reformada en 1994, dispuso un nuevo orden en su artículo 75, inciso 17:

“Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos”; “garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural”; “reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos”.

En relación a esto, ¿qué es ilegítimo? ¿La protesta en Chubut por agrupaciones Mapuches que defienden sus tierras? o ¿la expropiación sin límites de territorios por parte de empresarios y multinacionales?

Una vez más, las comunidades Mapuchesvolvieron a ser estigmatizadas. Los medios instalaron en la opinión pública todo tipo de cargas peyorativas a sobre las comunidades originarias en lugar de cuestionar los intereses del territorio, intereses políticos y económicos de las multinacionales que existen por parte de sectores minoritarios.

LA EDUCACIÓN DE LOS COLONIZADORES

“La escuela, lamentablemente, sigue siendo una herramienta de colonización”, aseguró Jorge Urquia Guemil. Son las instituciones educativas desde donde se continúa transmitiendo la historia argentina y la española, conmemorando a Roca, Sarmiento, Mitre y Rosas, “próceres asesinos” y propulsores del genocidio de los pueblos originarios. “Le están enseñando esa historia perversa y mentirosa a nuestros chicos, a los propios chicos mapuches”, destacó Jorge.

La educación intercultural es una alternativa a la educación tradicional. La agrupación “Folil” concurre a las escuelas en forma espontánea a brindar charlas de cultura y revisionismo histórico, para visibilizar y difundir la cultura indígena. Así se intenta resistir el etnocidio utilizando la educación como herramienta.
“Les enseñamos a los niños la función de cada hierva para que ellos el día de mañana sepan hacerse un té para curarse de ciertas dolencias, como lo hacían nuestros abuelos”, detalló Jesica Urquia.

VOCES NEGADAS, SILENCIADAS

Para toda la clase Argentina que trae consigo la naturalización de esta cultura moderna, producto de la colonización no sólo territorial sino también ideológica y religiosa, resulta difícil descreer de ciertas prácticas y consumos. El ejemplo más claro está en la plena confianza depositada en los medios de comunicación amarillistas que desvían las problemáticas sociales para el beneficio de unos pocos.
Así es como funcionan, desprestigiando nuestro propio origen y cultura, implantando en las comunidades originarias todo tipo de cargas negativas para que la sociedad tenga en quien desconfiar.

Si se permite debatir desde la mirada originaria, aparece la identidad del 70% de la población y de una manera de vivir que fue milenaria por la forma comunitaria: la tierra era de todos, el alambrado no existía, la propiedad privada tampoco y la competencia aún menos. El continente y la tierra que habitamos es tan amplia que cada familia argentina tiene la posibilidad de tener, como mínimo, 100 hectáreas de tierra. Por esta razón, los debates se dan desde la mirada de la argentinidad, desde la “historia oficial”, la escrita por los vencedores, y nunca desde la mirada originaria. Por eso es importante darle voz a aquellos que han sido y son negados, silenciados por los poderosos, con el fin de perpetuar su poder.

LA COLONIZACIÓN DE LA IDENTIDAD

No es casual que muchos apellidos nos parezcan familiares por sus repeticiones como los García, Fernández, Gómez, López y otros tantos. Esto se debe a que cuando cometieron las matanzas en los campos de exterminio –el Cerrito Colorado fue uno de ellos-, los Mapuches que quedaban vivos pasaban a ser esclavos, razón por la cual les quitaban el nombre originario por un nombre y apellido en relación a quien los apropiaba (francés, español o inglés).

“Junto con la iglesia se hacían los grandes bautismos en la laguna de Los Toldos y eran llevados como ganado para bautizarlos y para hacerles el documentos, que claramente antes no tenían; es ahí donde se cambian todos los nombres y se instalan estos apellidos que se repiten tanto”, explicó Jesica.

La piel morocha, los ojos y pelo negro, pertenecen a la fisonomía de los pueblos originarios; por otro lado, la tez blanca y los ojos de color son provenientes de la fisonomía de la cultura europea. Así se tergiversa la identidad, se ven personas con rasgos originarios con apellidos europeos para negar la identidad de la que provienen.

LO QUE CONSIDERAMOS COMO NATURAL

Nos hicieron naturalizar que somos pobres, que lo que podemos tener es una porción de tierra con determinados metros de ancho y largo. Quien naturaliza la pobreza, también naturaliza la riqueza. Que una persona pueda tener cien mil o doscientas mil hectáreas de tierra. Benetton es uno de ellos. Tanto la riqueza como la pobreza son antinaturales.
Esta naturalización se traslada a todos los ámbitos de la vida. El pobre no es sano, la pobreza genera enfermedades; el pobre no tiene tierras ni casas acondicionadas ni acceso a una alimentación sana.
Lo que se puede hacer para acercarse a la salud, como en los casos de nuestros ancestros, es desde lo espiritual, desde lo energético, que nada tiene que ver con lo religioso. Pero a su vez, toda esta naturalización que nos fue instalando la cultura europea, no nos permite ver más allá de lo que creemos conocer. Nuestra mente está limitada.

Palabras de Jorge Urquia Guemil explican la armonía de todo lo que nos rodea en mancomunión con la experiencia y la sabiduría (fomentada a diario) de los pueblos originarios:  “Mapuche significa ‘Mapu’ somos nosotros, los animales, la tierra, el sol, el agua, las nubes, el cosmos, el universo, el todo, también es nuestro espíritu y el de cada ser vivo. Es todo lo que vemos con nuestros ojos y lo que no vemos. ‘Che’ somos las personas con conocimiento, con sabiduría. La persona que no tiene ese conocimiento es solamente persona, es por eso que nosotros aspiramos a ser ‘Che’. Ese es el camino nuestro, de adquirir conocimiento. Si no somos simplemente personas viviendo y eso es en lo que nos transformaron hoy. No somos personas con conocimiento, sabias como lo eran nuestros ancestros. Tan sabias que la ciencia moderna no puede descubrir cómo hicieron las pirámides del mundo, por ejemplo”.

Tanto Jorge como Jesica, padre e hija, de origen Mapuche, resisten a diario los vestigios de la colonización.

“Quinientos años de conquista no pueden opacar  miles y miles de años como pueblo sabio, que vivió en armonía con el cosmos. ¿Qué culpa tiene la sociedad que le hayan quitado la identidad? No es culpa de la sociedad ni de la naturaleza que la han deformado”, concluyó Jorge. Y su hija Jesica, que concuerda con la postura de su padre, reforzó sobre el compromiso y la fuerza de la juventud que está despierta y consciente, capaz de revelarse ante cualquier engaño.

Jésica Urquía tiene la palabra

“Acá en Junín no se ve tanto la movida Mapuche como en Los Toldos, allá hay más conciencia, hay otra aprobación, hay más respeto”

“Para nosotros, el 12 de octubre es un día de luto, es el comienzo del genocidio de todos los pueblos originarios de América, desde Alaska hasta Tierra del Fuego”

“Hay diferencias producto de esta invasión cultural occidental, ya sea desde la envidia, desde el ego, la competencia”

“Nuestros abuelos nos hablan desde el amor, de la humildad, del trabajo comunitario, de caminar juntos, a la par”

 

NOTA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA DEL SÁBADO 18 DE NOVIEMBRE 2017   

 

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