Junín. domingo 15 de julio de 2018
Semanario de Junín » Locales » 2 ene 2018

OJOS QUE NO VEN

Estado municipal ausente: muertos de indiferencia

El 8 de julio pasado, Roberto Omar Alaniz (59), quien vivía en un sector del predio ferroviario, fue hallado muerto. Hace unas semanas, una mujer llamada María de los Ángeles Anaya (40), encontró la muerte en el relleno sanitario, mientras revolvía la basura para sobrevivir.


Por:
Redacción Semanario

Son invisibles. Y siguen siéndolo aún en sus muertes. Son los indigentes que pululan sin horizontes ni otro objetivo que sobrevivir cada día, esos que se mimetizan con el medio ambiente y no alcanzan a ser enfocados ni por el Estado ni por los vecinos comunes. Y así, en silencio, como transcurrieron sus días, pueden irse para siempre sin motivar ni siquiera una efímera reflexión.

El año pasado, en Junín, tuvimos dos muertes así. Que ocuparon apenas unas líneas en los medios gráficos y unas palabras radiales o televisivas. Después, todos dieron vuelta la página y nada más. Tema concluido. Ni siquiera pudieron ser el origen de estudios más profundos para poder salvar a otros de situaciones similares.

En julio, un hombre murió de frío en el predio ferroviario. En diciembre, una mujer que revolvía basura en el relleno sanitario falleció aplastada por una planta que se cayó. Dos personas en situación de calle, con padecimientos que no pueden ni empezar a imaginarse, dejaron de existir en situaciones que hubiesen sido prevenibles si el Estado estuviera presente. Con apenas un lugar donde vivir y un trabajo digno, otra hubiese sido la historia.

LOS CASOS

El 8 de julio, Roberto Omar Alaniz, de 59 años, quien vivía en un sector del predio ferroviario, fue hallado muerto en las primeras horas de la mañana. El frío intenso y un cuadro de neumonía que padecía el hombre, se conjugaron de manera fatal. La pobreza, la falta de remedios y de un lugar confortable donde recuperarse… además de la espalda que sólo recibió de la comunidad, conformaron un combo insuperable.

Para aguantar un poco más la inclemencia del invierno, el hombre se había improvisado un pequeño albergue con chapas, en el predio de la estación de trenes. Recién fue visto cuando algún transeúnte advirtió que podía estar muerto.

Más cerca, en diciembre, una mujer de 40 años llamada María de los Ángeles Anaya, encontró la muerte cuando se hallaba junto a su hermano en el relleno sanitario, revolviendo la basura para sobrevivir. Parece que habrían iniciado un fuego debajo de un eucalipto para calentar comida, pero alcanzó al árbol y provocó el desprendimiento de una rama, que terminó sobre el cuerpo de la mujer causándole heridas irreversibles. También su hermano resultó con heridas de consideración.

OJOS QUE NO VEN…

Estas dos muertes también deben ponerse en el saldo del año que acaba de terminar para la ciudad. No se trata sólo de contabilizar cuadras de asfalto o cloacas, sino de una apertura sincera y ojos preparados desde el Estado para tender manos rápidas ante situaciones de emergencia. Que eviten llegar a consecuencias desafortunadas…

No se trata de números o materiales. Son personas. Gente. Seres humanos. Hombres y mujeres. Niños y ancianos. Con un grado de vulnerabilidad que puede desembocar en la muerte.

En el 2017 tuvimos dos víctimas de nuestra indiferencia. Porque no alcanza con las decenas de merenderos y comedores, no basta con programas sociales que bajan a la ciudad, no es suficiente con el trabajo a destajo que entidades y grupos intermedios realizan a diario…

Además, hay que estar muy atento a los casos extremos y apurar la ayuda, y este trabajo le toca a las autoridades municipales. No puede naturalizarse que en Junín alguien se muera de frío y otro revolviendo la basura.

NOTA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA DEL SÁBADO 23 DE DICIEMBRE 2017    

 

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