Junín. miércoles 19 de diciembre de 2018
Semanario de Junín » Opinión » 13 ene 2018

editorial

Tarifas y pobreza

Las familias rechazan el asistencialismo, buscan oportunidades en una sociedad que muchas veces las discrimina, las empuja al aislamiento y las saquea con inflación y desigualdad.


Por:
Redacción Semanario

Argentina es un país que genera sorpresas de manera constante en muchos y muy diversos estamentos de la sociedad. Que durante los dos primeros meses del actual gobierno, el debate se haya instalado casi con exclusividad en el aumento de las tarifas, con sus decenas de idas y venidas, era algo difícil de imaginar o predecir para cualquier analista.

La administración nacional entendió que con destapar los escandalosos casos de corrupción de la gestión anterior alcanzaba para granjearse el apoyo irrestricto de la sociedad. Y entonces cometió un error capital, gigantesco y cuyo alcance final aún no se conoce: decidió elevar las tarifas a valores que el conjunto de la población no puede pagar.

Era y es necesario un sinceramiento de las tarifas, que fueron subsidiadas de manera permanente por el kirchnerismo, como parte de su planteo estratégico. Políticos, empresarios y analistas de mercado coinciden en el diagnóstico, pero lo innecesario era hacerlo a valores ridículos por lo elevado, a valores que la gente no puede pagar. Y más grave aún: sin cumplir con el protocolo establecido para estos casos. El resultado fue un verdadero desastre.

Pero gobernar es gestionar y gestionar va mucho más allá de la toma de decisiones. Gestionar es entender los indicadores que la realidad pone delante de las narices de los líderes. Entenderlos, asumirlos y trabajar para mejorarlos con una estrategia bien definida. Porque al menos 3 millones de personas viven en la Argentina en casas muy precarias en asentamientos sin energía eléctrica, agua potable ni cloacas, invisibles ante los ojos del Estado.

Hay 1.834 asentamientos en el 70% del territorio nacional donde viven 532.000 familias de cinco integrantes en promedio, según un relevamiento de Techo, una ONG sin fines de lucro con presencia en toda América Latina. Casas de chapa, de cartón, toldos, barro o material sin terminaciones mínimas, configuran islas en el corazón o la periferia de las ciudades más populosas; a cinco minutos del Obelisco, en el centro del país, el norte y el sur, las villas de emergencia no han parado de crecer en los últimos cuarenta años.

Allí la posibilidad de mejorar la vivienda -para que no llueva sobre las almohadas- es relegada ante la necesidad de comer y vestir; no existe planificación ni infraestructura urbana: el Estado -casi- no está; y en la mayoría de los casos falta organización de los vecinos para alzar la voz.

Las tomas de tierras chocan con el derecho a la propiedad privada en un devenir histórico que no supo o no pudo o no quiso generar oportunidades para todos: los padres se acuestan pensando que sus hijos pueden no tener dónde vivir mañana porque no cuentan con seguridad dominial. Las familias rechazan el asistencialismo, buscan oportunidades en una sociedad que muchas veces las discrimina, las empuja al aislamiento y las saquea con inflación y desigualdad; viven hacinadas y empobrecidas en un país con 2.780.400 kilómetros cuadrados que produce alimentos para 400 millones de personas al año.

Sólo el 5% de los créditos del sistema financiero son hipotecarios y la oferta demanda requisitos imposibles, impone tasas impagables (ajustada por inflación) en una economía con el 40% del empleo no registrado y en la que la teoría del derrame se impone cada diez años.

El Estado llegó hace unos años con algunas urbanizaciones como ocurrió con la Villa Palito, en La Matanza, y planes distributivos como la Asignación Universal por Hijo y Progresar, que ayuda a miles de jóvenes de entre los 18 y 24 años que no trabajan o lo hacen informalmente para que puedan sostener sus estudios.

Pero el acceso al mercado laboral con salarios que superen la canasta básica es dificultoso, mientras la economía se sigue concentrando y no se observan cambios estructurales que permitan superar definitivamente esta terrible situación. Es un tema para resolver, no en un día, no en una semana. Pero es un tema para empezar a resolver, y dejar de mirar para otro lado.

 

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