Junín. domingo 25 de febrero de 2018
Semanario de Junín » Locales » 15 ene 2018

editorial

Cinco años, una familia, dos muertes, veinte minutos, cero ambulancia: laguna de mierda


Por:
LUCIANO CANAPARO

Demián Enrique Herber Hermann era, por sobre todas las cosas, un chico alegre. Durante el verano de 2013, al tiempo que cumplía con su trabajo, planeaba su cumpleaños número 18. Delfines de Etiopía era su banda, la que más lo conmovía por esos días, esa que lograba tocar la fibra íntima. Una suerte de misterio que a veces se nos devela mágicamente al escuchar algo tan simple -y complejo a la vez- como una canción. Pero la vida dio un giro inesperado y nada de eso que debería haber ocurrido, pudo ser.

La noche del 11 de enero de aquel año, a la altura del entonces parador Millenium de la Laguna de Gómez, Demian fue embestido por un motociclista que se desplazaba a gran velocidad por debajo de la cinta asfáltica. El joven murió pocas horas después en el Hospital Interzonal "Abraham Piñeyro". Las crónicas policiales de la época, además de contar lo sucedido, reflejaron la desidia municipal: “El lapso de tiempo transcurrido entre el accidente (unos 30 minutos, según testigos) y la llegada de la ambulancia, y el fatal desenlace del hecho, volvieron a desnudar las fallas en el servicio de emergencias que las autoridades disponen para el Parque Natural. De hecho, llama la atención que, siendo un lugar promocionado como turístico, no cuente con una ambulancia propia permanente para asistir a los miles de vecinos y turistas que la visitan cada temporada. Según informaron desde el Destacamento de la Laguna, los fines de semana las ambulancias permanecen en el lugar, pero se ausentan durante la noche”.

A la tragedia sobrevino la impotencia que agigantó el paso del tiempo y la falta de justicia que se extiende hasta el día de hoy. Una vida joven que, como tantas otras y en iguales circunstancias, se apagó demasiado pronto y que cambió de raíz los planes de una familia que debió aprender a convivir con el dolor a cuestas.

La vida de Bettina Colossi, madre de Demián, cambió de la noche a la mañana y fue para siempre. Sobrevivir al dolor y continuar mirando hacia adelante “con el corazón funcionando a medias” -como expresó la titular de la ONG Estrellas Amarillas infinidad de veces- fue la clave.

Pero así como no hay una receta que establezca los pasos a seguir ni antídoto eficaz para bloquear los sentimientos cuando la tragedia irrumpe en la vida de una vez y para siempre, ni mucho menos manuales instructivos para paliar el dolor que significa atravesar la pérdida de un hijo, cinco años después otra muerte, en el mismo espacio público, volvió a golpear a la familia.

Walter Mastandrea (51), esposo de Colossi, falleció el miércoles pasado tras sufrir un infarto. El empleado municipal, que cumplía tareas en el Parque Natural Laguna de Gómez, había finalizado de cortar el césped en la zona del Camino Costero, y estaba descansando cuando sufrió un infarto. Sus compañeros intentaron reanimarlo pero nada pudieron hacer por salvarle la vida. Como cinco años atrás, esta vez tampoco había ambulancia ni médicos en el Balneario municipal. Y la ¿Unidad Sanitaria? estaba “custodiada” por una enfermera que tuvo que ser “arrastrada” hasta el lugar del fatídico desenlace. La empresa de emergencias, al igual en 2013, tardó veinte minutos en llegar...

Cinco años, una familia, dos muertes, veinte minutos, cero ambulancia, una conclusión: algunos hablarán del destino marcado, otros, en cambio, buscarán refugio en creencias religiosas. Aunque poco importe esta cuestión cuando las autoridades sigan escupiendo para arriba y promocionando un lugar turístico que no respeta la vida.

ESTE ARTICULO FUE PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DEL SÁBADO 13 DE ENERO 2018    

 

 

 

 

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