Junín. domingo 15 de julio de 2018
Semanario de Junín » Locales » 28 ene 2018

EDITORIAL DE DOMINGO

El intendente de Junín, Pablo Alexis Petrecca... ¿comunica bien?

Aclaración: este análisis no escapa, por supuesto, al conflicto personal que el intendente Pablo Alexis Petrecca mantiene con el castellano hablado -y sus prenseros con el castellano escrito- que es intenso e incomprensible


Por:
Luciano Canaparo

“No estoy de acuerdo con quienes dicen que el gobierno de Petrecca comunica mal, para mí lo hace muy bien, creo que es una de sus mayores virtudes...”, me dijo un exfuncionario municipal durante una charla que versó sobre las muertes de Walter Mastrandrea en la Laguna de Gómez y de la joven Paula Aguilar, arrollada por un camión en el centro de la ciudad en un horario no permitido para la circulación del “tránsito pesado”.

Para el “primer caso”, el Municipio utilizó en su descargo el concepto de ‘herencia recibida’: “durante la gestión anterior que lideraba Meoni y tras un proyecto aprobado por el Concejo Deliberante, se determinó que haya presencia de ambulancia en el PNLG sólo los fines de semana y los feriados”.

Para el “segundo caso”, el Municipio utilizó en su descargo, a través de Martín Oca (titular de AMSV), una frase -muy poco feliz- que desnuda la insensibilidad más patética: “a nosotros no nos informaron que un camión de esas características iba a entrar a la ciudad”.

Entonces, ¿el gobierno de Petrecca comunica bien? Veamos.  

(Aclaración: este análisis no escapa, por supuesto, al conflicto personal que el intendente Pablo Alexis Petrecca mantiene con el castellano hablado -y sus prenseros con el castellano escrito- que es intenso e incomprensible).

El “equipo” municipal encuadra la comunicación oficial en los modos retóricos de los actos escolares o en los modos retóricos de los templos evangelistas: tersos, vacuos e indemostrables, desde el testimonio tropezado del que cuenta una recuperación milagrosa hasta el éxtasis colectivo del “sí se puede” en letanía.

Y acá, creo, está la trampa. Ver en eso una carencia es un error. Nos equivocamos al tomar como criterio la vergüenza que sentimos al escuchar a ciertos funcionarios (del Intendente para abajo, casi todos) hablando, pero no porque no dé vergüenza, sino por suponer que la vergüenza inspira el rechazo de todos.

Es al revés: en muchos suscita adhesión. Por eso Petrecca toca el saxo con Facundo Arana, se saca selfies con Lerner, graba videos motivacionales, se venda los ojos para caminar por el centro simulando ceguera, entre otras vituallas. No podría dejar de hablar, así fuera un poquitín, en los actos partidarios o en las entrevistas radiales o televisivas; pero podría abstenerse de tocar el saxo, vendarse los ojos, grabar spots o selfiar y, sin embargo, no lo hace. Porque existe un singular aprecio por las taras y los impedimentos, por la disposición a ponerse en ridículo, y Petrecca cuenta con eso.

El Municipio (Petrecca) comunica por medio del completo vacío de un repertorio de frases hechas, de una plena conexión foniátrica, del más absoluto desamparo sintáctico, desde la angustia de no saber si podrá terminar de decir cada frase que ha comenzado a proferir.

El resultado es óptimo. Una auténtica proeza comunicacional: hacer poco con la nada, y que ese poco parezca algo, y que ese algo parezca mucho o demasiado.

No es simple la comunicación eficaz de un optimismo tan sin fundamento, que copa todos los dispositivos del discurso: el “llano” de las redes sociales; los productos audiovisuales que oscilan entre la gestión y el intimismo; la estética fotográfica que juega a ser conceptual y despojada; el enfoque de las noticias que buscan mostrar apertura y veracidad; y la propia forma cercana, no problematizadora y mayormente “apolítica” de enunciación. Todos los soportes son convergentes. Tienden a despolitizar, a la vez que asignan un valor negativo al pasado y uno positivo al cambio.

Petrecca habla poco y habla magro, entre la escasez y la nada. Un discurso que tiene poco para comprender y mucho para creer solamente, hablándole a la fe más que al entendimiento. Su trabazón lexical se confunde con la sinceridad, en el sentido de que el que engaña es hábil con las palabras, disociando el decir y el hacer, para que se suponga que el que no sabe decir se está abocando por completo al hacer.

El exfuncionario me convenció: para un proyecto como el que Cambiemos está llevando a cabo, es un modelo de comunicación a todas luces insuperable.

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

VIDEOS