Junín. lunes 22 de octubre de 2018
Semanario de Junín » Deportes » 1 feb 2018

LA CALIDAD NARRATIVA FUE SU MARCA DE AGUA

La nostalgia está de duelo: dejó de aparecer El Gráfico

Muchos deportistas juninenses pasaron por sus “tapas”.


Por:
ISMAEL CANAPARO

Para los lectores, los  periodistas y los amantes del fútbol, como así también del deporte en general, El Gráfico era un mito. Por eso su cierre definitivo, anunciado el martes último después de 99 años saliendo a la calle ininterrumpidamente, fue un golpe muy duro. La empresa Torneos, una productora de contenidos audiovisual dedicada a la transmisión y organización de eventos deportivos, y dueña de la revista desde 1998, informó que decidió “discontinuar la versión impresa” de la publicación. Fundada en 1919, habría festejado su centenario el próximo año. Rusia 2018 será el primer Mundial de fútbol sin la histórica publicación.

Recorriendo el nostálgico camino de la palabra escrita, varias generaciones de argentinos y latinoamericanos comenzaron el aprendizaje de la literatura futbolera aprendiendo a leer con la revista. No existía un jugador que no soñara aparecer en la tapa en alguno de sus 4.489 números, publicados con frecuencia semanal desde su fundación hasta 2002 y mensual desde ese año hasta enero de 2018, una baja en la periodicidad que también influyó en su declinación en el mercado. “Para cualquier jugador del fútbol argentino sólo existen tres sueños: jugar en la Primera de su equipo; salir en la tapa de El Gráfico; jugar en la selección nacional”, había dicho alguna vez Alfredo Di Stéfano.

Muchos juninenses fueron “tapas” de El Gráfico, una verdadera epopeya solamente destinada a los grandes triunfadores. Los que aparecieron en más de media docena de oportunidades fueron Luis Artime, Luis Angel Firpo, Osvaldo Zubeldía y Oscar Ortiz, en virtud de sus formidables campañas, legitimadas en varios años. También gozaron de esas mieles del reconocimiento, otros ilustres “patriotas” del deporte local, tales los casos de Eusebio Marcilla, Emilio Malchiodi, Aníbal Mosca, Jorge Ruíz, Mario Rizzi, Mario Raúl Pajoni, Agustín Cosso y Daniel Aréjula. Precisamente, estos dos últimos marcaron un detalle: Cosso fue el primer juninense en ser “tapa”, en la publicación del 16 de setiembre de 1933, mientras que Aréjula cerró la lista, con la edición del 8 de enero de 1985, junto a otros destacados del año: Márcico, Mouras, Francescoli, Prada, Bilardo, Bochini, Laciar y Pasculli, entre varios más. Habría que contabilizar también a dos emblemas de generaciones distintas, muy ligados a Junín, que aparecieron en la portada en infinidad de ocasiones: el chacabuquense Daniel Passarella (ex Sarmiento) y el rufinense Bernabé Ferreyra (ex B.A.P.).

Con respecto a “tapas”, El Gráfico pidió disculpas en 1963 por no haberle concedido en su momento una portada a otro brillante juninense, el atleta Juan Fusé, que se inició en el Club B.A.P. y luego realizó toda su carrera representando al River Plate capitalino. El “perdón” lo solicitó en el marco de un anuario que dedicó al club de Núñez, subrayando que resultó un “lamentable olvido”. Fusé fue por muchos años imbatible en el lanzamiento del martillo dentro del ámbito continental: dos títulos sudamericanos (Lima y Montevideo), nueve campeonatos nacionales, dos rioplatenses, dos metropolitanos y nueve interclubes.

Agustín Cosso tuvo dos tapas, la primera el 16 de setiembre de 1933 y la segunda el 2 de noviembre de 1935. Cosso, que brillaba en el plano local con la camiseta amateur de Sarmiento, militó durante cinco temporadas en Vélez (1933/36 y 1941, este último año con el equipo en Primera “B”). Jugó 130 partidos, con 98 goles. Lo curioso es que llegó de Junín como marcador de punta y en el club de Liniers lo catapultaron de centrodelantero. En el torneo de 1934 se originó su espectacular aparición, al extremo que la revista El Gráfico tituló: “Cosso, una verdadera explosión del fútbol del interior”, en una nota que firmó nada menos que Ricardo Lorenzo, Borocotó. Y tal fue el suceso que despertó, que de inmediato lo ratificó con goles, transformándose en el segundo artillero de la Primera “A”, con 33 conquistas en 39 encuentros, uno menos que Evaristo Barrera (Racing), aventajando por tres tantos al mismísimo Bernabé Ferreyra, que había pasado de Tigre a River Plate. Al año siguiente, 1935, fue el goleador exclusivo del campeonato con 33 goles en 34 cotejos jugados (un promedio de 0,97 por partido), ocho más que Bernabé. Ese brillante desempeño le sirvió para integrar el seleccionado argentino de 1935, que se clasificó subcampeón sudamericano, junto a otro juninense: Mario Raúl Pajoni (Platense). Luego, se incorporó a San Lorenzo, donde permaneció dos temporadas (1938/39, con 38 partidos, 34 goles). Posteriormente, firmó para Banfield (1940, 20 partidos, 11 goles). Su ciclo futbolístico culminó en Vélez, donde regresó en 1941, con el club en la “B”. Se despidió con 7 partidos y 3 goles. Su récord total dice que participó en 188 encuentros, con una marca de tantos extraordinaria: 143. “Ñara” Cosso fue DT del equipo amateur de Sarmiento, también del elenco profesional (1959/60) y del combinado de la Liga Deportiva del Oeste.

Seguramente, la de El Gráfico es la única colección bibliográfica del deporte argentino capaz de recoger su historia moderna. Puesto que recién comenzó a publicarse en 1919, y no como revista de deportes, sino de actualidades, al punto que en su primera edición tamaño diario-sábana, hace de portada, en fino papel ilustración, la Casa de Gobierno y una concentración política.

Todo el resto de la documentación histórica del deporte nacional está disperso. Carente de la continuidad de este semanario, que como tal cubría, por lo menos, una constancia de los principales sucesos. Nunca todos. En sus páginas se encuentran incomprensibles lagunas, o saltos, de hechos señeros de aquella historia, que el coleccionista debe cubrir con otras publicaciones igualmente inconsecuentes.

Asimismo, el recorrido del llamado “Gráfico de antes” (para significar desde 1919 a 1939, su ciclo más cotizado para los ávidos fanáticos de la nostalgia), es siempre un placer no menguado por sus comprensibles imperfecciones y por su no menos atendible candidez en muchos enfoques.

Durante esos años pasó por sus páginas quien seguramente más idoneidad analítica del deporte, y en particular del fútbol, dejó impresa en El Gráfico, Alfredo E. Rossi. Equilibraba Chantecler (ese fue su seudónimo, más popular que su apellido) los dos aspectos exigibles a un periodista idóneo: dominio jurídico del tema y versación crítica del juego. En ese sentido, no tuvo sucesores. Otros pudieron tener más trascendencia en la formación de la opinión pública, pero siempre parecieron comparativamente neófitos en el manejo de las bases legales del hecho deportivo. Rossi, como Dante Panzeri y Osvaldo Ardizzone después, llegó a ser importante factor en la redacción de los digestos que aún hoy rigen a nuestros deportes. Pero Rossi fue el que más “sabía de fútbol y sabía de reglamentos”.

Mucho antes de conocer la noticia del apagón definitivo de El Gráfico, habíamos retrocedido a aquellos días de nuestra infancia y adolescencia, palpando amorosamente aquellas hojas cambiadas de color por casi 100 años-luz. Fue una hermosa sensación de magia tropezar con documentos cuya lectura varía entre el deleite, la ironía, el humor, el asombro de lo nuevo que ahora es viejo. En fin, todo lo que tiene el tránsito por la nostalgia. En mi casa paterna podía faltar un pan, pero jamás un diario o una revista. Cada semana esperaba con enorme expectativa la llegada de dos publicaciones: El Gráfico y Billiken, depositadas puntualmente por Palito Salomón, el canillita del barrio. Lecturas imprescindibles antes de correr hacia el campito.

Según contó alguna vez en rueda de amigos el canillita Florentino Ibáñez, empresario local que en una larga franja de los 60 distribuía diarios y revistas en la ciudad, El Gráfico tuvo la mayor venta de ejemplares en Junín, incluso superando el fervor extraordinario que significó el ascenso a Primera de 1980, en la edición del 4 de diciembre de 1963. Días antes habían jugado Sarmiento y Unión, en el estadio verde, por la penúltima fecha del campeonato de Primera “B”. Si ganaba el local, el ascenso estaba al alcance de la mano. Pero venció el Tatengue por 1 a 0 y la revista tituló: "Unión le puso hielo al afán de Sarmiento”. El encuentro fue comentado por el uruguayo Emilio Lafferranderie (El Veco), quien en su párrafo final hizo la siguiente descripción de la hinchada local: “Ni escupitajos, ni insultos, ni piedras. Manos amigas, gritos de estímulo, aplausos. González (20 años de fotógrafo en El Gráfico) nos decía que jamás vio nada igual, tan tocante. Por eso es que Junín ganó dos puntos de oro, fundamentales, aunque Ferro haya quedado solo en la punta. Por eso la comparsa puede seguir marchando: Pepina con sus pantomimas, Burgos sin dejar el parche y Melatini con su campanilla de pastor. Desde acá los acompañamos. Uno… dos… tres. ¡Arriba Sarmiento...!”.

“A la semana siguiente, la venta de ejemplares fue copiosa, a raíz del triunfo de Sarmiento sobre Ferro, en Caballito, que obligó a un cuádruple desempate para un ascenso”, agregó Ibáñez. Ese partido, jugado en una caluroso tarde del 7 de diciembre de 1963, también quedó en manos de la pluma de El Veco, quien tituló: “El sol calienta y hay cuatro bajo la sombrilla”, con una bajada con foto y uno de los dos tantos que marcó Manuel Suárez: “Este gol cambió el torneo de Primera “B”. Finalmente, escribió: “Los jugadores de Sarmiento ($ 40.000 pesos a cada uno por el triunfo) arrojaron sus camisetas a la hinchada en gesto olímpico. Todo para ellos, para la “barra” seguidora. Mientras el drama invade el vestuario de Ferro, los de Junín piensan en Junín. Acarician el regreso. “¡Cómo debe estar el pueblo!”, dicen muchos. También lo imaginamos, cerrando los ojos, oyendo a la distancia el ruido de una comparsa y el tintineo de una campana: ¡Tin… tin… tin… Sarmiento de Junín…!

 

Dante Panzeri, un periodista de enorme gravitación

A casi 40 años de su muerte, Dante Panzeri es muchísimo más que una leyenda viva en el periodismo deportivo. En los últimos tramos del 50, tras las jubilaciones de Borocotó y Félix Daniel Frascara, asumió como director de El Gráfico, cargo que declinó después del Mundial de Chile del 62. Durante su gestión, le imprimió otro ritmo a la revista, dentro de una insobornable conducta repleta de convicciones, condenando los negocios de los dirigentes del fútbol. Tuvo una frase célebre que aún hoy resuenan en las redacciones: “Al fútbol de hoy le faltan tres cosas: dirigentes, decencia y wines”.

En rigor, Panzeri se adelantó a su tiempo. Es la referencia de todo lo que debe hacerse cuando uno se sienta a jugar a ser periodista. El Pelado hizo cosas que ya nadie hace y que algunos locos aún intentan rescatar: enfrentar a los corruptos y denunciar a los mentirosos. Defendía a ultranza la espontaneidad sobre la táctica. Solía decir que “la emoción del juego se la robaron los industriales del juego”.

Fue un hombre cabal, autentico y riguroso, pero especialmente dogmático. Se propuso darle prioridad a la ética, tanto de jugadores, atletas e hinchadas, fomentando lo que él llamó “Liga de la moralidad” en los estadios. En la redacción tuvo fieles seguidores, como Diego Bonadeo, Hugo Mackerns (Free Lance), Eduardo Llana, Juan Carlos Villa (Banda Bow) y Osvaldo Ardizzone, que por entonces cumplía tareas en la Editorial Atlantida. A Ardizzone lo “descubrió” tras largas charlas de fútbol. “Si usted escribe como habla, venga a trabajar conmigo”, lo convenció.

Sin embargo, el implacable dogma de Panzeri hizo catarsis en muchos lectores, que dejaron de seguir a El Gráfico. Como suele suceder, los amantes de la revista prefirieron lo más fácil: quedarse con la prosa en detrimento de la crítica.

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