Junín. miércoles 21 de febrero de 2018
Semanario de Junín » Locales » 12 feb 2018

UNA MIRADA A CONTRAPELO

Hospitales públicos para seguir repartiendo miseria

Triste polémica se ha desatado acerca de si Junín debe tener un hospital municipal para dar paso a la región en el uso del Hospital Interzonal de Agudos Abraham Piñeyro. Triste realidad de los pueblos en manos de políticos que no piensan más allá de sus narices.


Por:
OMAR MERAGLIA

Algunos intendentes de la zona mantuvieron un contrapunto acerca de si Junín necesitaba un hospital municipal, como para “liberar” la atención del HIGA a las necesidades de la región.

Esta suerte de debates causan inmensa preocupación y algo de pena, habida cuenta de que estos “referentes” parecieran mendigos juntando monedas para comprarse un palacio.

Al fin y al cabo sólo están administrando pobreza y se pelean por el reparto de la crisis, para ver a quién le tocará un poquito más de ella.

No vale la pena dar nombres de quienes se anotaron en esta discusión estéril, porque lo más importante es que no parecen tener noción de las flaquezas del Estado (en todos sus ámbitos geográficos) cuando se trata de brindar salud.

Reclamar atención a la región por parte del hospital interzonal resulta realmente penoso porque ya la atención que aporta el hospital a la salud de los juninenses es menos que mínima y sólo queda parte del espíritu de algunos profesionales que no quieren bajar los brazos del todo, aunque la tarea resulta agotadora.

Pedir la puesta en funcionamiento de un hospital municipal juninense equivale a preguntarse si el carro debe ponerse delante del caballo.

¿Para qué repartir la pobreza de su estructura sanitaria sin antes reclamar por políticas de salud verdaderamente comprometidas con la región?

No hay explicación lógica para pedir semejantes obras cuando la atención es a todas luces deficitaria; sólo se trataría de “vestir a un santo para desvestir a otro”.

No sólo contaríamos con un hospital interzonal de paupérrima condición, como ya tenemos, sino que además tendríamos uno municipal de las mismas características.

Hoy los intendentes son administradores de “maquetas” o de una realidad virtual que sólo ven en la pantalla de una tablet o en los archivos pdf a través de un proyector. Pero luego, nada. Humo.

Acaso quién en Nación, Provincia o Municipio puede prometer buena atención de la salud pública cuando los Estados la han abandonado a su suerte durante décadas, con sólo algunos atisbos de mejora que terminaron en la nada misma.

Incluso, Provincia tiene paralizadas obras que se iniciaran en el gobierno anterior y caprichosamente no las culminan.

Y cuando de salud pública se trata, no hay hasta ahora nada mejor que traer aquellas ideas sanitaristas de Ramón Carrillo quien durante algunas de sus conferencias magistrales de 1948, deja al descubierto la desidia que acompañó a la clase política argentina en los últimos 70 años.

Y es Carrillo quien pareciera contestarles a los funcionarios de turno, locales y de la región, cuando habla de que “el proceso de la civilización es material y el de la cultura, espiritual. El edificio del hospital, el laboratorio, el técnico, los instrumentos son civilización; pero el espíritu que mueve esas cosas será cartaginés o fenicio, si no adquiere un auténtico sentido cultural, es decir, espiritual”.

Y agrega que “lo que digo del médico lo puedo aplicar al pueblo. No basta la presencia física del hospital, que sólo resuelve un problema de socorro individual. Es condición ‘sine qua non’ que ese hospital tenga un espíritu y un sentido cultural. Es necesario simultáneamente educar al pueblo para que pueda comprender las más altas expresiones de la cultura sanitaria, como es la medicina preventiva. Los pueblos del interior, sin asistencia, viven en la prehistoria. He dicho. Hay que llevarles la civilización que es el hospital. En los pueblos que ya tienen hospital, hay que llevarle al hospital un nuevo espíritu y al pueblo la cultura sanitaria, que es la medicina preventiva, síntesis del concepto de salud”.

Abrevar en los archivos hospitalarios nos demostrará la involución adquirida a pesar de la evolución científica. Mismas enfermedades, para las mismas clases sociales, Desinformación, desatención y desprecio.

NO ES PARA TODOS

Y todos sabemos (y mucho más los funcionarios) que la atención de la salud no es “para todos y todas”, sino para quienes tienen posibilidades económicas para adquirirla. Y que hay una atención de primera y otra de cuarta. ¿Y adivinen quién ofrece cada una y dónde se atiende la casta política?

Y si la política como tal, requiere previamente una organización de ideas y de principios que pueden constituir o no un sistema, pero que tienen un fin práctico inmediato y ese es el manejo racional de la cosa pública en servicio del bienestar general -del bien común- de los habitantes de determinado país, pueblo o nación. La pregunta que nos hacemos es: ¿hay una concepción de ideas o simplemente asistimos a chicanas partidistas para ver quien es soldado y quien sargento o capitán?

¿Es posible que este grupo de “iluminados” se ponga a debatir cómo se reparte lo poco que tenemos o se deben poner de acuerdo y aprovechar esa sinergia para reclamar –juntos y a grito pelado- ante estamentos más altos una verdadera atención de la salud de la sociedad?

Dejamos alegremente en manos privadas los negocios sanitarios de la población poniendo en riesgo a cada uno de los vecinos que quedaron rezagados en la pirámide social y terminan pidiendo para ellos un reparto miserable de la nada misma.

Porque nadie de los que lanzó advertencias respecto a la creación o no de un hospital municipal juninense parece tener en cuenta las premisas de verdaderas políticas sanitaristas.

Lo ideal sería precisamente que los hospitales no existieran, pero si bien en ello se concibe una utopía, para llevarlo a su máxima expresión habría que considerar fuertemente el desarrollo de la medicina social (de la cual ya hemos hablado expresamente desde estas páginas), de ese modo tendríamos contempladas las tres ramas: asistencial para el enfermo, sanitaria como cultura y social llegando a todas las capas –principalmente las más vulnerables- de la población.

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

Y después de 70 años seguimos haciéndonos las preguntas que se hacía Carrillo, como por ejemplo: “¿Cómo puede enorgullecerse la medicina de aplicar sus técnicas cada vez más perfectas para resolver situaciones individuales, si por cada caso que resuelve tiene infinidad de problemas colectivos de salud que nunca podrán ser resueltos por iniciativa personal del médico?”

Y volvemos a poner sobre la mesa la política “social”, esa que para tantos hoy día parece generar alergia en esta sociedad tan “europeizada” tomando en consideración las declaraciones de nuestro Presidente de la Nación.

Y seguimos olvidándonos del resto, porque como sostenía Carrillo “los problemas de la medicina, como rama del Estado, no podrán ser resueltos, si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede existir una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría, tampoco puede existir una medicina destinada a la protección de la colectividad sin una política social bien sistematizada para evitar el hambre, el pauperismo y la desocupación”.

Y entonces necesitamos cada vez más medicina asistencial por no dedicarnos a la medicina social y todo es más sufriente, trágico y… disparatado.

Y queda reiterado eso de poner el carro por delante del caballo.

Y reiteramos las discusiones estériles.

Y seguimos haciendo las paradas antes de tener los colectivos, porque a la clase política le preocupa su inacción mental que creen suplir con hacer cosas a tontas y a locas.

Porque no piensan ideas en conjunto sino que lanzan espasmódicas propuestas sin sustento. Sólo buscan sacar el agua del bote haciendo nuevos agujeros.

PRODUCTORES DE ENFERMOS

Y reclamamos más hospitales pero no vamos al núcleo del porqué se produce la enfermedad, así como pedimos más cárceles sin ir al origen de la violencia.

Ya Carrillo llamaba la atención acerca de que “si se estudian sectores sociales diversos, se comprueba que entre los más pobres y dentro de una misma ciudad, allí donde hay subalimentación, mala vivienda y escasos salarios, la longevidad es menor, la talla y el peso más bajos y el coeficiente de inteligencia también más bajo. La condición social, constituida por el régimen de trabajo y las formas diversas de existencia, determinan índices de morbilidad y de mortalidad también diversos. En los estratos sociales populares hay más enfermos y más fallecimientos. Las diferencias hacia abajo de orden económico- social son, pues, causas de esos índices de morbimortalidad más elevados. Este es un hecho que nadie discute aquí ni en ninguna parte”.

Y los funcionarios piden hospitales mientras hacen la vista gorda respecto a la fuerte contaminación producto del desorden y el abuso en el uso de agroquímicos, no buscan controlar la presencia del arsénico en las aguas subterráneas que se usan para dotar a las poblaciones. Prefieren hacerse los ciegos, sordos y mudos frente a la probabilidad de que alguna de las industrias de la región esté contaminando aire, tierra y agua.

Y apoyan la sangría sobre los sueldos de los jubilados y el amarretismo estatal en la provisión de medicamentos.

Y ya en aquellos tiempos el sanitarista hacía hincapié en que “el costo de los medicamentos es, evidentemente, una cuestión que tenemos que resolver y que todavía no tiene visos de solución (…) Hay que buscar la materia prima, facilitar el desarrollo de la industria privada y hacer que el pueblo pueda disponer de medicamentos tipificados y estandarizados. En estos momentos, solamente el 30% o 35% de la población compra medicamentos, porque son sumamente caros y no están al alcance de todos. Sólo puede solucionarse eso con una industria adecuada, encauzada por el Estado, a fin de producir medicamentos tipificados a bajo costo para los sectores menos pudientes, sin perjuicio de aquellos que por su presentación pueden calificarse de “lujosos” (…).

Y para no ser generadores de una fábrica de enfermos Carrillo apostaba a que “el hospital con el tiempo no sólo será un lugar de asistencia, de tratamiento, de investigación científica, de profilaxis, de sanidad, de servicio social, sino que será también un centro de cultura. Anexaremos a los hospitales salones de actos y proyectores cinematográficos para educar a la población; para enseñarle a cuidar su salud, que no sólo le pertenece a ella, sino que es de toda la Nación”.

Y la actualidad es angustiante cuando vemos que el hospital no es un ámbito de cultura sanitaria, lejos está de brindar ese tipo de contención, sino que se asemeja más a un ámbito abandonado e irrespetuoso hacia quienes llegan allí para sanar sus dolencias.

Y los funcionarios piden un hospital, y cuando los hay, terminan siendo como los de los estudios de cine, una simple pared delantera con la fachada, mientras por detrás no hay nada que indique que allí se dará atención prolija y acorde a la salud poblacional.

Y en ese nivel transcurre el debate, pidiendo obras faraónicas pero de cartón. Cortando cintas inaugurales cuando se acercan los comicios y queriendo quedarse en el poder, ese que los nutre de egos y les bloquea las ideas, haciéndoles repetir cantos de sirenas que ya no engañan a todos, sólo a unos pocos.

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