Junín. sábado 22 de septiembre de 2018
Semanario de Junín » Locales » 3 abr 2018

editorial

Un culpable, siempre presente

Quienes hacemos periodismo profesional desde hace años fuimos críticos (no opositores, críticos, independientes, no alineado, autónomos) de Abel Miguel y los suyos, de Mario Meoni y los suyos, y ahora gobierna Petrecca y los suyos. No vamos a cambiar.


Por:
Redacción Semanario

A ningún poder le resultan agradables las críticas, señor intendente Pablo Alexis Petrecca, y en eso va el deseo de controlar lo que el periodismo quiere saber, evidenciando reticencia a exponerse a ciertas preguntas.

Para quienes hacemos Semanario, el rol del periodismo en la sociedad es averiguar, contar, controlar, analizar, pensar. Dicen que hacer periodismo es contar lo que alguien no quiere que se sepa. Quizá, entendemos, sea contar lo que muchos no quieren saber. Por eso insistimos, quizá imitando un poco el periodismo de los años 60 y 70, en intervenir intelectual y políticamente, dialogando desde la crítica con el poder, teniendo como proyecto una disrupción estética en el establishment, querellando con los medios desde los mismos medios, sin aceptar jamás sus condiciones complacientes.

Es cierto que desde hace mucho tiempo, provenientes de diversos sectores de la sociedad, se le suelen cargar al periodismo todas las desgracias imaginables, tanto en hechos como en circunstancias, pasando por los fatalismos y las atrocidades, como si fuera “un culpable, siempre presente”. Creemos que su gestión apunta al mensajero y su respuesta a nuestro requerimiento periodístico (leer Petrecca, soldado desgastado) echa luz al asunto.

Tenga presente, señor Intendente, que cuando una persona, entidad, organismo o lo que sea, se siente agraviada por artículos publicados en este medio, cabe perfecto derecho a reclamar rectificaciones o aclaraciones, aportando información y documentos que fundamenten su postura y desmientan lo editado, tanto por sus redactores como editores y columnistas. En dos años de Semanario, una sola vez nos llegó una “queja” (Lisandro Benito) y le dimos espacio para la aclaración. Una vez en dos años. Pero algo debe quedarle claro al autor de la “queja”: no hay una campaña en su contra desde estas páginas. Si la hubiera, no vacilaríamos en ponerla al descubierto.

El filósofo Jacques Ellul tenía razón: no estamos amenazados por un exceso de información sino por un exceso de insignificancia. Y eso le conviene. El periodismo que distrae y aturde, que admite todo y lo contrario de todo, es arrastrado por un engranaje paroxístico. Ese es el que le gusta al poder. Por otra parte, el periodismo que enriquece, que ayuda a reflexionar, que vincula el lector a los demás y al mundo, es útil. Ese es el que le gusta a Semanario.

En rigor, el periodismo gana en la medida en que no se vincule a los poderosos ni a nadie. En la medida en que haga su trabajo obstinadamente y nada más. Ir a ver, dar testimonio; buscar, confrontar, cuestionar. Dudar, verificar, entender. Y luego contar lo que se vio y se entendió y encontrar las palabras para contarlo y hacer sentir, ver, comprender. Es fácil, es difícil, es fundamental. Es un arte. Ningún hecho sin idea, ninguna idea sin hechos. El lema del New York Times lo sintetiza: “todas las noticias que merezcan ser impresas”.

Quienes hacemos periodismo profesional desde hace años fuimos críticos (no opositores, críticos, independientes, no alineado, autónomos) de Abel Miguel y los suyos, de Mario Meoni y los suyos, y ahora gobiernan Ud. y los suyos. No vamos a cambiar. Entendemos al periodismo como un anticuerpo contra los problemas del presente, gobierne quien gobierne. Nosotros no cambiamos. Cambió de gente el Palacio Municipal, llegó con su propio plan, sus aciertos y sus desaciertos, sus conflictos de todo tipo, sus misterios y sus lados ocultos, que son los que más nos atraen saber.

Claro que un problema de cierto periodismo local es que puede pensar los problemas en términos de "respiro para Cambiemos" o algo así. Los aumentos de tarifas, la inflación, el ataque a la educación y a la salud pública, etcétera, son los temas, más allá de cómo impacten sobre los veinte tipos que nos gobiernan. El periodismo que nos interesa es el que trata de contar cómo impactan sobre, pongamos, 70 mil almas.

Su gobierno, de centro derecha contemporánea, tiene ciertos reflejos democráticos, pero ninguna intención, como es lógico, de crear una sociedad más justa en su reparto de la riqueza, de las opciones, de la vida. Un gobierno de privados, de gente que fue, en su enorme mayoría, a colegios privados, universidades privadas, hospitales privados y algún barrio privado: que viven en esa Argentina privada que empezó a construir el golpe del 76 y que no la van a cambiar.

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