Jun铆n. martes 20 de noviembre de 2018
Semanario de Jun铆n 禄 Cultura 禄 3 may 2018

FIGURA DESTACADA DEL 50

Francisco Rotundo, la orquesta que tuvo a los mejores cantores

Si bien es cierto que su orquesta no alcanz贸 a consolidar un sello identificatorio en cuanto a "estilo", como otras t铆picas (Pugliese, D鈥橝rienzo, Basso, Salg谩n, Troilo), vale destacar que siempre luci贸 compacta y enteramente al servicio de los cantores, exquisitas figuras como Floreal Ruiz, Enrique Campos y Julio Sosa.


Por:
ISMAEL CANAPARO

Para los nostálgicos y los conocedores del tango que siguen reivindicando su estilo, la orquesta de Francisco Rotundo tuvo un denominador común: la calidad.  No alcanzó la popularidad de otras agrupaciones, pero formó parte de esa dinastía que marcó la mejor época del tango. Se caracterizó por elegir cantores de enorme brillantez y de gran protagonismo popular, tales los casos de Mario Corrales, Horacio Quintana, Aldo Calderón, Carlos Roldán, Floreal Ruíz, Enrique Campos, Julio Sosa, Jorge Durán, Ricardo Argentino, Alfredo Del Río y María de la Fuente. Al respecto, la historia dice que fue uno de esos directores que quedaron ocultos tras el resplandor encandilante de sus vocalistas.

Francisco Luis Rotundo nació el 4 de noviembre de 1919, en el porteño barrio de Belgrano. Sus inicios profesionales se remontan a 1947, cuando debutó en el escenario del Café Nacional. Como pianista, se destacó en numerosas orquestas y compuso un tango en homenaje al club de sus amores: Estudiantes de La Plata. Murió el 26 de setiembre de 1997, a los 77 años.

Vencedor de un concurso de orquestas celebrado en 1944 en el bravío Palermo Palace, de la calle Godoy Cruz, y encaramado al mítico palco del café El Nacional en 1947, a Rotundo no le faltaron éxitos de compositor (“Un remordimiento”, “Un infierno”), a veces con letras un tanto disparatadas pero eficaces de Reinaldo Ghiso. En todo caso, y a pesar de sus limitaciones, Rotundo logró situarse como uno de los grandes protagonistas del tango, especialmente en la década del 50.

Su discografía completa (hoy solamente hallable en la página “El Tango y sus Invitados”, consta de 74 registros, iniciando la serie en 1948 con “Serenata del candombe”, por el uruguayo Carlos Roldán y “Sur”, de Aníbal Troilo y Homero Manzi, con la voz de Floreal Ruiz. El excepcional “Tata”, que venía de Troilo y de los arreglos de Argentino Galván, acentuó su personalidad con Rotundo hasta lograr inmejorables versiones de “Infamia” (con un Discépolo poco frecuentado), “Melenita de oro”, “Muchachos, silencio”, “Mis delirios”, “Aquel tapado de armiño”, “Sobre el pucho”, “Tras cartón” o “Bandoneón arrabalero”, obra antológica de Juan Bautista Deambroggio (Bachicha) y Pascual Contursi. En el haber de Floreal se destaca también, entre otros, “Esclavas blancas”, pieza de denuncia social que generó un gran escándalo por su crudeza.  

Abundan en todos sus registros dejados por Rotundo, versiones que resultaron de enorme suceso en su momento. Es el caso de “Ebrio”, de Rafael Rossi y José Rial, y “Por seguidora y por fiel”, de Ricardo Brignolo y Celedonio Flores, con un Enrique Campos ya en declive, o de “Puente Alsina”, de Benjamín Tagle Lara, y “Disfrazado”, de Antonio Tello y Alejandro Da Silva, con el magaldiano Alfredo del Río.

La etapa rotundiana de Julio Sosa, posterior a la del uruguayo con Francini-Pontier, fue un tanto peculiar porque El Varón del Tango comenzó a tener problemas con sus cuerdas vocales, resueltos luego en el quirófano. Casi ronco grabó su excelente lectura de “Justo el 31”, de Discépolo. Del binomio Rotundo-Sosa quedaron magnificas muestras, entre las que sobresalen “Yo soy aquel muchacho”, del inspirado Joaquín Mauricio Mora, “Pa´mi es igual”, brillante letra de Enrique Cadicamo,  “Mala suerte”, de otros dos Franciscos: Lomuto y Gorrindo, “Secretos”, también de Discépolo, “Levanta la frente”, de Antonio Nápoli y Agustín Magaldi, “Dios te salve m´hijo”, de Magaldi y Pedro Noda, y “Bien Bohemio”, de Juan Pomati/Ernesto Rossi y Sara Rainer-.

Rotundo, con un primer bandoneón como Tití Rossi, también arreglador de la orquesta, y el violín de Osvaldo Rodríguez, podía permitirse asimismo algunos lujos instrumentales. Pese a que siempre prefirió recostarse en el atractivo de grandes cantores, entre los que también se contaron Jorge Durán y María de la Fuente, dejó un conjunto de excelentes versiones orquestales. Por encima de todas, es oportuno mencionar a “Marejada”, uno de los tantos sugestivos tangos descriptivos que compusiera Roberto Firpo. Otros instrumentales, como “Mi dolor”, de Carlos Marcucci, “Entre sueños”, de Anselmo Aieta y “Para florearse”, de Eduardo del Piano, ratifican el buen criterio con que Rotundo conformaba su repertorio,

Lamentablemente, en la Argentina existe una especie de tradición arcaica que ha llevado al exilio a grandes próceres de su historia y lo mismo ha sucedido con artistas, músicos y cantores. Rotundo estaba casado con Juanita Larrauri, que dejó el canto y los radioteatros por la política, adhiriéndose fervorosamente al peronismo, cuando éste nació. Gran amiga de Evita, con quien coincidió cuando eran artistas de Radio Belgrano, se volcó a la política y fue senadora por el partido peronista. Con el gobierno militar que derribó a Perón, fueron prohibidos Hugo Del Carril, Discépolo, Nelly Omar, Cátulo Castillo, ella y otros artistas del tango. Como le había sucedido a Libertad Lamarque o Pugliese con el peronismo. También Rotundo, que era una bellísima persona, según concuerdan todos,  sufrió esa persecución y debió abandonar el tango y volver a la papelera de su padre.

Abel Palermo, cantor y colaborador de la página “Todo Tango”, fallecido en abril de 2014, trazó una bonita semblanza sobre Francisco Rotundo, no escatimando detalles: “Fue una orquesta prolija, acompasada y, por sobre todo, al servicio del cantor, quien podía desarrollar -cualquiera fuere su estilo-, todo su potencial vocal, su personalidad, su fraseo, en una simbiosis que daba por resultado, una perfecta armonía entre la música y el canto. Así desfilaron por su formación cantantes de la talla de Carlos Roldán, Mario Corrales (Mario Pomar), Floreal Ruiz, Enrique Campos, Julio Sosa, Jorge Durán y Alfredo Del Río, todas voces que lograron llegar al alma del público tanguero.

A los 17 años arma su primera formación y en 1944 gana un concurso de orquestas típicas que se realiza en el tradicional salón Palermo Palace. Debuta en los carnavales de 1945 en el club San José de Flores del barrio homónimo, colaborando en la presentación y glosas, el poeta Carlos Waiss.

Durante 1947, triunfa en un palco tanguero de la calle Corrientes, nada menos que en el Café Nacional. A partir de ese momento su orquesta, con arreglos del primer bandoneonista Enrique Rossi, y en cuya línea de fueyes participaba también Luis Stazo, comienza a desarrollar una importante participación en los bailes. Sus cantores eran Horacio Quintana y Aldo Calderón.

Pero no era lo que pretendía Rotundo. El observaba que en las más importantes orquestas el éxito pasaba, fundamentalmente, a través de sus vocalistas. Llegó a la conclusión con su amigo músico y arreglador Tití Rossi, que debía contratar a vocalistas de gran cartel. Por tal motivo, a fines de 1948, convocó a Carlos Roldán que estaba en Montevideo y después, en marzo de 1949, a Mario Corrales, que había dejado la orquesta de Osmar Maderna. Este último permanece un año, para luego pasar a la orquesta de Carlos Di Sarli, quien le cambia el nombre por el de Mario Pomar.

Luego de los carnavales de 1949, Rotundo seguía con la idea de incorporar a una figura consagrada. Le sugiere a Rossi tentar a Floreal Ruiz en pleno éxito con Aníbal Troilo. Parecía imposible concretarlo,  pero luego de varias reuniones lo convenció al Tata, con una propuesta de $ 100.000. Parte de ese dinero sirvió para indemnizar a Troilo y a la RCA-Víctor. Además de esa plata, record para la época, firmaron un arreglo de $ 3.000 por mes durante 40 meses.

En julio de 1948, Floreal Ruiz abandona a Troilo y debuta en octubre con Rotundo. La orquesta a partir de ese momento pasó de hacer tres shows por mes a más de veinte, en los mejores cabarets. También llegó la radio y la época de los éxitos discográficos. La excelente campaña de Floreal con Rotundo se desarrolló desde 1949 hasta 1957, quedando grabados 25 temas, algunos de gran suceso, como “Un infierno”, “Melenita de oro”, “Infamia” y “Esclavas blancas”.

En 1952, Rotundo produce un nuevo impacto comercial con la contratación de Enrique Campos, quien logra desarrollar con él una de las etapas más brillantes de su carrera, dejando grabadas obras de antología, como los tangos “Libertad”, “Llorando la carta”, “Ebrio”, y quizás la más perfecta interpretación a dúo, con Floreal Ruiz del vals de Charlo y José González Castillo, “El viejo vals”, récord de ventas.

En 1953, al desvincularse Julio Sosa de la orquesta Francini-Pontier, es tentado por Rotundo a integrarse a su equipo. Le ofrece la suma de $ 5.000 por mes. Este acepta inmediatamente. Durante los dos años que Sosa permanece con la orquesta, logra lo que sería luego, el estilo que lo impondría como solista y que lo llevaría a ser una de las grandes voces del tango. Sus temas: “Justo el 31”, “Mala suerte”, “Bien bohemio”, “Levanta la frente”, “Dios te salve m'hijo” y  “Secreto”, batieron todos los pronósticos comerciales.

Al final del año 1955, también tuvo su paso por la orquesta otro gran vocalista, Jorge Durán, quien deja grabados dos temas, el vals “Poema para mi madre” y el tango “Sus ojos se cerraron”, registrados en el mes de diciembre de ese año.

La última gran contratación de Rotundo fue la del cantor Alfredo Del Río —aquella voz de Alfredo Gobbi— testimonio de lo cual son sus dos registros: “Todavía estas a tiempo” y “Destino en flor”. El último cantor de esta etapa tan brillante de Rotundo fue Roberto Argentino, quien graba un solo tema el tango, “Qué tarde que has venido”.

A raíz de la más cruel persecución política y por sus ideas peronistas, fue prohibido como tantos hombres del mundo de la cultura nacional y popular. Su esposa, la destacada cancionista Juanita Larrauri, también fue perseguida y terminó encarcelada por haber sido amiga personal de Eva Perón y senadora de la Nación. En su encierro compartió horas con un señor en la vida y en el arte don Hugo Del Carril. A causa de estos episodios, Rotundo volvió a su empresa papelera.

Como compositor junto a Reinaldo Yiso, logró un significativo éxito con el tango “Un infierno” en las versiones de Floreal Ruiz y Alberto Morán, además compuso el tango instrumental “Para florearse”, “Siempre tu voz”, “Rezongo malevo”, “Un cariño”, “Sin remordimiento” y junto a Ernesto Rossi un tango dedicado al club de fútbol Estudiantes de La Plata.

A fines del 60 abandona la conducción de su imprenta y vuelve por unos años a su viejo amor; la música. Convoca a su amigo y hermano Tití Rossi e inaugura primero en el barrio de Liniers y luego en Villa Luro, su local La Casa de Rotundo, donde armó una nueva orquesta. Por ese escenario pasaron figuras estelares de nuestra música ciudadana: Jorge Casal, Carlos Roldán, Alfredo Del Río, Mario Bustos y Alfredo Dalton, también el maestro Horacio Salgán”.

Cuando El Tata y Julio Sosa hicieron temblar la arboleda del Club B.A.P

 

En una calurosa noche del 26 de noviembre de 1954, más de cinco mil personas se juntaron en las instalaciones del Club B.A.P. (Hipólito Yrigoyen y Laprida), para no perderse detalles de la presentación de la orquesta típica de Francisco Rotundo, con sus cantores Floreal Ruíz y Julio Sosa. La expectativa por ese baile fue tan extraordinaria, que los dirigentes tuvieron que habilitar las boleterías por la mañana, desde las 10.

Para ir preparando el terreno de lo que se vendría, Rotundo arrancó con tres instrumentales, en un baile donde nadie bailaba: “Entre sueños”, “Para florearse” y “Mariposita”. La primera ovación de la gente fue para Floreal, con “Melenita de oro” y “Cómo le digo a la vieja”. Poco después, el palco pareció tambalear cuando Julio Sosa encaró “Yo soy aquel muchacho”, “Justo el 31” y “Pa´mi es igual”. El recital siguió con El Tata: “Esclavas blancas”, “Tras cartón”, “Alma de loca”, “Muchachos, silencio” y “Milonguera”, entre tantos otros registros. El Varón del Tango volvió a conmover a la muchedumbre, entonando “Levanta la frente”, para cantar poco después “Carnaval”, “Mala suerte” y “Farolito viejo”.

En definitiva, Rotundo actuó dos veces en Junín. La primera había sido cuatro años antes, el 23 de diciembre de 1950, ahora en el Parque Español, con las voces de Carlos Roldán y Floreal Ruiz.

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