Junín. miércoles 26 de septiembre de 2018
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LECTURA

Los evangelios apócrifos del fútbol

Pedro Saborido escribió un puñado de cuentos relacionados con el fútbol, donde vuelve a desplegar el humor absurdo que le conocemos, para desacralizar todo lo que rodea con nuestro deporte popular.


Por:
JOSE LUIS VISCONTI

El arte está en manos de gente seria, que ha generado la mayor de todas las confusiones: que el trabajo serio se confunda con la seriedad del tema.

El humor entonces, cuando no está mal visto, es minimizado.

Por eso se resistió a Osvaldo Soriano. O a Roberto Fontanarrosa. Ambos condenados por la pertenencia a un género “menor”, antes que por su trabajo literario.

No es casual la mención a esos autores. Y es que esta particular “Historia del fútbol…” escrita por Pedro Saborido, se ampara en una suerte de padrinazgo, de línea rectora que trazaron ambos a partir de la relación de sus textos con el fútbol: esa mirada lateral que se desplaza de la épica de los triunfadores, para rescatar esas pequeñas victorias –o derrotas, por qué no- morales encarnadas en un personaje.

 

LA MIRADA LATERAL

 

Lo que queda claro –como en Soriano y Fontanarrosa- es que a Saborido no le importa la recompensa del academicismo. No está buscando ser aceptado por esa pléyade de intelectuales que dictaminan la existencia de un canon que hay que respetar y venerar.  Hay una evidencia incontrastable de que su escritura se rige por el principio del placer. Entonces, escribe con la suficiente libertad como para desprenderse de la mayor parte de los lastres que inundan la literatura argentina. Ni rebuscamientos ni experimentaciones formales: su público potencial viene marcado por su trayectoria que comienza con el humor en Radio Mitre –su dúo con Quiroga en la década del 80- y que encuentra su coronación en el absurdo desquiciado, anárquico, proto-comunista de “Peter Capusotto y sus videos”.

Hay en este último espacio, signo de resistencia contracultural enquistado en la televisión, un punto de partida para entender el libro, casi como si se tratara de un bonus track. Lo que en la tele aparece como una mirada desprejuiciada, ácida, sobre la mitología musical argentina en general (Bombita Rodriguez, Violencia Rivas) y sobre el rock en particular (Pomelo), en el libro se desplaza hacia el universo futbolero. Pero esa mirada no se concentra en lo que ocurre dentro del campo de juego, o al menos no lo hace primordialmente. Lo que el propio autor reconoce como una carencia de espíritu futbolero, le permite encauzar sus relatos hacia lo que rodea al fútbol: no importa tanto el partido, como lo que ocurre en las tribunas, en los pasillos, en las cabinas de transmisión.

Saborido toma entonces prototipos, modelos, para luego manipularlos según su interés. Para subvertirlos, en definitiva. De allí que estos cuentos breves –la mayor parte fluctúan entre las cuatro y las seis páginas- se instalan en el territorio que lleva de la realidad al absurdo sin forzamientos. Lo que hace que más allá de su carácter ficcional, funcionen sobre un verosímil que se sostiene en el absurdo que el fútbol como evento y negocio genera sobre sí mismo.

 

UN FOLKLORE ABSURDO

 

Un relator de fútbol entrenado en el arte de la metáfora. Un locutor de tandas que ostenta el record de ser el más rápido del mundo. Un director técnico que cree ser la encarnación de Dios en el fútbol. Un jugador que solo puede jugar bien mientras relata sus acciones creyendo que es el Puma Morete. Saborido observa esos elementos propios del folklore futbolero para disparar una corrosividad que no deja en pie ninguno de esos mitos, pero a la vez conservando esa mirada de cierta ingenuidad con que nos hemos acercado al fútbol cuando eramos niños y con un lenguaje cuyas formas recuerdan a los de los personajes que encarna Diego Capusotto.

Pero donde el libro consigue mayor interés es en la descripción de hechos que se escapan de la cotidianeidad y se dispersan en un espacio que excede el campo de juego. La historia de la gambeta más larga del mundo, quizás sea el ejemplo más concreto y delirante. O la del panchero que después de descubrir que le robaban, decidió ponerse de frente a la tribuna aunque sabiendo siempre, y sin ver, lo que ocurría a sus espaldas. O la de la hinchada de Berezategui que de pronto deja de existir porque es apenas la ilusión de una mujer. O la del jugador que sueña una y otra vez con el foul que va a cambiar su vida. O la del policía que puede descubrir cosas cuando palpa a los espectadores al entrar a la cancha.

Saborido entiende que la fórmula del humor se resume en la capacidad de colocar las cosas en un lugar diferente al que les corresponde, desencajando pensamientos, situaciones y personajes. Introduciendo el absurdo que proviene de la relación entre el pensamiento filosófico o psicológico con  el mundo puramente físico del fútbol y su entorno, consigue el efecto múltiple: mientras ingresa en el territorio humorístico, desacraliza la impronta marketinera y de negocio para regresar a la esencia del juego como forma básica para entenderlo. De allí que su historia del fútbol, tan poblada de referencias a Victoriano Arenas o El Porvenir, de personajes inexistentes –pero que merecerían vivir-, de actitudes que se escapan hacia los límites de la insanía, de textos supuestamente ajenos situados en libros apócrifos, debe entenderse como una extensión de esa idea de juego. A fin de cuentas, escribir no deja de ser eso, lo que lo emparenta con el fútbol: un juego que se disfruta y se comparte con los otros.

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