Junín. martes 18 de diciembre de 2018
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campeon argentino

Pokemón: “Me mandé varias cagadas, pero ese fue mi pasado malo, ahora estoy bien”

A su casa de Bentancourt y Almirante Brown se llega esquivando charcos que el agua se empecina en dejar, luego de algunos días de lluvia. Las paredes faltantes de revoque fino y los muebles sencillos muestran algunas carencias materiales, pero en el hogar se respira un clima calmo, con sus hijos jugando tranquilos en la vereda, en una alfombra sobre el piso de tierra, mientras Mariana, su señora, ve algo en la tele.


Por:
Javier Leguizamón

En la sangre y en los sueños de su viejo estaba grabada la historia. Y no le importaron las críticas por tanto nombre. Pablo Oscar Natalio Farías. Pablo tal vez por cumplir algún deseo, pero Oscar Natalio, para que no escapara al destino. Y ‘Pokemón’ cumplió, pocos años más tarde. “Me mandé varias cagadas, pero ése fue mi pasado malo, ahora estoy bien, en mi mejor momento”.

Hijo de boxeador, Pablo se crió entre guantes y peleas. Con poca bolsa, casi nada de entrenamiento ni gimnasio, y mucho de curioso, decidió acompañar a un amigo a Los Toldos. Al promotor le falló el fondista, y la velada se caía. Para acomodar la situación, lo tentaron. Le avisaron al boxeador y le advirtieron ‘ojo con el pibe, no vayas a lastimarlo, que te zafó la noche’.

“Arrancamos normal, pero en el último round la pelea  fue muy en serio”, cuenta hoy Pokemón y larga la sonrisa. “¡Y le gané!”, exclama.

Aquella primera vez ligó una bolsa con poco dinero pero colmada de ilusiones. “Gané 35 pesos, un choripán y una coca, y fui fondista,  mirá qué debut, recuerda. “Le arruiné la fiesta”, agrega con picardía. Lo que no sabía era que ese combate a 50 kilómetros  de Junín y ese fondo de favor, marcarían el inicio en el mundo del box. Tenía apenas 16 años.

En su habitación descansa el cinturón que obtuvo en la Federación Argentina de Box hace quince días como campeón crucero, luego de ganarle  al santafesino José Gregorio Ulrich en fallo dividido después de diez rounds. Tuvo un gran reconocimiento en otro templo que ama, cuando Sarmiento jugó ante San Martín de Tucumán el partido de ida por el ascenso a primera. En el descanso del duelo, sonrió y levantó sus trofeos: su cinturón en una mano, la camiseta del verde en la otra.

Pablo Oscar Natalio pasó a ser “Pokemón” hace muchos años, y construyó una carrera de varios éxitos deportivos y algunos fracasos personales. Ostenta un récord de 30 triunfos, 17 antes de lo estipulado, y sólo tres derrotas. Fue campeón latino supermediano de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) y de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).

Arriba del ring ganó mucho más de lo que perdió y abajo se golpeó duro y le dolió más. Anduvo en la mala pero demostró ser de raza fuerte y se recuperó. En 2011, en un hecho no esclarecido y mientras andaba en su moto por Junín, recibió dos balazos, uno en una mano y otro en una pierna. Se alejó del ring. “Me freezaron”, grafica.

Encontró refugio en el Sindicato de Camioneros, su trabajo que hoy conserva. Y desde allí, comenzó una nueva reconstrucción. “Siento que nunca me fui del boxeo, las veces que estuve parado, una vez por lesión (en 2011), después por decisión de Moyano, que es mi jefe y el que paga mi sueldo, y nunca más. Estuve parado, ‘como en penitencia’, pero nunca me sentí lejos del boxeo”, cuenta.

Ahora está con la mira puesta en volver a reinar, entrena a las órdenes de un ex campeón mundial, el “Gordo” Marcelo Domínguez, y cuenta con el apoyo de Ariel Castillo, el profesor-atleta que lo acompaña y ayuda a ponerse en condiciones (ver recuadro).

A su casa de Bentancourt y Almirante Brown se llega esquivando charcos que el agua se empecina en dejar, luego de algunos días de lluvia. Las paredes faltantes de revoque fino y los muebles sencillos muestran algunas carencias materiales, pero en el hogar se respira un clima calmo, con sus hijos jugando tranquilos en la vereda, en una alfombra sobre el piso de tierra, mientras Mariana, su señora, ve algo en la tele.

-Se te ve bien… tranquilo…

-Sí, estoy bárbaro… es que ahora estoy en mi mejor momento; no cuando fui campeón y estaba más flaco o mejor físicamente, no... Ahora estoy mejor porque estoy con los pies sobre la tierra. Si bien fui considerado por tres o cuatro años seguidos el pegador más fuerte de la Argentina, tenía los patos volados. No respetaba a mi mujer, a mi familia, a mis hijos, a nadie, ése fue mi momento malo, el camino equivocado, ahora estoy en la vereda buena, disfruto mis hijos, en vez de vaguear, cuando volví lo primero que hice fue comerme un asado con ellos, es más, ni una remera me compré, guardé una platita para poder festejarle el cumpleaños a mi hija y que se compre un lindo regalo. Y aunque a mi casa también vienen ‘los amigos del campeón’, ya no tienen el lugar que tenían en mi vida, hoy mis prioridades son otras. Soy el mismo de siempre, pero no quiero más amigos, ni más gente que la que tengo a mi alrededor que es la que siempre estuvo, la de toda la vida.

“A los boxeadores nos palmean un montón de tipos que lo único que hacen es brindarnos el cariño de la guita”.

 

-Estás valorando a los que siempre estuvieron cerca aunque no te dabas cuenta…

-Mi cabeza hizo un click cuando Ariana, la mayor de mis nenas (hoy tiene 13 años) me preguntó si yo los quería… ‘¿Cómo no voy a quererlos?’, respondí. ‘Bueno, papi, si nos querés, demostralo’, me dijo… Sin darme cuenta, en mi locura, estaba dañando lo más importante de mi vida, por eso ahora son mi prioridad, fijate… (abre los ojos) con lo que gané en esta última pelea ni una remera me compré… hay una platita guardada que está para el cumpleaños de mi hija… lamentablemente es un mal que muchos boxeadores tenemos. No nos damos cuenta y nos rodean un montón de tipos que nos palmean pero es el cariño de la guita. Ahora me dedico a entrenar y disfruto de mis hijos, mis suegros, de la gente que siempre estuvo a mi lado: mi familia, mis hijas, mi señora, cuatro o cinco vecinos y unos poquitos amigos con los jugamos a la pelota, no quiero conocer a nadie más; ésa es mi gente… que tendría que haber sido desde siempre, pero viste como es… cuando estás arriba te ofrecen droga, mujeres, las puertas de los boliches se te abren para vos con todo gratis sólo por ser el campeón; todas esas cosas ya no están más… tengo otra oportunidad y se dio, soy el campeón argentino.

-En lo deportivo, tenés a tu lado a Marcelo Domínguez, un ex campeón del mundo, acompañándote.

-Marcelo es un referente de los Cruceros que admiro y me  gustaría llegar a pelear como él porque peleó con todos y fue campeón varias veces. Me enorgullece tenerlo a mi lado, aunque si bien para esta última pelea (NdR: el triunfo ante Ulrich) no estuvo, el entrenamiento lo hice exclusivamente con el profesor Ariel Castillo. Marcelo estuvo dos días y en eso a un boxeador no lo podés cambiar. Lo que sí reconozco es que hice 20 y pico de peleas con Marcelo, y ahí sí puedo decir que me ayudó, y me sirvió para mejorar.

-Domínguez dice que lo mejor que le puede pasar a un boxeador es verlo regresar con la cara sana a su casa…

-Sí, obvio, él fue un guerrero, de mucha piña, pero si vos hacés todas las peleas al palo por palo, después no servís ni para repuesto de loco; en esto hay que ser inteligente, si no la carrera es muy cortita, así seas el mejor.

-Con tu nivel en ascenso otra vez, supongo te ilusionás…

-Claro, ahora estoy pensando en mi futuro, en mejorar, ponerme mucho mejor, esta última pelea les tapé la boca a más de uno, por ejemplo Perazzo (NdR: relator de box en TyC), a la Ragazza (NdR: Silvana Carsetti, comentarista) y a muchos más… todavía no tienen en claro que Pokemón Farías es un crack. Aunque lo reconocen porque pelea tras pelea lo vengo demostrando, pero no lo dicen. En la pelea se me veía re-gordo estoy bien, con aire y piernas. Combatí el 25 de mayo, en una pelea que era para el 9 de junio. Mi meta es bajar a 85 kilos, siempre en Crucero y voy a estar mucho mejor. Esta última pelea la gané con una fisura en el pecho... pero bueno, acá estoy… peleé así y gané igual.

-¿Será que estos vaivenes que has tenido en tu vida y tu carrera los hace dudar?

-Puede ser, me he mandado varias cagadas, pero eso es mi pasado. Ahora, arriba del ring hay algo cierto, se me ve gordo y sí, si tengo 20 kilos más  que hace años, pero la calidad, la fuerza y la garra la tengo y no la perdí, y la sigo demostrando, esta pelea fue una revancha más para los que critican, que para mí por lo que logré. Lo que nosotros queremos (incluye a su equipo) es mejorar nuestra calidad de vida, así nomás, peleé en 90,200 kgs. y quiero venirme a los 85… y ahí sí, agarrate.

“Ahora estoy en mi mejor momento porque estoy con los pies sobre la tierra. Si bien fui considerado por tres o cuatro años seguidos el pegador más fuerte de la Argentina, tenía los patos volados. Ahora estoy en la vereda buena, disfruto de mi gente. Los ‘amigos del campeón’ y los vicios ya no tienen lugar en mi vida”.

-¿Imaginás una chance internacional?

-Me voy a ir afuera, estoy entre los diez del ranking mundial y estoy habilitado para pelear. De ahora en adelante no me conviene pelear con algunos rivales de acá, como Basualdo que tiene 13 peleas, por ejemplo, o Patricio Pitto. No me interesa, si busco pelear con alguien que tenga 30, 40 peleas además para hacer una diferencia de plata. De acá para arriba, para abajo no. Para arriba ahora, cuando en el ranking estaba quinto o sexto sí quería pelear con ellos, pero ahora que estoy como campeón quiero medirme con otros boxeadores de otra jerarquía.

-Tenés 30, Lazarte fue campeón a los 39…

-Luisito fue compañero, compañero de escudería, el dijo que no quería el cinturón para ponérselo en la cabeza, sino en su cintura, a mi me pasa algo parecido, el cinturón no me significa nada, sí valoro en el lugar que te posiciona, vos lo mirás y el cinturón es un cacho de fierro con un pedazo de cuero, que le doy un molde a mi mamá y me hace uno mejor, ¿entendés? No lo tengo de vincha pero tengo claro que a partir de este cinturón puedo seguir mejorando.

-Estás contando cosas de las cuales años atrás no hubieras hablado, ¿puede ser?

-Si hubiera seguido como estaba, esta charla  ni la hubiéramos tenido, porque no estaría acá. Hoy tengo el entorno que quiero, y mi familia recuperó al Pablo que tuvieron siempre, al que ponía lo que hay que poner arriba de la mesa, al Pokemón que siempre tuvieron, al que piensa en la familia; mi mamá, por ejemplo, recuperó al hijo. Yo me creía que era Superman y hacía un montón de pavadas, y andaba en taxi cuando podía tener lo mío… el día que gané fue el cumpleaños de mi hija, ese  triunfo  fue dedicado a ella y a mis dos jefes, los dos Moyano, más para mi hija porque fue quien me bajó de la nube de pedos, ella fue quien me cacheteó y me volvió a la realidad. Pablo se acuerda y amplía la idea. Ariana con solo once años le estaba pegando la paliza de su vida. “Fue la piña más grande que me dieron en toda la vida; la vergüenza que me causó que ella a los once años se diera cuenta que su papá con 27, 28 años estaba tocando fondo, fue lo más triste para mí y lo que me permitió resurgir; acá estoy y este es mi regalo”.

Un amigo lo espera afuera en su camioneta para dar una vuelta. La charla termina con un apretón de manos y mucha sonrisa… Mariana, su señora, sigue en el sillón con la compañía de la tele, mientras Dylan, Julieta y Paula siguen con sus juegos, tranquilos sobre una alfombra, en la puerta de acceso a la casa.

Parece haber entendido lo valioso que son ellos para él. Y por eso disfruta todo mucho más. Ojalá siga así. Pokemón ganó el cinturón argentino, pero cada día, Pablo está ganando sus mejores peleas.

“Demostró que le sobra un montón”

El ladero de Pokemón en la obtención del título argentino es de Junín. El profesor Ariel Castillo fue quien apuntaló el trabajo de Pablo. “Trabajamos al principio en Junín en doble turno, a la mañana la parte física en el parque  Borchex y por la tarde la parte técnica junto a Oscar, su papá en el gimnasio de Tata Baldomir, ahí realizamos táctica, algo de guanteos, manoplas; eso permitió que Pablo entrenara bien, y que pudiéramos achicar los tiempos;  ya que la pelea se adelantó. Y el último tramo, en Buenos Aires, cerramos los trabajos en el espacio verde de Vuelta de Obligado, en Parque Patricios, y en los gimnasios de Atlanta y Huracán… luego por gestiones de Marcelo Domínguez también estuvimos en la Federación de Box. Pero el trabajo mío, más que nada, fue acompañarlo, aconsejarlo, trabajando desde lo psicológico además de lo físico, potenciando su confianza”.

Ariel Castillo, el profesor –maratonista que se hizo conocido por correr las competencias ‘marcha atrás’- fue el gran consejero del campeón. “Mi aporte fue más que nada el acompañamiento, trabajamos, pero la clave estuvo en brindarle la confianza para potenciar su rendimiento y si bien no estaba al 100%, él hizo lo que sabe y demostró que le sobra un montón”.

EL TEXTO ORIGINAL FUE PUBLICADO EL SÁBADO 2 DE JUNIO 2018 EN NUESTRA EDICIÓN IMPRESA    

 

 

 

 

 

 

 

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