Junín. miércoles 21 de noviembre de 2018
Semanario de Junín » Cultura » 24 jun 2018

UN REPASO AL POLVO DE LA HISTORIA

Aquellas orquestas típicas olvidadas

Mucho antes de los 40 y 50, infinidad de orquestas típicas surcaron el mapa del Buenos Aires del cafetín, del bulín, del baldío, del potrero, de la cantina, del bodegón, del hipódromo, de la timba, del barrio y del fútbol, sin grandes carteles ni marquesinas, pero formadas con músicos estudiosos y capacitados.


Por:
ISMAEL CANAPARO

Las generaciones del cuarenta y cincuenta, en especial, cimentaron el prestigio del tango. Todos los personajes de entonces, con sus progresivos cambios, lo hicieron posible. Desde Francisco Canaro y Roberto Firpo hasta la persistencia en un estilo melódico que iban dejando los hermanos De Caro y Osvaldo Fresedo, fueron los cimientos de aquellos inolvidables veinte años, cargados de creatividad, con las mejores páginas de la historia. Después se le agregaron nombres que se convirtieron, de inmediato, en los grandes innovadores, como Osvaldo Pugliese, Alfredo Gobbi, Mariano Mores, Aníbal Troilo, Angel D´Agostino, Osmar Maderna, Domingo Federico, Héctor Stamponi, Pedro Laurenz, Enrique Mario Francini, Armando Pontier, José Basso, Horacio Salgán, el muy joven Astor Piazzolla y muchos otros de primera línea. Este es el primer repaso de aquella etapa, que tiene la pretensión de continuar.

Sócrates sostenía que “prefería conversar a escribir porque los libros repiten siempre lo mismo”. Con el tango sucede lo mismo, aunque creo, por el contrario, que con cada relectura se pueden descubrir cosas nuevas, siempre expuestas a ser modificadas por otros hallazgos, por distintas experiencias. El paso del tiempo que todo lo transforma, sin embargo no ha conseguido modificar las primitivas valoraciones de nuestros dos por cuatro.

Mucho antes de los 40 y 50, infinidad de orquestas típicas surcaron el mapa del Buenos Aires del cafetín, del bulín, del baldío, del potrero, de la cantina, del bodegón, del hipódromo, de la timba, del barrio y del fútbol, sin grandes carteles ni marquesinas, pero formadas con músicos estudiosos y capacitados. Es bueno ir recordando algunas de ellas, carentes de prensa, pero que los historiadores se han encargado de que permanezcan vivas, con la recopilación de viejos registros, despejando el polvo a tantas grabaciones instrumentales de categoría, con voces también olvidadas, que hoy serían cabeza de cartel en cualquier acontecimiento del género.

El recuerdo de estas antiguas agrupaciones con el título de "Las orquestas olvidadas", responde al deseo de ubicar y recrear etapas importantes pertenecientes a la historia de nuestra música ciudadana y rescatar, de paso, valiosos nombres del tango. Enfrentarnos con estas legendarias grabaciones nos propone un encuentro con el pasado, la nostalgia y en muchos casos, el deslumbramiento ante el cálido sonido de estas orquestas y estos músicos “abandonados”. Podemos asombrarnos, para citar algunos nombres, al escuchar el inconfundible violín de Elvino Vardaro, el fueye de Petrucelli, el piano de Francisco De Caro, el fraseo de Ciríaco Ortiz. En suma, las creaciones de todos estos grandes, que en ese ayer no tan lejano, tal vez no pensaban que estaban escribiendo un importante capítulo de la historia de la música de Buenos Aires.

Luis Petrucelli, bandoneonista, director y compositor (18 de enero de 1903 - 28 febrero de 1941), fundó su primera orquesta en 1922 para actuar en el Casino Pigall. Estaba formada por José María Rizzuti (piano), Luis Petrucelli y Pedro Maffia (bandoneones), Bernardo Germino y José Rosito (violines) y Humberto Constanzo (contrabajo). A fines de ese año, disuelta la orquesta, Luis Petrucelli, Juan Carlos Cobián y Tito Roccatagliatta actuaron en trío en reuniones de la aristocracia porteña, con el posterior agregado en primera instancia de Eduardo Armani (violín) y Nicolás Primiani (bandoneón) y, finalmente, el contrabajista Hugo Ricardo Baralis, quinteto que realizó bailes en el carnaval de 1923 en  Rosario.  Con las modificaciones naturales de varios años de trabajo, una de las formaciones de la orquesta de Luis Petrucelli fue la siguiente: Luis Petrucelli y Enrique Pollet (bandoneones), Vicente Gorrese (piano), Elvino Vardaro, Bernardo Germino y Manlio Francia (violines) y Hugo Ricardo Baralis (contrabajo). También trabajó con Pedro Maffia, Julio y Francisco De Caro y Francisco Canaro.

Américo Belloto, violinista, arreglador y director (30 de abril 1913 - 30 abril de 1965), fue profesor del Conservatorio de Buenos Aires y director de Radio Nacional. Comenzó en 1931 integrando un grupo de música de cámara, alternando con orquestas de tango. En 1943, siendo el primer violinista de la Orquesta de Radio Belgrano, fue contratado por el sello Odeón para desarrollar su programa de grabación de boleros y poder competir con RCA, que contaba con Pedro Vargas, Alfonso Ortiz Tirado y Juan Arvizu. Surgió así la agrupación Don Américo y sus Caribes, que era una orquesta de estudio, no realizaba presentaciones, sino que se formaba para cada grabación, sin músicos estables. Hasta 1952, acompañó a Leo Marini, Fernando Albuerne, Mario Clavell, Fernando Torres, Gregorio Barrios, Hugo Romani, Genaro Salinas y otros grandes intérpretes. Murió en Buenos Aires a mediados de los años sesenta. Su gran éxito con el tango ocurrió con la orquesta que dirigió en 1946, en especial con la versión “En carne propia”, de Manuel Sucher y Carlos Bahar, interpretado magistralmente por María de la Fuente.

Argentino Liborio Galván, violinista, arreglador, director y compositor (nació en Chivilcoy el 13 julio de 1913  - falleció en Buenos Aires el 8 noviembre de 1960), pasó por las orquestas de Florindo Sassone, José Luis Padula, Miguel Caló y, finalmente, por el conjunto de Enrique Delfino. Al mismo tiempo dirigía la formación que acompañaba a Roberto Maida en lugares nocturnos. La misma labor de acompañamiento la realizó respecto de otros cantores de primera línea como Eduardo Adrián, Oscar Alonso, Raúl Berón, Jorge Casal, María de la Fuente, Horacio Deval, Carmen Duval, Oscar Fuentes, Ranko Fujisawa, Agustín Irusta, Virginia Luque, Roberto Quiroga, Jorge Vidal, y otros artistas destacados. En 1958, formó como director y arreglista lo que constituyó un verdadero conjunto de cámara: “Los Astros del Tango”. Con marcado predominio de cuerdas, estaba integrado por Elvino Vardaro, Enrique Francini, Mario Lalli, José Bragato, Julio Ahumada, Jaime Gosis y Rafael del Bagno, con el agregado en algunas versiones del violín de Szymsia Bajour y el contrabajo de Italo Bessa. Debutaron en octubre en Radio Splendid y en tres oportunidades –dos autores por disco- grabaron tangos de Agustín Bardi, Alfredo Arolas, Enrique Delfino, Anselmo Aieta, Julio De Caro y Juan Carlos Cobián, en el sello Music Hall. Galván escribió todos los arreglos para el septeto. En 1960, grabó el disco La Historia de la Orquesta Típica, subtítulado El Tango en su Evolución Instrumental, que va desde Don Juan por un trío de guitarra, flauta y violín, hasta llegar a Piazzolla. Los principales instrumentistas de la época recreaban allí a los homenajeados, según su criterio.

Carlos Marcucci, bandoneonista, director y compositor, conocido como “El pibe de Wilde”  (30 de octubre de 1903 – 31 de mayo de 1957), fue un auténtico virtuoso del fueye, capaz de enfrentar a una audiencia dirigiendo su orquesta, realizando complicados dúos con Grupillo y —más difícil y novedoso aun— realizando solos de bandoneón. Consiguió un contrato con RCA Víctor. Su primera grabación fue el 2 de mayo de 1929, con bandoneón solo: “Aires españoles”. A comienzos de los años 30, entró en la orquesta típica de Julio De Caro (como reemplazante de Pedro Laurenz). En 1935, junto a Pedro Maffia, Pedro Laurenz y Ciriaco Ortiz y el pianista Sebastián Piana formaron un memorable quinteto para una serie de recitales en la radio, aunque nunca grabaron. Mientras tanto siguió tocando varios días a la semana con la orquesta de De Caro. En 1937 hizo la música de la película “Así es el tango”. Publicó un libro con Félix Lipesker: “Método moderno para bandoneón”. En 1951 abandonó a De Caro y pasó a integrar, hasta seis años después, la orquesta estable de Radio Splendid de Buenos Aires, dirigida por Francisco Trópoli.

Adolfo Pérez, “Pocholo”, cuyo nombre real era Adolfo Alejandro Pérez y Gutiérrez, bandoneonista, director y compositor (25 de marzo de 1897 – 23 de agosto de 1977), “está generacionalmente ubicado entre los tanguistas de 1910 y mantuvo su espíritu y estilo hasta muy entrados los años cincuenta. Cultivó en toda su carrera de músico, muy extensa por cierto, un modo musical similar al de Juan Maglio Pacho, de quien fue su colaborador, continuador y difusor. Se mantuvo al frente de su orquesta, característica de la guardia vieja, hasta aproximadamente el año 1957, en que debió disolverla por problemas de salud. En este aspecto fue la suya la más genuina expresión dentro de las agrupaciones evocativas”, apuntó el historiador Oscar Zucchi. “Pocholo” grabó, entre 1934 y 1956 un total de 64 registros.

Héctor María Artola, director, pianista, arreglador y compositor (nació en San José de Mayo, Uruguay, el 30 de abril de 1903 y falleció en Buenos Aires el 18 de julio de 1982, fue un notable bandoneonista que comenzó muy joven tocando con Eduardo Arolas, en Montevideo. Luego continuó su carrera en Buenos Aires, desde donde partió a Europa, fundamentalmente a París. Allí estuvo junto a figuras como los hermanos Pizarro, el trío Irusta-Fugazot-Demare, la orquesta de Bianco-Bachicha, Enrique Delfino, Libertad Lamarque y Carlos Gardel, entre muchos más. Aportó al género exitosos tangos, como “Desconsuelo”, “Marcas”, “Tango y copas” y “Equipaje”, con Carlos Bahr; “Falsedad” y “Serenidad”, con Alfredo Navarrine y “En un rincón”, con Homero Manzi.

Edgardo Felipe Valerio Donato, violinista, director y compositor (14 de abril de 1897 - 15 de febrero de 1963), luego de tocar en varios conjuntos, asume el liderazgo de una propia orquesta. Comienza a grabar en el sello Brünswick y actúa en diversos cines y teatros, también, en LS9 Radio La Voz del Aire, donde eran anunciados como “Los ocho ases del tango porteño, Edgardo Donato y su formidable típica criolla”. Los integrantes eran: Juan Turturiello, Vicente Vilardi y Miguel Bonano, en bandoneones; Edgardo Donato, Armando Julio Piovani y Pascual Humberto Martínez, en violines; Osvaldo Donato en piano, Ascanio Donato en el cello y José Campesi en contrabajo. Fueron sus cantores: Luis Díaz, Antonio Rodríguez Lesende, Carlos Viván y Teófilo Ibáñez, y en una ocasión acompañó a Agustín Magaldi en el tango “Vagabundo”. Para el sello Brünswick graba más de 130 temas. Luego pasa a la Víctor y graba “El huracán”, con su nuevo vocalista Félix Gutiérrez. En esta discográfica permanece hasta el final de su carrera, más allá de un breve paso por el sello Pampa, dejando un número superior a los cuatrocientos registros. Su orquesta fue una de las que intervino en la película “¡Tango!”, de 1933, la primera totalmente sonora en la historia del cine argentino. El mismo año, aparece también en el filme “Los tres berretines”, donde actúan Luis Sandrini, Luis Arata y Luisa Vehil. Compone temas para el cine, destacándose la música de las películas “Riachuelo”, “Picaflor” y “Así es el tango”. Como compositor es autor de la música de los tangos “A media luz” (una de las tres obras del género más grabadas y difundidas en el mundo) y “Julián”, además de “Muchacho”, “El huracán”,  “Se va la vida”, “Por mi viejita”, “El acomodo”, “Mi serenata”, “Beba”, “Volvé”, “Cartón ligador”, “Riachuelo”, “Pobre soñador”, “El lengue”, “Bigotito”, “Se va la lancha” y “Pensalo bien”.

En Junín, también hay alguien que recuerda

En el plano local, Omar Decarre se encargó hace poco de juntar en varios CD grabaciones domésticas, muy dispersas, de las viejas orquestas juninenses y solistas, como así de intérpretes y cancionistas, también nuestros. El rastreo fue meticuloso, pero con los infaltables baches que el paso del tiempo genera. No todo es completo, aunque sí sumamente valioso. En total, son cuatro discos. Dos de música ciudadana (instrumental) y los restantes dedicado a cantantes y cantores. La suma global nos remite a nada menos que a 85 registros. Vale la pena echarle un vistazo a este singular trabajo del enorme cantor.

 

 

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