Junín. viernes 20 de julio de 2018
Semanario de Junín » Deportes » 30 jun 2018

argentino de Junin

Bajamos todos

Argentino de Junín, que se las supo ingeniar con una economía precaria, acotada, pero muy rendidora, con dolor y responsabilidad, decidió pausar la competencia. La historia basquetbolística de la ciudad merece una profunda reflexión.


Por:
Semanario

Argentino resolvió vender su plaza, y no continuar en la Liga Nacional A de Básquet, edición 2018-2019. Ya lo había anticipado su presidente Germán Lambrisca: “una vez más, deportivamente nos sacamos el sombrero con el equipo y sus resultados, pero nunca estuvimos tan complicados en lo institucional”.

Dólar desbocado, inflación y costos disparados precipitaron el final. El club del barrio Las Morochas, que se las supo ingeniar con una economía precaria, acotada, pero muy rendidora, con dolor y responsabilidad, decidió pausar la competencia. Al turco nunca le sobró dinero, es cierto, pero se las ingenió para estar siempre en la pelea. No solo en la liga, sino también en su paso sudamericano, que lo tuvo como protagonista en dos ediciones de manera consecutiva.

Las exigencias de infraestructura, las multas de la Asociación de Clubes, el costo de los viajes, los sueldos en dólares de los extranjeros, el dineral para abrir la cancha, son enormes dolores de cabeza para una institución que ya no puede sortear tantas dificultades con los apoyos con los que cuenta. Y el futuro incierto. ¿Cómo proyectar todos estos costos a septiembre, octubre, cuando arranque la nueva edición de la Liga Nacional? Ante este panorama, las opciones no eran muy difusas. Por eso, por amplio margen, la Asamblea decidió dejar de competir.

Clubes como Argentino no se caen sólo por el contexto económico. También sucumben porque nunca, en todo este tiempo, se articuló una verdadera política deportiva que los acompañe desde la dirigencia que dice hacerlo. O no la vieron venir, o la vieron y miraron para otro lado. La caída de los clubes también es una derrota para la ciudad y la región.

Nada de esto es nuevo en la ciudad. Ya pasó con Ciclista, que también vendió su plaza, antes San Martín, que desistió de competir en el Torneo Federal para abocarse a mejorar la infraestructura del club, y también con Sarmiento, que en fútbol estuvo cerca de lograr el ascenso a primera, pero en básquet perdió la categoría y descendió al Provincial de Clubes.

Pareciera ser el básquet el primero de los deportes en sentir el cimbronazo de la crisis del país. A estas instituciones no le alcanza con algunos pocos apoyos, como los programas comunales o el Clubes Argentinos. La realidad muestra que el apoyo que se llega no alcanza.

Con la caída de Ciclista y Argentino se pierden algo más que plazas de básquetbol. Tal vez la dirigencia no diga nada porque forma parte del problema que dicen querer solucionar.  

Ojalá este traspié sea también una oportunidad. Que permita evaluar alternativas profundas, plantear exigencias, criterios asociativos y encuentre  salidas duraderas. ¿Podría el básquet empezar a pensar ahora en una acción integral e imaginar una idea históricamente resistida –y rechazada- como aquella del equipo único?

La historia basquetbolística de la ciudad se merece una profunda reflexión. Quedó visto que el entusiasmo y el corazón no alcanzan para sortear contingencias como las actuales.

Es como la frazada corta. Alcanza  para taparse la cabeza, pero se descubren los pies. Esta versión 2018, post devaluación, que cachetea de lo lindo, merece que todos se pongan de una buena vez los pantalones largos.

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