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Semanario de Junín » Cultura » 4 jul 2018

aniversario

Dos años sin “El Tero” Ghioni

Fue autor de exitosos libros, todos de tinte lunfardesco. Además de gran compositor e intérprete, le puso música a una manera de expresarse, siempre rigurosa y comprometida. El 20 de junio se cumplió el segundo aniversario de su muerte.


Por:
ISMAEL CANAPARO

El poeta, compositor, voz entrañable, folklorista de alma, periodista y licenciado callejero sin carnet, Juan Carlos Ghioni, al que sus amigos, allegados y seguidores llamaban “El Tero”, falleció el 20 de junio de 2016, víctima de un paro cardíaco, tan inesperado como injusto.

La muerte lo tomó de sorpresa, tanto a él como a sus seres cercanos. Y lo agarró trabajando, siempre con tres cosas habituales a mano: el mate, la guitarra y un lápiz. 

Un muchacho culto, equilibrado, serio, lector empedernido, estudioso y apasionado inagotable. Así se recuerda a Ghioni, pero por sobre todas esas cualidades humanas, por su coherencia, la que cultivó a rajatabla. Fue muy generoso y comprometido con sus amigos, además de alegre en los ratos libres, sin abandonar jamás su espíritu crítico, pues nunca resultó una persona complaciente. Renegaba tanto de los tibios como de aquellos que les daba lo mismo una cosa que otra.

Nuestra música de origen campesino fue una de sus máximas pasiones, de cuyo romance no pudo (ni quiso) escapar. Es así que desde hace muchísimos años andaba con la guitarra al hombro, dispuesto a entreverarse en los lugares y con los amigos que él se sentía cómodo. Tomó parte activa en numerosos acontecimientos del canto popular, tanto aquí como en la zona y en distintos puntos del país. Su gran alegría era actuar en La Ranchería, lugar que le gustaba profundamente y al que frecuentó en varias ocasiones, como figura central y también como invitado de otros artistas.

Su obra artística quedó plasmada en muchas grabaciones y videos. Pero no sólo eso. También sus libros quedaron como trofeos de pensamientos, gustos y motivaciones espirituales, subrayando lo que fue: un pensador y un investigador irreemplazable del folklore. En esa línea, están estos trabajos, no frecuentados por los juninenses en la medida que se merecería el autor: “Corazón de fulería” (Sonetos lunfardescos, en 1991), “Territorial” (Poemas, 1996), “Luna madre” (2001), “A mí me fajó Rivero” (poemas lunfardescos, 2007)) y “De hijos y canciones” (poemas, 2009).

Pocos saben que también incursionó en el periodismo, ya por entonces con la lucidez que extendió hasta el día de su partida. Fue parte de aquel formidable equipo de “Mundo Nuevo”, un diario que marcó una época entre 1970 y 1972 e inauguró un estilo distinto, pese al escaso tiempo que estuvo en la calle. Le gustaba escribir sobre automovilismo, pasión que desarrolló como un lúcido pensador del deporte, creativo y analítico. Supo “leer” los entretelones de la disciplina de manera admirable.

Era tan inteligente El Tero que por esos días del 70 y pico, ya tenía definiciones muy certeras. Por ejemplo, sostenía que “un periodista nunca es independiente, y por eso su trabajo es tratar de forzar los límites que le impone su medio todos los días”, agregando que “los periodistas siempre somos funcionales al sistema porque, en el mejor de los casos, resolvemos en forma simbólica lo que habría que resolver en las calles”.

En lo que hace al folklore, fue un estudioso de dos monstruos sagrados, como Atahualpa Yupanqui y Alfredo Zitarrosa, a los que admiraba profundamente, al igual que a otros dos cultores del canto surero, tales los casos de Alberto Merlo y José Larralde. A tal extremo llegaba su fervor por Zitarrosa, que se había anotado para integrar una corta lista de fanáticos, los que iban a concurrir el 11 de marzo de 2016 al Estadio Centenario de Montevideo, con motivo del mega/recital en homenaje a los 80 años que ese día hubiese cumplido el fantástico uruguayo. Sin embargo, por razones particulares no pudo viajar y luego, ante los comentarios de sus amigos que exaltaron lo vibrante y emotivo de ese espectáculo, no dejaría de lamentarse amargamente.

Brillante por donde se lo mire, punzante, crítico hasta la antipatía, Juan Carlos Ghioni, ese Tero tan querido y admirado, fue y será un ejemplo de coherencia para las nuevas generaciones, simplemente porque vimos en él compromiso y pasión, sentimientos y coherencia.

“Cuando se muere un poeta/miles de palabras lloran./ ‘¿Con quién iremos ahora?’/ preguntan solas, maltrechas./ Se olvidan que la belleza/ que salió de su tintero/ ha sido grabada a fuego,/ Ha llenado corazones./ Dijo adiós el Tero Ghioni:/ se lo despide con versos” -Juan Francisco Vilches-

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