Junín. lunes 15 de octubre de 2018
Semanario de Junín » Locales » 6 ago 2018

Asunto turbio en junin

Agua y arsénico: atentos al “cajoneo”

El concejal Hugo Talani (Frente Renovador) aún no logró reunir a la comisión de salud para presentar el pedido de informes sobre la calidad del agua de bebida presentado en el Concejo Deliberante y pareciera que intentan dilatar los tiempos para que caiga en el olvido.


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Hace unos meses, el titular de Obras Sanitarias Municipales, Guido Covini, logró frenar una presentación particular ante el Concejo Deliberante en la que se solicitaban informes sobre la calidad de agua que llega a los hogares juninenses y que beben diariamente chicos y grandes.

Allí se pedía se informara no sólo de la presencia del peligroso arsénico, sino también acerca de la posibilidad de la existencia de los herbicidas glifosato y atrazina, ambos de utilización abusiva en la producción agrícola zonal. Se sumaba además al pedido la determinación de nitritos y nitratos e incluso contaminación bacteriológica.

Sin embargo, abortado ese pedido individual, la comuna no pudo parar otro pedido de informes, esta vez desde el bloque de Unidad Ciudadana, donde solicita al Departamento Ejecutivo y sus secretarías correspondientes “informen los resultados de los últimos análisis efectuados para el control de la potabilidad del agua del Partido de Junín”.

La iniciativa llegó al cuerpo deliberativo el 26 de junio de 2018 e ingresó a las 10.31 horas (ver copia).

Lo llamativo es que en las dos semanas previas a las vacaciones que actualmente desarrollan los ediles, el presidente de la comisión de Salud del HCD, Hugo Talani, al parecer aún no tuvo tiempo de reunir a sus miembros para dar tratamiento al pedido, mientras en Junín seguimos inmersos en la encrucijada de no conocer la calidad del agua que tomamos.

Y mientras los funcionarios comunales adscriptos a la “buena onda” generalizada sostienen que “no hay que alarmar”, cada vez aparecen más informes negativos.

Y los concejales en los cuales mucha gente ha depositado la confianza para controlar la administración, se muestran serviles a ésta antes que a sus electores.

Sin embargo, habrá que recordar que el tratamiento para abatir el arsénico en el agua fue una de las tantas promesas de campaña 2015 del actual intendente y que juntos a tantas otras debemos volcar a la columna de “incumplidas”.

De aquel compromiso con los vecinos pasamos ahora a esta burda forma de juego de las escondidas, cuando lo que se juega es la salud poblacional, algo que junto a lo que ocurre en el hospital zonal, parece importarle poco y nada a nuestros funcionarios.

¿POR QUÉ SE OCULTA?

La problemática del arsénico en el agua que se extrae del subsuelo y se reparte en las redes domiciliarias es permanente en la zona y mientras la presencia del metal venenoso se fue ampliando, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se puso cada vez más preventiva achicando los niveles permitidos.

Por lo que, mientras hace una década se aceptaba como tolerante 0,05 miligramos por litro, actualmente la tolerancia es de 0.01 mg/lt

Y mientras el municipio y sus concejales están esperando “cajonear” el pedido de informes, un mapa que realiza desde hace siete años el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) junto a la ONG NutriRed (www.nutrired.org/tag/mapa-arsenico/) revela que la distribución del arsénico en el agua afecta mayormente al centro, norte y conurbano bonaerense; aunque tampoco es ajeno al sur y a localidades costeras.

Precisamente, en ese informe se basaron los ediles de Unidad Ciudadana para elevar la iniciativa y efectivamente el tema es de preocupación en el círculo interno del intendente que no logra “meter un pleno” en esta gestión que hasta el momento resulta la que mayor desgaste tuvo en menos tiempo, si las comparamos con las dos anteriores (Abel Miguel y Mario Meoni).

Poco ayuda además la inexperiencia del ingeniero Covini y quienes lo secundan, que en lugar de poner en blanco sobre negro la situación, prefieren hacerse los misteriosos y evitar cualquier tipo de debate público o periodístico, merced a la inseguridad manifiesta de su gestión.

El informe, indudablemente, resulta ahora un escollo difícil de sortear por el intendente y su funcionario quienes, de prosperar el pedido por parte del resto de los concejales, deberán informar fehacientemente de la situación.

Podría ocurrir por ejemplo que a pedido de Petrecca los concejales oficialistas no den curso a la presentación del informe, lo cual dejaría por sentado que las cosas no están funcionando bien y por eso no se dan los informes.

Asimismo y de comprobarse que los funcionarios como los ediles venían escondiendo datos que podían significar preventivos para la población y no se dieron a conocer generando un perjuicio a los habitantes, podrían ser acusados en proceso judicial por mal desempeño de sus funciones, afrontando un juicio que sería histórico para Junín.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la presencia de arsénico en el agua sea igual o inferior a 0,01 miligramos por litro (mg/l), parámetro que tomó el Código Alimentario Argentino (CAA) en 2007, pero que tras una serie de prórrogas pedidas se sigue sin cumplir en los hechos. El límite anterior en el país era del 0,05 mg/l, nivel que también superan muchas localidades de la provincia.

"En términos de área geográfica la presencia de arsénico englobaría aun 70% de la provincia. Lo que pasa es que hay zonas más focalizadas que otras, como el corredor de la Ruta Nacional 5. Entre los distritos más afectados están Mercedes, Chivilcoy, 9 de Julio, Carlos Casares, Bragado y Pehuajó", explicó Jorge Stripeikis, director del Departamento de Ingeniería Química del Instituto Tecnológico de Buenos Aires ITBA, desde donde se realiza el mapa.

Informes lapidarios

Las mediciones del ITBA, hechas en distintos años desde 2011, advierten de porcentajes altísimos en localidades como Pergamino (0,053 mg/l); Suipacha (0,154 mg/l); JUNÍN (0,086 mg/l); O’Higgins  (0,237 mg/l), en el distrito de Chacabuco; Santos Unzué (0,063 mg/l), en 9 de Julio; Tres Algarrobos (0,055 mg/l), en Carlos Tejedor, y Banderaló (0,348 mg/l), en General Villegas.

Vale aclarar que el conflicto del arsénico responde solo a aguas subterráneas por lo que no afecta a ciudades que extraen para el consumo de cursos superficiales, como Capital Federal, La Plata y gran parte del Conurbano, que tienen tomas en el Río de la Plata.

Hay procesos de coagulación/filtración, ósmosis inversa o intercambio iónico, entre otros, se construyeron plantas de abatimiento de arsénico en Carlos Casares y 9 de Julio.

En Junín, y según empleados municipales de OSM, Petrecca considera que se trata de una inversión exorbitante para la cual no habilitaría parte del presupuesto.

Sin embargo, hay dos plantas en avance tanto en Lincoln como en General Villegas.

El informe realizado por el ITBA este año indica que de un relevamiento sobre 65 perforaciones de las que se obtiene agua potable para sus casi 100 mil habitantes destaca que en 28 de ellas, el nivel de arsénico está sobre los niveles permitidos y 8 están al límite. En otras 15 hay presencias alarmantes de nitrato.

El informe asegura que “más del 70 por ciento del agua que es suministrada a los usuarios presenta grandes cantidades de arsénico que afectan directamente a la salud de los consumidores”.

El arsénico es altamente tóxico. Según la Organización Mundial de la Salud, su ingesta produce efectos a corto y a largo plazo. Entre los primeros se destaca “vómitos, dolor abdominal y diarrea” y “entumecimiento u hormigueo en las manos y los pies o calambres musculares y, en casos extremos, la muerte”.

A largo plazo, es decir, ante exposiciones prolongadas, “cambios de pigmentación” en la piel, “lesiones cutáneas y durezas y callosidades en las palmas de las manos y las plantas de los pies (hiperqueratosis)”. Esos son los más leves: además puede provocar “cáncer de piel, la exposición prolongada al arsénico también puede causar cáncer de vejiga y de pulmón”.

También están asociados a la “ingesta prolongada” de arsénico los “problemas relacionados con el desarrollo, neurotoxicidad, diabetes y enfermedades pulmonares y cardiovasculares”, entre otros. El nitrato en niveles excesivos, en tanto, puede provocar metahemoglobinemia, o “la enfermedad de los bebés azules”.

Además del problema del arsénico y el nitrato, las propias características del sistema de distribución, siempre según lo que se lee en el paper, genera “riesgos bacteriológicos por la mala desinfección”, además de problemas de presión y abastecimiento.

Pedido de informes al Ejecutivo

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