Junín. martes 16 de octubre de 2018
Semanario de Junín » Opinión » 18 ago 2018

OJOS QUE VEN

Fomentismo sin ideas ni gestión

Los fomentistas deberán entender que andar a los besos y abrazos, ensalzando de elogios a los gobernantes, no es el camino para que las obras lleguen a los barrios


Escribe Omar Panci, especial para Semanario

Fomentismo sin ideas, personalista y sin gestión. Eso es lo que fue la Federación de Sociedades de Fomento, un preciado botín al que pretendían apropiarse por asalto sintiéndose dueños de una entidad fundamental para el crecimiento de los barrios, y por ende de la ciudad ,y así fue como la  destruyeron.

Aunque, a fuerza de ser sincero, no todo fue culpa del ego del hombre de barrio, mucho hizo la política para ponerle un cepo al funcionamiento ideal de la Federación.

El fomentismo es una centenaria herramienta (*) que tienen los vecinos para unirse, peticionar y gestar el progreso en los barrios: es el fiel reflejo que la unión hace la fuerza.

Muchas comisiones se formaron a la sombra de la dictadura, en reuniones poco menos que clandestinas, en parroquias barriales, en casa particulares, y dieron a luz a las Sociedades de Fomento, la versión despolitizada de la gestión por fuera del poder en su rol de contralor de la gestión puertas afuera del palacio municipal.

A fuerza de sacrificio -y mucho- trabajo personal fueron crecieron en cada rincón de Junín. Una ciudad, hay que recordarlo, en la cual sus vecinos vivían en calles de tierra, sin agua potable ni cloacas, baldíos llenos de yuyales o  contenedores de alguna canchita para el picado barrial.

Cada barrio construyó su sede social, lograron los Centros Primarios de Salud (Salitas Sanitaria), fueron recibiendo el progreso convertido en obras de infraestructura. No todo fue gratis, muchos debieron conformar consorcios, poner la plata para tener agua y/o cloacas, o a fuerza de pala cavar zanjas para finalmente ver fluir el agua potable de una canilla.

Con la llegada de la democracia y la gestión de Abel Miguel, recibieron un nuevo impulso, se conformaron nuevas SF, más representaciones barriales, más y mejor calidad de vida para los vecinos.

Todo iba sobre rieles hasta que un día  la política se inmiscuyó en el fomentismo. Algunos “delfines miguelistas” comenzaron a elucubrar que podían tener más poder y manejar al fomentismo a través de una  Federación. “Los iluminados” enviaron a los barrios un modelo (cocinado) de estatuto, muy exclusivo y con una redacción a toda vista politizada.

El sindicato de  Luz y Fuerza (calle Alsina) fue el lugar de cita donde llegaron con todo armado, aunque restaban dos pasos: dar por aprobado el estatuto y hacer “votar” la ya conformada (entre gallos y medianoche) comisión que regiría los destinos de la novel entidad.

El fuerte rechazo de un grupo de representantes  de SF, que nunca habían sido objeto de consulta sobre la formación de la Federación, dio por tierra con esa aspiración.

A posterior se avanzó en la corrección del estatuto, pero quedó mucho en el limbo y en poco tiempo se conformó la primer conducción de la Federación, dando vida a una entidad politizada y viciada de personalismos, que lejos de generar una gran fuerza de vecinos llamada a ser el contralor de la gestión municipal, creaba una entidad social agiornada a los vicios de la política.

A partir de ese tiempo y hasta la actualidad, la Federación es una entidad con muerte cerebral. Por más que algunos fomentistas llegaron a la conducción con voluntad de darle un sentido más vecinal, vieron frustradas sus intenciones. Todo intento de buena gestión fue boicoteado.

A los tumbos, y sin afianzarse como la entidad madre del fomentismo, pasó de épocas de letargo, a peleas internas, renuncias masivas, con algunos dirigentes que a pesar de codearse con lo más alto de poder político nunca pudieron lograr al menos  la Personería Jurídica.

La Federación recibió la misma medicina que las Sociedades de Fomento: a las que se alineaban a los caprichos del intendente de turno los recompensaban con algunas obras o, en el mejor de los casos, beneficiando a familiares (esposas, hijos, nueras, yernos) con empleos municipales, una herramienta mas que eficiente para tenerlos callados.

Por el contrario, para quienes sacaban los pies del plato las obras nunca aparecían y si lo hacían era solo en tiempos electorales. Otros dirigentes recibieron el beneficio de contratos para sus miniempresas, con adjudicación de trabajos para con el municipio, o en casas particulares de funcionarios.

Con tanta dependencia de la gestión municipal, y de los políticos, nada podía funcionar. El poder político sabe que es una excelente herramienta que bien utilizada se convierte en el más importante órgano de contralor de la gestión municipal que tiene la ciudad.

De una buena vez los dirigentes barriales deberán ser capaces de generar una Federación que marque presencia de los barrios; erguirse como gestores de ideas innovadoras y necesarias para los tiempos que corren.

La Banca del Vecino es una figura que debería ser incorporada al funcionamiento del Concejo Deliberante como espacio de expresión del ciudadano común durante las sesiones.

Las salitas sanitarias (principal centro de atención primaria),  deberían ser contenedoras de una amplia información como, por ejemplo, cantidad de mujeres embazadas, niños entre 0 y 5 años; vecinos con enfermedades crónicas; mayores de 65 años, adultos y ancianos en situación de riesgo etc.

Toda esta problemática social tendría que ser atendida por profesionales en todas las especialidades, medicamentos, asistencia social, alimentaria etc., evitando el tortuoso deambular al hospital y las dependencias oficiales. Las sedes sociales tendrían que dejar de ser meramente salones de fiestas, abrir las puertas para contener adultos mayores y de la tercera edad. Solicitarle a PAMI que sus servicios y beneficios lleguen a los barrios.

Se hace imprescindible hacer foco en los niños. A nadie escapa que enviar un hijo a practicar deportes es oneroso (vestimenta, traslado, cuota societaria etc.). Deportes, cultura, entretenimiento deberían convertirse en preocupación vecinal y el municipio generar en las Sociedades de Fomento, Centros de Formación Deportiva como contenedores y formadores de niños y jóvenes. Las placitas no pueden ser espacios de “juntadas y fumatas”, hay que recuperarlas y convertirlas en espacios de recreación y deporte.

La Federación tiene que convertirse en el organismo de consulta al momento de confeccionar los presupuestos anuales, y el mismo HCD convocarlos durante el análisis previo a su aprobación. Quien más que el vecino para conocer  las necesidades prioritarias en los barrios. La problemática social es abrumadora, y la Federación debería ser el eje por donde giren las  soluciones para los vecinos. Máxime cuando los políticos deciden desde la comodidad de sus despachos.

Estas son algunas de las herramientas que la Federación tiene y nunca fueron utilizadas, tener visión, participación, ser generadores de ideas, fortalecer cada SF. Ese es el camino que los llevará a la unidad. La continuidad del pasado será más de lo mismo, un viejo botín por el cual pelearse, sin más rédito que alguna foto junto al intendente de turno.

Se está ante una gran oportunidad. Sus nuevos dirigentes tendrán que reconvertir en su accionar, lograr calidad institucional. No se trata de ser amigo de tal o cual político, mucho menos ser amigos del intendente que ocupe el Palacio Municipal. Los fomentistas deberán entender que andar a los besos y abrazos, ensalzando de elogios a los gobernantes, no es el camino para que las obras lleguen a los barrios.

(*) Ordenanza Municipal N° 81

Art. 1: “Autorizase al DE a crear Comisiones de Fomento en los núcleos de  población existentes en el partido”

Art. 3: “La sumas que anualmente se voten cono asignación o subvención a las Comisiones serán prorrateadas entre ellas en forma y proporción que lo requiera”. Junín, enero 30 de 1916 - Esteban Cichero – Intendente.

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