Junín. martes 16 de octubre de 2018
Semanario de Junín » Cultura » 8 sep 2018

UN REPASO AL POLVO DE LA HISTORIA

Aquellas orquestas típicas olvidadas


Por:
ISMAEL CANAPARO

Las generaciones del cuarenta y cincuenta, en especial, cimentaron el prestigio del tango. Todos los personajes de entonces, con sus progresivos cambios, lo hicieron posible. Desde Francisco Canaro y Roberto Firpo hasta la persistencia en un estilo melódico que iban dejando los hermanos De Caro y Osvaldo Fresedo, fueron los cimientos de aquellos inolvidables veinte años, cargados de creatividad, con las mejores páginas de la historia. Después se le agregaron nombres que se convirtieron, de inmediato, en los grandes innovadores, como Osvaldo Pugliese, Alfredo Gobbi, Mariano Mores, Aníbal Troilo, Angel D´Agostino, Osmar Maderna, Domingo Federico, Héctor Stamponi, Pedro Laurenz, Enrique Mario Francini, Armando Pontier, José Basso, Horacio Salgán, el muy joven Astor Piazzolla y muchos otros de primera línea. Este es el primer repaso de aquella etapa, que tiene la pretensión de continuar.

Sócrates sostenía que “prefería conversar a escribir porque los libros repiten siempre lo mismo”. Con el tango sucede algo parecido, aunque creo, por el contrario, que con cada relectura se pueden descubrir cosas nuevas, siempre expuestas a ser modificadas por otros hallazgos, por distintas experiencias. El paso del tiempo que todo lo transforma, sin embargo no ha conseguido modificar las primitivas valoraciones de nuestros dos por cuatro.

Mucho antes de los 40 y 50, infinidad de orquestas típicas surcaron el mapa del Buenos Aires del cafetín, del bulín, del baldío, del potrero, de la cantina, del bodegón, del hipódromo, de la timba, del barrio y del fútbol, sin grandes carteles ni marquesinas, pero formadas con músicos estudiosos y capacitados. Es bueno ir recordando algunas de ellas, carentes de prensa, pero que los historiadores se han encargado de que permanezcan vivas, con la recopilación de viejos registros, despejando el polvo a tantas grabaciones instrumentales de categoría, con voces también olvidadas, que hoy serían cabeza de cartel en cualquier acontecimiento del género.

El recuerdo de estas antiguas agrupaciones con el título de "Las orquestas olvidadas", responde al deseo de ubicar y recrear etapas importantes pertenecientes a la historia de nuestra música ciudadana y rescatar, de paso, valiosos nombres del tango. Enfrentarnos con estas legendarias grabaciones nos propone un encuentro con el pasado, la nostalgia y en muchos casos, el deslumbramiento ante el cálido sonido de estas orquestas y estos músicos “abandonados”. Podemos asombrarnos, para citar algunos nombres, al escuchar el inconfundible violín de Elvino Vardaro, el fueye de Petrucelli, el piano de Francisco De Caro, el fraseo de Ciríaco Ortiz. En suma, las creaciones de todos estos grandes, que en ese ayer no tan lejano, tal vez no pensaban que estaban escribiendo un importante capítulo de la historia de la música de Buenos Aires.

Carlos De María (su nombre real, Juan Esteban Fernández), bandoneonista, director y compositor, nació el 2 de setiembre de 1914 y murió el 11 de agosto de 1976. Inició su camino artístico a los 17 años, participando en la fila de bandoneones de la formación de Anselmo Aieta, donde permaneció durante tres años. Después, pasó a integrar la orquesta de Pedro Maffia, para remplazar a Gabriel Clausi (El Chula), quien se había retirado de la misma conjuntamente con los violinistas Antonio Rodio y Cayetano Puglisi.  Un par de años más tarde formó un cuarteto, hasta que, en 1944, al frente de su nueva orquesta, debutó en LR4 Radio Splendid. Con él estuvieron grandes cantores: en 1947, Carlos Mayel, en 1948 Mario Bustos y Roberto Cortez —hermano de De María— y, en 1949, Alfredo Castell en reemplazo de Bustos. Por su orquesta pasaron importantes músicos, entre ellos, Juan Carlos Howard, Osvaldo Requena, Simón Bajour, Emilio Marchiano, Héctor Gorla y Eduardo Del Piano. Su actividad como compositor además de “El tango no tiene contra”, comprende entre otros títulos: “Cortada de Carabelas” (en colaboración con Héctor Mauré y Andrés Chinarro), “Brindis de tangos” (Juan Mario Maffia y Chinarro), y “Por lo nuestro” (con letra de Julio Camilloni) y “Que llamen por favor”.

Enrique Carmelo  Alessio, bandoneonista, compositor, director y arreglador (8 de enero de 1918 - 6 de septiembre de 2000). Abel Palermo afirma que “este olvidado artista fue un destacado músico y bandoneonista, requerido por orquestas de primer nivel y de muy distintos estilos, no sólo como instrumentista, también como arreglador y director. Tuvo la virtud de poseer un amplio concepto musical que le permitió lucirse con extremos tan opuestos como lo fueron Pugliese y D'Arienzo y, por supuesto, con su propia formación”. Precisamente, su debut con la orquesta de Pugliese se produjo el 11 de agosto de 1939, en el histórico café El Nacional, de la calle Corrientes. Integraron esa primera agrupación: Osvaldo Pugliese (piano y dirección), Enrique Alessio, Osvaldo Ruggiero y Alberto Armengol (bandoneones), Enrique Camerano, Julio Carrasco y Jaime Tursky (violines), Aniceto Rossi (contrabajo) y Amadeo Mandarino (voz). Permaneció con el Maestro hasta fines de 1944. Luego de acompañar a los cantores Alberto Castillo y Alberto Marino, ya solistas, los directivos de Odeón, que ya conocían del talento del músico, decidieron darle una oportunidad en el disco, como director de su propia orquesta. Así fue que registró cuatro temas, en 1949, los instrumentales “Tiny”, de Pedro Maffia, “El remate”, de Alberto Pugliese, “El recodo”, de Alejandro Junnissi y, con la voz de Mario Delía, “Mi Buenos Aires querido”. Más tarde, ingresó a la orquesta de Juan D´Arienzo, donde estuvo siete años. Se fue a raíz de un importante contrato que nuevamente le ofrece Odeón y rearmó su orquesta. Tuvo como cantores a Hugo Soler, quien había brillado con Alfredo Gobbi y Joaquín Do Reyes y al notable José Berón, hermano de Raúl, Elba, Rosa y Adolfo. Su obra como compositor, a partir de su primer suceso con Alberto Castillo, el tango “Se lustra señor”, fueron: “Cantemos corazón”, grabado por Libertad Lamarque y Carlos Di Sarli, “Mi amor y tu amor”, “Te odio y te quiero”, “Pero te seguiré queriendo”, “De corazón a corazón”, “Papá”, “Un vals para mamá”, y los instrumentales “Bien porteña” y “Julie”, éste último grabado por Osvaldo Pugliese en 1959.

Eduardo Del Piano, bandoneonista, arreglista, compositor y director (14 de mayo de 1914 - 21 de diciembre de 1987). Dijo de él Néstor Pinsón: “Incansable itinerante con su fueye a cuestas, recorrió más de veinte formaciones hasta llegar a su propio conjunto. Un largo camino, que culminó con una gran satisfacción: ser elegido por sus pares presidente de la Asociación Bandoneonística Argentina (A.B.A.), de la cual Piazzolla era su presidente honorario”. La página “Tangos al bardo”, agrega: “Su carrera fue muy extensa, pero siempre en un segundo plano, aunque sus méritos pedían cancha y sus conocimientos y estética daban para mucho más que apilarse en la fila de bandoneones de Juan Canaro, Firpo, Fresedo, Lauro, Scorticati, la Típica Víctor, Zerrillo, Berto, Nóbile y otros conjuntos menores, aunque le alcanzaran para vivir dignamente. Seguidor de la escuela de Pedro Maffia, cuando lo veían de jóvenes con Troilo, en la orquesta de De Caro, comentaban: "¿Alguna vez llegaremos a tocar como este monstruo?". Ya fallecido, su mujer contó una anécdota, proveniente de un músico: “Le preguntaron a Pichuco por Eduardo y El Gordo, alzando ambas manos, dijo: en mis dedos están los diez mejores bandoneonistas del país y él se encuentra entre ellos”. Recién en 1943, a sus 29 años, da un salto grande en el escalafón y muestra sus blasones como primer bandoneón en la orquesta de Ángel D'Agostino, que estaba en la cresta de la ola, pero también lo haría en calidad de arreglador, orquestador y compositor. Allí se reencontrará con su gran amigo Angelito Vargas, con quien compartió las tres grabaciones que éste dejó con la Típica Víctor, en los años 1938 y 1939, y donde forjó su lunga amistad con el “Ruiseñor de las calles porteñas”. Algunos de sus temas, como “Esta noche en Buenos Aires”, en colaboración con D'Agostino y letra de Alvis (Erasmo Silva Cabrera), se convertirían en gran éxito. D'Agostino también registraría los temas instrumentales de Del Piano: “De corte criollo” y “Con sabor a tango”.  Posteriormente, Ángel Vargas al retirarse como solista lo requeriría para dirigir su orquesta y estuvieron tres años juntos entre 1947 y 1950. Pero, por fin,  quiso tener la orquesta que llevara su nombre y sería reconocido por el ambiente como el muy buen músico que fue”.

Miguel Nijensohn, pianista, arreglista, director y compositor (nació en Buenos Aires el 1º de diciembre de 1911 – falleció en Mar del Plata el 9 de mayo de 1983). Fue un músico completo y, además, un personaje muy popular en el ambiente del tango. Era común encontrarlo en un café de Corrientes y Montevideo, fumando incansablemente. Allí componía, conseguía algún intérprete para sus creaciones, lo iban a buscar para contratarlo, para acompañar a cantor o cantante, otros para que les vertiera en la partitura una música que habían imaginado y no sabían escribirla y también empresas en procura de una orquesta bajo su mando para actuar en radio, teatro o baile.  Vivió como un bohemio a plenitud (con muchas aventuras extramatrimoniales, las que le causaron más de un dolor de cabeza), pero también como un músico considerado un erudito, muy respetado en el ambiente artístico, donde lo requerían constantemente y siempre le dejaron sentir su aprecio. De modo que autores reconocidos, pero que no sabían escribir música, como Rodolfo Sciammarella, le silbaban sus tangos para que él se los anotara y armonizara. Alicia Nijensohn decía sobre su padre: "La única explicación plausible que justifique la participación de mi padre en el mundo del tango, radica, a mi entender, en su personalidad rebelde y bohemia. No le encuentro otra".

Héctor Oscar D'Esposito,  bandoneonista, director y compositor (18 de septiembre 1924 - 28 de marzo 1961). Es otro de los músicos olvidados en la historia del tango. Fue director de un conjunto al que se le denominó “La Orquesta del Ritmo Brillante”. Comenzó sus estudios musicales en su barrio natal,Wilde,  Avellaneda. En 1946 formó su primera  agrupación y grabó para el sello Music Hall, hasta 1958, año en que es contratado por el sello Bemol. Actuó en diferentes emisoras de radio, como Belgrano, Argentina, Rivadavia y también por Mitre, aquí en un programa muy tradicional en aquellos años que se llamaba, “Por las Rutas Argentinas”, teniendo como vocalista a Mabel Gamizo. La orquesta tuvo varios cantores, la ya mencionada Gamizo, Jorge Ledesma, quien solamente grabó el tango “Secreto” de Discépolo, en el año 1956. Otros cantantes que pasaron por esta orquesta fueron: Roberto Grosso, Raquel Mayo, Osvaldo Rico y Raúl Alberti. La orquesta de D’Espósito, fue muy requerida. No solo en la provincia de Buenos Aires, sino también en el resto del interior del país, realizando giras muy importantes. También actuó en Paraguay, Brasil y Uruguay. Dejó un total de 36 grabaciones.

 

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