Junín. martes 16 de octubre de 2018
Semanario de Junín » Cultura » 15 sep 2018

mente creadora

Domingo Faustino Sarmiento y sus sueños juninenses irrealizados

A sus setenta y tres años, el sanjuanino quedó maravillado con los paisajes de la laguna de Mar Chiquita, la de Gómez y la del Carpincho.


Por:
ISMAEL CANAPARO

Según cuenta Martha Salas (escritora, periodista, investigadora y experta en temas gauchescos) en el diario La Nación del 5 de noviembre de 2011, “a los 73 años, Domingo Faustino Sarmiento se encontraba aún saludable y abrigaba los proyectos y las ilusiones de establecerse en el pueblo de Junín, distante a 260 kilómetros de la Capital. Tan firmes eran sus intenciones que llegó a solicitar el nombramiento de Juez de Paz en Junín, en 1984.

Sarmiento se extasió con la belleza de la laguna Mar Chiquita, la de Gómez y la del Carpincho en la cuenca del Salado, con el fantástico espectáculo de ver miles de aves, como patos, cisnes, flamencos y pájaros flotando en las brumas de las aguas. Entusiasmado por la belleza del paisaje, Sarmiento, como hombre de acción, decidió explorar las lagunas, sus profundidades y su riqueza universal.

En la estancia de los hermanos Muñiz, hijos del naturalista Francisco Javier Muñiz, se reunión con varios hombres de ciencias e iniciaron un proyecto que significaba aplicar al uso y recreo del hombre la superficie y profundidad de dichas aguas y las cadenas tributarias, que se unirían al Salado, y que atravesaba ya el ferrocarril Buenos Aires al Pacífico.

Con su mente creadora, Sarmiento vio en Mar Chiquita una estación balnearia y veraniega para millones de familias. La laguna tendría un puerto de embarque fluvial llamado Puerto Muñiz, y lanchas que la recorrerían. Se solicitó al municipio la prohibición de cazar aves en un radio de diez cuadras, que sería el ejido lacustre de aves.

También en nota al gobernador Carlos D’Amico, Sarmiento indicó que se proponía crear una escuela Normal que fuera también quinta agronómica. La propagación de árboles y la educación de niños huérfanos en tareas rurales eran su objetivo. El proyecto era muy ambicioso y hablaba de navegación, natación, ejercicios gimnásticos, paseos en coche y a caballo. Se necesitaban árboles para dar vida a la monotonía de la pampa.

El proyecto también se refería a la lechería. Para ello, Manuel Guerrico le aseguró “cien vacas finas lecheras”. Una familia alemana le envió quesos y mantequilla que se harían con el rótulo de “Quesos y Mantequilla Junín”.

Todo parecía ir viento en popa hasta que se le advirtió a Sarmiento que la demanda no sería suficiente para evitar una ruina económica. La firma Unzué y Luro ya había fracasado en el mismo intento lechero.

Sarmiento, desde Buenos Aires, desistió el proyecto muy dolido. Ya le habían llegado semillas de Tucumán, árboles de la Quinta Normal de Chile y más de 70 variedades pedidas a Filadelfia, Estados Unidos.

En carta a mi amigo Muñiz, Sarmiento dijo que el proyecto fue el acta de nacimiento y de defunción de un niño que no alcanzó a respirar una hora…”.

Hace más cerca en el tiempo, el 30 de julio de 2017, Infobae publicó algo similar, que en los tramos esenciales dice lo siguiente: “En 1884, en medio de la polémica con los católicos por la ley de enseñanza laica (la famosa ley 1420), Sarmiento se ausentó de la ciudad para dirigirse al interior de la provincia y visitó la ciudad de Junín. A sus setenta y tres años quedó maravillado con los paisajes de la laguna de Mar Chiquita, la de Gómez y la del Carpincho en la cuenca del Salado.

Sin quedar del todo claro si llegó a invertir o no efectivamente en aquellas tierras, Sarmiento imaginó construir ahí un balneario para recibir a millones de familias durante los veranos. Su proyecto incluía un puerto fluvial y lanchas para recorrer las lagunas, actividades recreativas como la natación y ejercicios gimnásticos, además de paseos en coche y a caballo. Para ambientar en forma adecuada aquel lugar planificó una masiva acción forestal que quebrara la monotonía de la llanura pampeana e incluso solicitó al municipio la prohibición de cazar aves para conservar su fauna.

Por último, el ambicioso proyecto también incluiría el desarrollo local de la industria lechera y la producción de quesos y mantequilla, que se constituiría en un polo de desarrollo adicional.

Si bien cuando volvió a Buenos Aires la ley de enseñanza fue finalmente aprobada, el proyecto en Junín terminó en la nada antes incluso de haber empezado. Según los análisis económicos de la época, el ambicioso plan de Sarmiento no contaría con la demanda suficiente y el plan sería una ruina económica.

Por entonces también pasó un tiempo en una humilde casa enfrente de la ciudad de Zárate, donde Manuel Guerrico le donó un terreno. En esta última etapa de su vida Domingo perdió la fuerza arrolladora de antaño y se lo empezó a observar deprimido, avejentado y con una creciente sordera. Luego de tantos años Benita Martínez Pastoriza de Sarmiento continuaba proclamando a viva voz que Sarmiento había dilapidado todo su dinero dejándola en la calle mientras él vivía en medio del confort y el lujo. Por el contrario, aquel afirmaba que Pastoriza contaba con mayores recursos y que nada le debía. Ya mayor, se dedicó a revisar sus escritos para la reedición de sus obras.

A principios de 1888 los médicos le aconsejaron alejarse de Buenos Aires para evitar el frío del invierno. Entonces decidió embarcarse junto a su hija Ana Faustina y sus nietos rumbo a Asunción.

En la capital paraguaya se alojó en una casa de madera de cuatro habitaciones anexa al Hotel Cancha. Quizá debido al calor agobiante o a su espíritu inquieto, comenzó su última aventura: construir una moderna "casa isotérmica". Hecha completamente de hierro y fabricada a nivel industrial, Sarmiento la había adquirido a sus fabricantes en Bélgica, quienes le enviaron todas sus partes al Paraguay. De hecho, Gustavo Eiffel (el ingeniero de la famosa torre de París) fue uno de los fabricantes de este tipo de casas.

Pero Sarmiento no llegó a habitarla. Los esfuerzos de dirección de la obra lo habían dejado exhausto. Domingo falleció en Asunción el 11 de septiembre de 1888, a los setenta y siete años. En su testamento legaba todos sus bienes a su hija y nietos, aunque no se olvidó de Benita. Con cierta ironía dejó especialmente asentado que a pesar de no tener derecho a reclamar nada, y luego de tantos años de disputas, en caso de extrema necesidad ella podía solicitar como ayuda parte de la herencia. Incluso después de muerto, Sarmiento le seguía peleando.

Un gran escritor y prosista

Ezequiel Martínez Estrada tuvo en Sarmiento una de sus fuentes de inspiración más definidas, y lo elogió al llamarlo “El más grande prosista del habla”.

Miguel de Unamuno lo consideró, en referencia al siglo XIX, como el escritor en lengua castellana más hondamente castizo que hemos tenido en el siglo pasado.

Pedro Henríquez Ureña describió los dotes de Sarmiento como escritor: [...] tenía el ímpetu romántico pleno, la energía de la imaginación y el apasionado torrente de palabras, junto con viva percepción de los hechos y rápido fluir de pensamiento. Pero con todos esos dones no se resignaba a quedarse en mero escritor; sólo pensaba en servir a su patria argentina, a Chile, a toda la América española”.

Jorge Luis Borges, aún señalando la existencia de incorrecciones en la prosa sarmientina, reconoció el carácter “eficacísimo” de su escritura: “No hay una de sus frases, examinada, que no sea corregible; cualquier hombre de letras puede señalar sus errores; las observaciones son lógicas, el texto original acaso no lo es; sin embargo ese incriminado texto es eficacísimo, aunque no sepamos por qué. [...] La virtud de la literatura de Sarmiento queda demostrada por su eficacia”.

María Emma Carsuzán describió como “prejuiciosa suposición” las incorrecciones en la prosa de Sarmiento que algunos críticos suelen invocar, con énfasis en la abundancia de los galicismos y la ignorancia sobre los usos castizos: “Ahora bien, si los errores invocados atentan contra el casticismo, para disipar esta prejuiciosa suposición, son valiosísimas las opiniones del hablista habanero Mantilla, que casi no hizo correcciones gramaticales en la edición de Facundo sometida a su revisión, y se sorprendió al encontrar locuciones anticuadas y bien castizas; de Rojas, que atribuye algunos descuidos gramaticales al azar de la improvisación, no a la ignorancia, pues en otras partes son evitados, y que lo compara con los grandes prosistas españoles: «Venial es el galicismo en Sarmiento [...]”.

En el decir de Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo: “Hay una teoría romántica del impromptu a la cual los métodos de la escritura de Sarmiento no son ajenos: el movimiento, aun desordenado, de la escritura reproduce en la superficie del texto el oleaje de la inspiración, la percepción violenta e instantánea de la verdad literaria que es, a la vez, verdad histórica”.

En la obra literaria de Sarmiento, se destacan: Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas, (1845); Mi defensa, 1843; Facundo o Civilización y Barbarie, 1845. Trata sobre el caudillo riojano Facundo Quiroga y las diferencias entre los federales y unitarios. Es una descripción de la vida social y política del país que tiene alcances sociológicos e históricos, pues ofrece en él una explicación sociológica del país fundada en el conflicto entre la “civilización» y la barbarie”, personificadas respectivamente en los medios urbano y rural. Es su obra principal y una de las encumbradas de la literatura latinoamericana.60 La primera traducción al inglés, la hace Mary Mann, aparecida en 1868; Vida de Aldao, 1845; Método gradual de enseñar a leer el castellano, 1845; Viajes por África, Europa y América, 1849; Autobiográfica. De la educación popular, 1849; Argirópolis, 1850; Recuerdos de provincia, 1850; Autobiografía. Campaña del Ejército Grande, 1852: Las ciento y una, 1853; Serie de epístolas dirigidas a Juan Bautista Alberdi. Comentario a la Constitución de la Confederación Argentina, 1853; Memoria sobre educación común, 1856: El Chacho, 1865, sobre el caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza; Las escuelas, bases de la prosperidad, 1866; La infancia y educación de Abraham Lincoln, 1873; Conflicto y armonías de las razas en América, 1884. En esta obra desarrolla una concepción semejante a la de Facundo, pero encarada desde el punto de vista étnico. Su primer tomo es de 1884 y el segundo, póstumo, que según su autor es “Facundo llegado a la vejez” y Vida de Dominguito, 1886, sobre su hijo adoptivo, muerto en la Guerra de la Triple Alianza.

 

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

VIDEOS