Junín. martes 16 de octubre de 2018
Semanario de Junín » Locales » 4 oct 2018

editorial

Petrecca compadre

Que nos una el espanto, como parafraseando a Borges, no alcanza tal vez para comprender que tanta indolencia política termine por producir empatía ciudadana.


Por:
Semanario

Una frase que se le atribuye al primer presidente de los EE.UU. Abraham Lincoln dice: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

La vulnerabilidad del pueblo argentino ha quedado al descubierto.

Los “más vivos” del mundo. De Maradona, el Papa, Messi, Gardel; llevamos ya más de tres años (campaña incluida) embaucados por una agrupación política que ha tenido como abanderados a un grupo de empresarios apuntalados por la ingeniería social, para manipular a las masas y llegar donde llegaron, precisamente para saquearlas. Vaya paradoja, acompañados por aduladores, olvidados de tiempos políticos mejores.

Y aun así, algunos permanecen ensimismados, esperando que vuele el pan después del circo y que tenga la suerte de conseguirlo, guardarlo y llevarlo a su casa.

El país está cerrándose por duelo, porque el trabajo está en terapia intensiva y como la salud también está en crisis, se nota como -poco a poco- cada célula va quedando en el camino.

La particularidad de Junín es que sus empleados estatales terminan siendo la bomba que impulsa la economía local. Alguna vez tuvo el acompañamiento del campo, pero el sistema agresivo de producción en el área rural terminó dejándola abandonada y en su mayoría está siendo saqueada por intereses foráneos que venden los granos afuera y por ende el dinero no circula por acá (al menos como debiera).

El sector agropecuario en la pampa húmeda se parece cada vez más a la minería donde algún grupo poderoso hace la extracción y nos deja el daño ambiental. Por eso tal vez, el campo ya no marcha

Esta simple ecuación de Estado + (algo de) Agro, es la que mueve al comercio y los servicios, mientras la industria hace lo (im)posible para sobresalir en escenarios poco propicios.

Y a pesar de los estatales dominantes, el Estado aparece ausente con gobernantes y administradores que no se sabe si son cínicos o incapaces.

Y mientras en la salud tenemos innumerables agentes para su atención, no hay insumos, no hay inversión, no hay energía eléctrica, ni la más mínima organización.

Algo similar ocurre en educación, donde los docentes no pueden promover un servicio de calidad en escuelas con una infraestructura calamitosa, comedores donde la nutrición es paupérrima y curriculas del tiempo de Sarmiento.

Un poder judicial sobrecargado y desbordado con cosas por hacer, personal por nombrar, edificios por acomodar.

Organizaciones diversas de tecnología agropecuaria, de servicios sociales, atención a jubilados. Incluso los mismos agentes de seguridad que suelen tener cada tanto algún guiño gubernamental, pero sólo se los convoca por si hay que pegar. Mientras cada día varios vecinos se quedan sin sus motos, sus bicicletas u otros bienes. Saqueados por esos que alguna vez también trabajaron y hoy (y ayer) quedaron al margen de todo.

¿Acaso podemos pensar que se trata de un plan maquiavélico similar a otros tiempos en los que se acusaba a los ferroviarios de vagos y se cerraban ramales si había paros? O el caso de los telefónicos que tardaban años para bajar una línea, cuando en realidad no había inversión del Estado.

¿Cuántos juninenses terminaron en la DGI (en 1997 AFIP) en los ’90, como un símbolo de un gobierno que dejaba de producir pero que no vacilaría en recaudar?

Y fue la historia de aquellos la que hizo que estos estatales juninenses fueran los que terminaron resultando pasionales en la plaza el martes 25 de septiembre, luego de que marcharan encolumnados por las calles céntricas junto con trabajadores de la industria y la construcción y de todos aquellos que hoy padecen la política de la sumisión.

Movidos por el miedo a perderlo todo, cada uno, como si hubiese escuchado la frase de Abraham Lincoln con la que nos iniciamos, salió a decirle basta a las mentiras descaradas que con cotidianeidad nos abruman, quienes nos prometieron alegría y nos sumergieron en la tristeza. Una tristeza que terminó convirtiéndose en sinergia.

Y los oradores, estimulados por la gente trabajadora, se animaron a develar la “cobardía” del gestor comunal, mostrando cuanto se puede perder de caudal eleccionario (y de valores) en menos de un año, cuando los vecinos se hartan de engaños y esperna sin suerte que quien les dio algunas palmaditas en su espalda se termine poniendo en sus zapatos.

Buscando un poco de empatía, como si se tratara de un compadre. Algo que nunca ocurrió y que ante cada mención de su nombre, terminó siendo un estallido de silbidos.

EL TEXTO ORIGINAL FUE PUBLICADO EL SÁBADO 29 DE SEPTIEMBRE 2018 EN NUESTRA EDICIÓN IMPRESA  

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