Junín. martes 16 de octubre de 2018
Semanario de Junín » Locales » 5 oct 2018

OJOS QUE VEN

Los ignorados de siempre


Por:
Semanario

La pobreza es algo más que números. No se trata de porcentajes ni de incrementos o bajas en las cantidades, ni de estadísticas... detrás de todo eso hay personas reales, de carne y hueso, que más cerca o más lejos sufren de hambre y frío, no tienen un lugar en condiciones para vivir y afrontan un futuro sin esperanzas ni proyectos: sólo buscan pasar el cada día.

Precarias casas construidas con chapas y piso de tierra, donde se amontonan camas para albergar a hijos y perros, se reparten en sectores casi ocultos de la ciudad. Son los olvidados, los invisibles, a los que no les llega ninguna ayuda y les resulta imposible salir del pozo en el que ya nacieron, porque no conocen caminos alternativos y muy pocas manos se extienden para dar verdaderas oportunidades.

Estas tantas familias juninenses no saben lo que son los servicios básicos como agua o cloacas y menos aún gas natural. No tienen medios de movilización aunque viven en los barrios más alejados de la zona céntrica. Los chicos van a veces a la escuela, y sobre todo para poder almorzar en el comedor.

Existen, ahí confinados en el borde de la ciudad, creciendo como parias y repitiendo modelos e historias que llegaron con su misma cuna de nacimiento.

Ellos, los que sobreviven juntando cartones o haciendo changas, cuando logran que los ‘comunes’ se repongan del miedo que les dan sus pantalones rotos y les brindan la posibilidad de cortar el pasto o levantar un tapial.

Están ahí. No son producto de ningún gobierno en particular, van de generación en generación reclamando por derechos que parecen no tener. En medio de calles llenas de barro, agujeros en los techos y la ropa donada para los más chicos, compartiendo hasta el calzado y sin mayores alegrías.

Es el Junín que no se ve. El de los ignorados.

HERENCIA Y REALIDAD

Un poco por herencia de un modelo “nacional y popular” que también discriminó, y otro poco por el brutal despliegue neoliberal de un gobierno de clases altas, es que los últimos números arrojan –según el último informe del Observatorio Económico y Social de Junín presentado en las últimas horas- que uno de cada tres juninenses vive actualmente en “situación de pobreza”.

La medición, realizada entre el 22 de agosto y el 9 de septiembre de este año, involucró a personas mayores de 15 años, de todos los niveles socioeconómicos.

“Un 35,4% de la población está por debajo de la línea de pobreza, percibiendo mensualmente en su hogar entre $8.2043 a $20.690. Después, hay un 37,2%, de clase media en riesgo, con un ingreso de entre $20.690 y $41.680. Dentro de esta franja, un 9% está en riesgo inminente de pobreza, a pesar de superar la línea, con cualquier fluctuación económica. Son aquellas personas que reciben en sus hogares hasta $25.000. Sólo un 18,4% pertenece a la clase media plena y son los que cuentan entre  $41.000 y $82.000  mensuales; y un 9%, pertenece a la clase alta”, explicó la docente e investigadora Natalia Barco Martínez, del Observatorio Económico y Social.

Con estos datos, el informe revela que “uno de cada 3 juninenses está por debajo de la línea de pobreza, teniendo en cuenta los ingresos”.

Obscenidad básica

Por Luciano Canaparo

A veces me da un ataque de ingenuidad y no puedo parar de pensar en esa obscenidad básica y, sobre todo, en cómo conseguimos olvidarla. Es cierto que miles de técnicos en las más diversas ramas trabajan para eso. Pero igual es sorprendente que hayamos conseguido dejar de lado la cuestión, que podamos hablar de tantas otras cosas y no de la central: ¿no es básicamente intolerable que haya ricos muy ricos y, en consecuencia, pobres muy pobres? ¿No es terriblemente pornográfico que haya tantos hombres y mujeres y chicos que no comen suficiente porque algunos se gastan un mes de comida para cuatro en un par de pilchas de marca que usarán un par de veces? ¿Qué yo pueda manducarme en una cena con amigos lo que tantos ganan en una semana de trabajo, si los ganan? ¿Por qué no nos resulta insoportable? ¿Cómo hemos conseguido convencernos de que esa es la lógica del mundo?

Yo sé que a esta altura del partido uno debería pensar cosas más inteligentes. Pero ahí está la trampa, la primera: minucias como estas pasan por torpezas, por consignas trasnochadas. Además, los que prefieren que olvidemos este dato controlan la política y los medios, los focos de producción del discurso. Así fue como nos convencieron de que no existe causalidad: que los pobres no son pobres porque los ricos son ricos. Y, también, de que existe una “riqueza legítima”: que “robar” está mal, pero que es correcto que un patrón les pague a sus empleados dos con treinta mientras se llena de guita gracias al trabajo que les compra.

Me parece que allí actúa, como tantas otras veces, la falta de perspectiva histórica: seguramente vendrán tiempos en que esta idea parezca inverosímil. Si se hubiera hecho una encuesta en las calles de la Roma imperial, todos habrían dicho que la esclavitud era una de las formas naturales de la propiedad, por ejemplo.

La pobreza en Argentina actual es muy impresionante, pero tanto o más impresionante me parece es que hayamos aprendido a convivir  con todo eso, que no estemos en un estado de indignación permanente ante la obscenidad básica –como sí lo estuvimos y estamos, por ejemplo, ante los curros o curritos, los errores y excesos de la década ganada-. Y que pensemos que ese estado de cosas es una especie de fatalidad y no el producto de decisiones políticas que se podrían cambiar con otras decisiones políticas.

Y eso por no hablar de otras cuestiones colindantes. Cómo, por ejemplo, que los nuevos pobres no tienen siquiera la identidad de clase que los pobres solían tener. Los pobres eran, en esos años, señores y señoras que trabajaban en fábricas, talleres y servicios, no ganaban mucho, y tenían unas costumbres que los constituían. Esos señores y señoras no solían llamarse pobres a sí mismos. Eran, según y cómo, los obreros, los trabajadores: su posición se definía con relación a la estructura laboral. Era una posición subordinada –tenían que vender su fuerza de trabajo por no mucho- pero era. Y en relación con esa estructura tenían una cultura de la que estaban orgullosos –su propia cultura- y una idea de sí mismos. La izquierda los veía como la “clase portadora de la historia”; los manuales los enlazaban como los “creadores de la riqueza nacional”; ellos solían definirse, entre otras cosas, como peronistas. Hasta que el trabajo fue dejando de estar en el centro y, al final, dejó de estar en cualquier parte. Los obreros –y muchos otros trabajadores- perdieron ese foco organizador y volvieron a convertirse en pobres: su lugar en la sociedad ya no está definido por lo que hacen sino por lo que no tienen.

 

 

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