Junín. domingo 18 de noviembre de 2018
Semanario de Junín » Locales » 26 oct 2018

PETRECCA, EL RECAUDADOR

Municipio avariento ahoga a los vecinos

Más allá del caos económico en el que nos han sumergido los gobiernos nacional y provincial, la administración local se muestra impiadosa y sigue inventando tasas sin contraprestación que se suman a otras igualmente ilegales. Radiografía de una sangría para el bolsillo de los juninenses.


Por:
Semanario

A veces resulta insospechado creer que un municipio que debiera proveer condiciones básicas para el buen desarrollo de las empresas y sus habitantes, termine generando problemas tanto a unos como a otros.

En una sociedad capitalista, sustentada en el consumo, resulta un contrasentido que impuesto tras impuesto, tasa tras tasa, terminen ahogando a la gallina de los huevos de oro, como si la agarráramos del cogote.

Si a ese show de “impuestos” le sumamos artimañas recaudatorias, todo termina siendo un infierno en un país que, además, padece una de sus peores crisis económico financieras de que se tenga memoria y que ha sabido superar -tristemente- a otras tan perjudiciales que sí se recuerdan y permanecen en el colectivo ciudadano.

Si le agregamos el descomunal aumento de tarifas públicas, la inflación que significa una depreciación del salario y la devaluación que provoca otro tanto, el resultado es altamente perjudicial para cualquiera de nosotros que, hoy o mañana, sucumbiremos a este deterioro general de las condiciones de vida de los habitantes del país, la provincia y lógicamente de Junín.

Lo llamativo es que nadie ponga de si una pizca de piedad a la hora de hacer menos penosa la situación y, azorados, nos terminemos encontrando que la propia gestión municipal es la que está “agregando piedras a la mochila” justo cuando nos toca cruzar un río de aguas turbulentas, profundo y con la costa del otro lado muy lejana.

Como si se tratara de una broma macabra, la administración de Pablo Petrecca, que nunca mostró demasiada sensibilidad en sus actos aunque le ha sobrado en la declamación, emprende jugadas cada vez más arteras contra los propios habitantes de un Junín cada vez más aplastado en cuanto a su desarrollo.

UNA HISTORIA SURREALISTA

Ni a Maquiavelo, al escribir “El Príncipe”, se le hubiese ocurrido semejante tiranía para el diario vivir.

Los juninenses, merced a nuestras elecciones de funcionarios prácticos a la hora de “pasar la bolsa”, nos hemos cargado de un montón de cuentas que nuestros intendentes, desde el advenimiento de la democracia, no se han fijado en incrementarnos.

Abel Miguel arrancó con la “fiesta” de tasas tras la aprobación de la de “Seguridad” como corolario de una situación cada vez más calamitosa que involucró a una “policía maldita” -al decir de Eduardo Duhalde-, crisis económicas sucesivas, propuestas neoliberales y sociedades excluyentes, que terminaron por minar la paz social desde el conurbano hacia el interior.

Cárceles más o menos como excusa obligada, hicieron que el municipio generara una “Tasa” para sostener algo que ya formaba parte, constitucionalmente, del Estado provincial, abocado de modo insustituible, a la provisión de educación, salud y seguridad como pilares esenciales.

La avidez para hacerse una “caja novedosa” inclusive produjo que su cobro terminara formando parte de la factura de energía eléctrica, algo insostenible desde todo punto de vista jurídico, aunque a sabiendas que los “puntos de vista jurídicos” hoy son parte del parecer del juez de turno y no de la amplísima bibliografía que aborda al Derecho.

Entonces, la “seguridad” pasó a formar parte de una cultura del “pague por respirar” que nos sigue hasta nuestros días con la finalidad de acrecentar el erario en manos de administradores ineficientes que creen que el bolsillo del vecino es como el de los payasos del circo “Papelito”, que se les puede meter no sólo una mano, sino dos y aún la cabeza para espiar cuantas monedas quedan.

INEFICIENTES

Los argentinos estamos acostumbrados a que si hay algo malo que nos pasó, “paciencia”. Puede acontecer aún algo peor y así fue como a la suma de nuevas tasas, se dejaron de comprometer con las ya existentes y de ese modo la recaudación por “marcas y señales” terminó convirtiéndose en un impuesto debido a que el fin que perseguía la contraprestación (mejora de caminos afectados por la ganadería) terminó siendo inexistente.

De la misma forma ocurrió con la tasa de Red Vial, hoy tan criticada por un sector escindido de la dirigencia agraria, que tras fallar la contraprestación, tantas veces prometida por el actual intendente Petrecca y olvidada por Mario Meoni, se transformó en una interesante suma que se destina a menesteres que no se conocen bien, pero sin dudas no se aplican a lo que se debe, por lo tanto tenemos en la mira “otro” impuesto más del municipio que –casualmente- no puede cobrar impuestos.

A veces solemos olvidar que el recurso municipal no es un impuesto sino una tasa. La tasa es el pago de un servicio prestado por el municipio. Otro principio que solemos olvidar es que el municipio no es un ente autónomo sino una institución provincial regulada por una ley. Pues si la provincia no la tuviera no cumpliría el requisito constitucional para ser provincia de esta República.

HIJOS DEL PAVOTE

Para no caer en eufemismos machistas podemos decir claramente que las administraciones municipales nos han tomado por los “hijos del pavote” y hasta nuestros días nos han ido “encajando” tasas, con escasa y nula contraprestación, transformándolas en una carga más a los ya saqueados bolsillos.

De modo tal, que los juninenses hoy pagamos el combustible más caro que cualquier otro lugar del país, gracias un canon extra que va a las arcas comunales y cuya recaudación se destinaría (?) al mejoramiento de los caminos viales del partido.

Sin olvidar, por cierto, que nuestro municipio, con la actual gestión, compra el gasoil y la nafta más caros de toda la República Argentina por este particular sistema de licitaciones públicas que generan un gasto a la gestión Petrecca (y a cada uno de los contribuyentes) de más de 400 mil pesos mensuales que vaya a saber qué destino terminan teniendo, ya que a pesar de las denuncias, esta administración guarda silencio como generando más credibilidad en aquello de que “el que calla otorga”, poniendo en duda los buenos valores que decían tener cuando estaban en campaña.

(Dicho sea de paso, el proyecto de transparencia municipal anunciado hace un par de meses en conferencia de prensa por el Intendente, aún no llegó al Concejo Deliberante para su tratamiento).

Por otra parte, la novedad de la tasa que ya paga la mayoría por la obra del “relleno sanitario” a favor de una empresa que no hizo más que barrer nuestra basura, que estaba al aire libre, debajo de una costosa alfombra sin cambiar un ápice respecto a lo que debiera constituirse en un verdadero proyecto de reciclado y tratamiento de residuos.

Lo que acrecienta aún más la posibilidad de la que hablábamos de que algún día se implemente el “pague por respirar”.

De hecho, usen o no el colectivo urbano hasta ahora “fantasma” de la administración Petrecca, deberán los juninenses pagar una tasa que servirá para subsidiar a la empresa “amiguera” que llegue a la ciudad y finalmente ponga en uso los postes y refugios que otro amigo construyó, dando marco a esta alianza Cambiemos tan ligada a promover el crecimiento empresarial a costa del emprobrecimiento vecinal.

Un logro. Sin lugar a dudas, que ha sido acompañado desde hace 35 años, por una cohorte de concejales alcahuetes del poder de turno y no responsables del mandato dado por sus electores, a quienes han ayudado a vivir –cada vez- un poco peor.

LEGITIMIDAD DE LA TASA

La tasa es legítima siempre que retribuya la prestación efectiva al sujeto obligado de un servicio público propio y divisible por parte del Estado municipal.

Como explican los especialistas del Derecho tributario, “la cuantía global de la tasa admite tres requisitos: la existencia de un servicio efectivamente prestado; que el monto de la tasa no sea confiscatorio, único límite jurídico susceptible de revisión judicial, y aun en los casos en que no llegue a ser confiscatorio, el monto de esa tasa debe guardar una discreta y razonable proporción con la actividad desarrollada por el Estado para prestar el servicio, o sea, con el costo del servicio”.

Se añade que “la actual proliferación de hechos imponibles nuevos, que no prevén la prestación del servicio en forma uti singuli (servicio público) por parte del Estado, resultan inconstitucionales, tal es el caso de (más ejemplos):

- las contribuciones por inspección, seguridad e higiene por el ejercicio habitual de actividades a título oneroso en el ámbito territorial de la respectiva municipalidad sin la exigencia de local o establecimiento,

- las tasas de publicidad y propaganda en el interior de los locales,

De esta forma, al estar ausente la prestación efectiva del servicio público justificante de su imposición, y no guardar su monto razonable proporcionalidad con el costo del servicio, debemos reputar a estos tributos como impuestos.

De esta manera, resultarían violatorios del artículo 9º de la ley 23.548 –ley de coparticipación federal-, al verificarse analogía con los tributos nacionales coparticipables –atento a que los niveles nacional y provincial, vulnerando, a su vez, la garantía de razonabilidad de las leyes (artículos 28 y 33 de la Constitución nacional) por cuanto, como las ordenanzas cuestionadas no reúnen las características requeridas para que el derecho que crean sea considerado como una especie de tasa (contraprestación de un servicio concreto y efectivo por el pago-cobro de su precio), surge como un impuesto encubierto para satisfacer finalidades distintas a aquellas para lo que se dice fue establecido; e infringiendo, por su parte, el principio de legalidad en la tributación (artículos 4, 17 y 19 de la Constitución nacional).

En consecuencia, comportaría un exceso en el ejercicio de la potestad tributaria municipal, que conllevaría a una desarmonización con el régimen impositivo federal y provincial, pudiendo producir situaciones de duplicidad o multiplicidad de imposición, en pugna con postulados constitucionales que rigen esa materia.

PASEO DE COMPRAS MUNICIPAL

Como si fuera poco este “bullyng impositivo”, debemos soportar un acoso similar que forma parte de todos y cada uno de los servicios que debe prestar el municipio a sus habitantes.

Cada trámite a realizar exige un pago costoso, tal como ocurre con el carnet de conducir.

Sumemos a ello, las infracciones en materia de incumplimiento para comercios e industrias, las multas que pasan por encima de lo que debiera ser una campaña de concientización y educación tanto vial como en el cumplimiento de normas de seguridad destinadas a empresas.

Una administración que castiga como si se tratara de un padre golpeador, cuando el vecino ya viene golpeado desde distintos ámbitos que comienzan por el Estado saqueador de la nación y pasa a la provincia, todo en un marco donde lograr el sustento se hace cada vez más difícil en virtud de despidos, achicamientos y quebrantos varios.

Falta denunciar como deliberado tormento, el manejo discrecional que hace esta gestión del estacionamiento medido que el propio Intendente criticaba cuando era un simpático concejal en campaña.

Resulta fuera de toda lógica que una empresa foránea, en connivencia con el municipio, bolsiquee a los automovilistas que caen en la trampa de querer estacionar en una zona céntrica cada vez más ampliada, con el único motivo de joder la vida de la gente que ya de por sí la tiene jodida por una alianza política insensible plagada de una clase política enriquecida por el Estado.

El estacionamiento medido y el tránsito en nuestra ciudad nunca se pudieron controlar y cada una de las urgencias para hacerlo terminó generando la apertura de una nueva y deleznable técnica recaudatoria.

La perversión que supone el control vial no sirve más que para que el municipio lleve a su caja negra -vacía de transparencia-, un dineral que será repartido con los creadores de la trampa legal en la que diariamente caen decenas de automovilistas debido a dos particulares razones: necesidad urgente o ignorancia.

Quien hoy estaciona en un espacio con medidor lo hace por una urgencia o por la ignorancia al desconocer la técnica pergeñada para recaudar. Nunca el sistema sirvió para ordenar el tránsito de Junín, pero sí al igual que todas y cada una de las medidas recaudatorias que hemos ido mencionando, fueron saqueando en forma sistematizada el bolsillo de cada habitante de esta tierra cuyos administradores se levantan cada día pensando en cómo joderlos una vez más.

Que un municipio sume a su equipo de trabajo una grúa para el acarreo de vehículos que no han cumplido con un pago que no les aporta ninguna retribución, en lugar de proveer –por ejemplo- una ambulancia para la atención de la salud vecinal, es una muestra clara de cuáles son las prioridades de una gestión que se destaca por la avaricia propia y la indolencia hacia lo ajeno.

EL TEXTO ORIGINAL FUE PUBLICADO EL SÁBADO 20 DE OCTUBRE 2018 EN NUESTRA EDICIÓN IMPRESA  

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