Junín. domingo 18 de noviembre de 2018
Semanario de Junín » Opinión » 2 nov 2018

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El problema es no creer en la política

Escribe Damián Itoiz


Escribe Damián Itoiz

Cuando Francis Fukuyama, director delegado del Cuerpo de Planeamiento de Política del Departamento de Estado de los Estados Unidos, en 1992, en su libro “El fin de la Historia y el último hombre”, expone su polémica tesis sobre que la historia, como lucha de ideologías, ha terminado, con un mundo en consecuencia basado en una democracia liberal que se ha impuesto tras el fin de la Guerra Fría, puso también en la mano y el pensamiento de los políticos y filósofos conservadores modernos, el argumento basal donde fundar el discurso y la dialéctica perfecta para empezar a hablar de la crisis de los partidos políticos y por carácter transitivo del debate político.

Se acababan las ideas que definían las acciones de los gobernantes y el eficientísimo más pragmático garantizaba los resultados de la política.

La economía se volvió entonces el norte de las brújulas de todos los nuevos movimientos políticos del mundo y la antipolítica en la sustancia de los nuevos partidos, que, en su propia contradicción posmoderna, menospreciaron a la ciencia social Platónica, intentando contener en esquemas de partidos sui generis, las críticas de los ciudadanos artos del fracaso de la dirigencia tradicional y así hacer de la lucha por el poder la oportunidad de su clase.

En ese contexto histórico y ayudados por el totalitarismo de los últimos años del kirchnerismo, llegó al poder en la argentina Mauricio Macri, como una segunda experiencia neo-conservadora que antes la llamamos menemismo.

Con su partido político PRO, en una alianza electoral que se llama Cambiemos, abrevando de esa doctrina que domino la década de los noventa y aprovechando el hartazgo de la gente por el fanatismo ideológico e irracional del último gobierno peronista, le dio a la clase aristocrática y burguesa más conservadora de la Argentina la posibilidad de alzarse en elecciones libres y democráticas con el poder institucional de nuestro país.

Nadie que tuviera una mirada histórica de la política argentina pudo haber pensado que no iba a suceder lo que hoy está sucediendo. Porque se vació de ideología a los discursos y se llenó de pragmatismo a la política y así tomo fuerza el discurso de la eficacia y la eficiencia de la clase aristocrática y dominante que decía que los hijos de los fundadores de la Patria, los herederos de las familias constructoras de la Nación Argentina, venían a terminar con el fracaso histórico de la burocracia política corrupta de los partidos tradicionales.

Pero estos experimentos de políticas sin ideologías, de gobiernos pragmáticos y anti políticos, tienen en su esencia su propio talón de Aquiles, la economía, su argumento central, que es lo que únicamente garantiza su propia gobernabilidad y genera en esos gobiernos su debilidad fatal cuando fracasa.

Porque si no funciona la economía la política no puede remplazarla (porque no hay ya política) y de esa manera no ponen solo en riesgo sus intereses de clase, sino también todo el sistema de la democracia liberal y representativa, solo quien no cree en la democracia igualitaria y solidaria puede correr ese riesgo.

El resultado que los movimientos políticos como el que hoy gobierna la Argentina producen al cabo de un tiempo siempre es el mismo: pérdida de derechos para las clases populares, disminución de la calidad de vida y el ensanchamiento de la brecha social entre los que más tienen y los que menos tienen.

Pero en definitiva la política es lucha de clases y cada clase tiende a pelear por su propia subsistencia, a beneficiarse en perjuicio de la otra. Ni siquiera es entonces reprochable éticamente esa conducta, porque ese pensamiento clasista parte de una base amoral de la política y tiene fundamentalmente que ver con la concepción antropocéntrica del hombre que cada uno tenga en su propia esencia cultural y pedirles a los ricos que tengan sensibilidad social es como encerrar a un zorro en un gallinero y pedirle que no se coma las gallinas.

Pero también es cierto que esos errores de las sociedades son fundamentalmente de las clases medias y bajas que integran esas sociedades, y también es cierto que una vez terminado esos procesos elitistas y clasista esas mismas clases sociales que se condenaron y perdieron sus conquistas en las manos de los que ellos mismos votaron, recuperan sus derechos de la mano de los movimientos populares.

Y cuando esas clases se asfixian con medidas económicas que las han perjudicado se da vuelta el péndulo del poder para el lado de los más desposeídos y allí la ideología recobra su lugar y vuelve la política.

Más pronto que tarde sucederá esto en la Argentina, porque el problema, contradiciendo lo que dijo un gran ex presidente de los EEUU, no es la economía, el problema es y será siempre el no creer en la política.

 

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