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Semanario de Junín » Cultura » 19 nov 2018

TODO UN BOHEMIO DE LEY

Rómulo Berruti, entre el cine y el tango

Periodista de larga trayectoria y especialista en cultura y espectáculos. Entre tangos y milongas, clásicos de todos los tiempos, el conductor cuenta por la 2x4 FM 92.7 anécdotas sobre las grandes figuras de la noche de Buenos Aires que ya son leyendas, entrevista a los protagonistas del cine, el teatro y las letras, y analiza los espectáculos de la cartelera porteña.


Por:
Ismael Canaparo

Rómulo Berruti tiene 81 años (nació en Buenos Aires el 23 de octubre de 1937) y sigue estrechamente ligado al espectáculo. Desde 2008 conduce el programa “Plumas, bikinis y tango”, que se emite los domingos, de 11 a 13, por La 2x4 FM 92.7, la radio pública de la ciudad de Buenos Aires. Se trata de un programa en el que no sólo se pasa música: también se habla de cine, teatro y literatura. “Me hace muy feliz”, confiesa Rómulo. “Yo siempre estuve muy relacionado con el mundo del tango: me pasé la vida en los boliches hasta las cinco de la mañana”, agrega, con cierta nostalgia, y como para dejar en claro que si hay algo que le sobra es bohemia.

Según él, la audiencia que lo sigue es “muy fiel”. Y detalla: “Nos escuchan en todo el mundo. Hay un neurólogo argentino, Raúl Mandler, que está radicado en Washington. Es muy tanguero. Se bajó la aplicación. Y los domingos, cuando sale a correr, escucha el programa. Lo mismo ocurre con gente de Uruguay, Colombia, Perú, Chile, Bolivia y Brasil”.

Periodista especializado en cultura y espectáculos desde 1960, escribió en los diarios El Mundo y Crítica. Durante 26 años integró la redacción de Clarín, donde tuvo a su cargo la página teatral, realizó crítica de cine, cobertura de eventos internacionales y entrevistas a figuras del espectáculo en el país y el exterior, siendo Jefe de Espectáculos cuando se alejó de ese medio. Con Carlos Morelli  condujo el memorable programa de cine “Función Privada” durante 16 años consecutivos (Premio Martín Fierro). Su programa radial “Detrás del espejo” cumplió 15 años consecutivos en el aire entre Radio del Plata y Radio de la Ciudad. En la actualidad, es jurado de los Premios María Guerrero, Martín Fierro (TV) y Cóndor de Plata.

Cuando uno nombra a Rómulo Berruti de inmediato lo asocia con Carlos Morelli, los inolvidables conductores de “Función Privada”, aquel mítico ciclo de cine que nació en Canal 7. Los dos son sinónimos de cine argentino en TV, formados en un periodismo muy exigente de esa época. El hoy tanguero, lo cuenta así: “Función Privada” fue un fenómeno de la televisión argentina que superó todas nuestras expectativas. Canal 7 nos convocó en 1977, cuando sólo había allí proclamas y desfiles militares. Alguien pensó que le faltaba ángel a la emisora, y nos llamó para hacer un programa de cine. Arrancamos con un ciclo que se nutría de la filmoteca del canal, que en ese momento era muy pobre. Hicimos períodos de galanes, de divas, de villanos, para usar ese material que era muy malo, incluso técnicamente deficiente. El primer programa se llamó “Microcine 7”; el segundo, “Sábado segunda noche”. Salíamos a la medianoche, que en ese momento era un horario marginal. Con la democracia llegó ATC, que empezó siendo altamente competitivo (y era el que tenía más rating de todos). Miguel Angel Merellano nos propuso pasar a las 22 y hacer un programa de cine para competir con el 9, el 11 y el 13. Le dijimos que si nos compraban cine, sí, porque lo que había era pobre. Y fue así que empezamos a estrenar todo el cine argentino nuevo, que implicaba lo más importante de la industria. El público empezó a gozar a plenitud del cine argentino. Y después se fueron sumando cosas, como los capítulos de Flash Gordon (una serie del año 36 que volvió loca a la gente, y que encontró Carlos), o “Sucesos argentinos”, que encontré en la vieja Cinemateca argentina”.

“¿Cuál era el criterio a la hora de elegir las películas? En principio, las que no tenían los demás canales.  No podíamos ponernos a competir nunca con “El mundo del espectáculo” (Canal 13) ni con el cine de acción y aventura que daba el 11. Entonces pensamos que la clase media argentina amó siempre ese cine que lo acerca a la cultura. Así elegimos directores casi demonizados, malditos, desconocidos. Y el cine argentino empezó a ser prioritario. Después incluimos al cine español, que conseguía Morelli. Pasábamos el ciclo “La huella del crimen”, que eran películas basadas en asesinatos reales, que le voló la cabeza a los espectadores. La idea era siempre pensar en ese material maravilloso que nadie pasaba, porque veníamos de una televisión cerrada. Como todo podía ser políticamente incorrecto o éticamente reprobable, todos se autocensuraban. Y aprovechamos eso. Pasábamos films muy osados completos, sin cortes, y hasta actos sexuales íntegros que le valieron varios sumarios al canal. Aprovechamos cierto vacío legal, aunque algunos particulares presentaron denuncias”, cuenta Berruti.

Y continúa recordando detalles de aquel ciclo: “Creo que la gente compró el binomio. Aún hoy con Morelli somos sinónimo de cine argentino en TV, cuando hubo muchísimos programas de ese estilo. La televisión era un medio nuevo para nosotros, que veníamos de la gráfica. En los primeros programas estábamos durísimos, después nos relajamos. Más tarde surgió la idea de paladear un whisky en cámara. Fuimos los primeros. A la gente le encantó. Al principio éramos nosotros dos, en el bar, con la foto de Marilyn. Grabábamos a las siete de la mañana, como si fuera en vivo, sin repetir, sin cortar. ¡No podíamos empezar el día tomando! Esa era una creencia popular. ¡La gente tomaba en su casa mientras miraba las películas, pero nosotros no! Después hubo otra época en la que se comía y se tomaba, ahí algo probábamos. Teníamos un canje de champagne, nos mandaban muchas cajas”.

“Es tan actual el recuerdo de “Función Privada”, que no pasa un día sin que el cajero del banco, el taxista, la chica del lavadero o el mozo nos recuerden esa experiencia y, claro, siempre está el reclamo de la vuelta. Tanto Carlos como yo somos muy conservadores con respecto al tema, y estamos muy contentos de haber quedado perpetuados así. Nunca se descarta la posibilidad de un regreso acotado, en algún evento especial, muy puntual. En todo caso, lo digo con mucha modestia, dibujamos una propuesta que no ha tenido muchos seguidores. Hemos sido únicos. Por eso se mantiene encendida esa llama. Hemos formado espectadores sin imponerles nada. Les dábamos los elementos para que el visionado de una película en televisión fuera una experiencia diferente”.

Y también habla de tango, género que maneja a la perfección: “¿Mi secreto para mantenerme en el aire? Creo que me doy cuenta en qué momento empiezo a aburrir. Entonces, cambio. Si el invitado a mi programa es un plomo, hablo yo... Es más: hago de todo. Hasta puedo llegar a hacer imitaciones de algunos cantantes de tango. El que mejor me sale es Alberto Castillo. O Carlos Dante, una voz del viejo tango, el de los grandes monstruos, el del Glostora Tango Club, el preferido del público. El tema que más me agrada es “Cambalache”, de Enrique Santos Discépolo. La letra es extraordinaria. Y también me gusta mucho “Ave de paso”, de Charlo. Hay muchos grandes tangos, “Sur”, de Homero Manzi. Manzi es un acuarelista, un pintor del barrio. Es como si estuvieras viendo lo que se canta, como si fuera cine”.

El recuerdo de una función polémica

“Nunca me voy a olvidar el revuelo que armó la proyección de 'El crimen de Cuenca', de Pilar Miró. Tiene unas escenas de tortura terribles. Hubo gestos a favor y en contra, pero al final tuvimos que repetirla. Nuestro pico de rating más alto fue el estreno en TV de 'Esperando la carroza', sin duda. Recuerdo otro escándalo, el de la película 'El agujero en la pared', con Alfredo Alcón y María Noel. Tenía una escena con el pubis de Noel y una mano (que supuestamente era de Alcón, aunque no lo sabemos), que la acariciaba. Mostrar un primer plano de un pubis femenino en el año 1984, fue una catástrofe, que provocó un escándalo, una verdadera lluvia de cartas y llamados. Pero era la película que mostraba eso y no culpa de nosotros. La foto de Marilyn está. La nave de Flash Gordon está, la música de Amarcord está, y el bar debe estar en algún lugar. La productora de 'Función privada' fue Susana Tenreiro, la gran hacedora de ese programa y de todos mis eventos. Ha estado a mi lado toda mi vida. ¡Es la tercera mosquetera invisible! Es parte de esta historia”, rememora Berruti.

“Plumas, bikinis y tango”

“¿Por qué se llama así el programa? Porque al tango se lo vincula con el cine de los años 40. Pero en realidad, en los 20 ya se lo cantaba en el teatro de revistas: allí lo estrenaban grandes cancionistas como Libertad Lamarque, Tita Merello, la Negra Bozán, Rosita Quiroga o Ada Falcón... Yo me crie en los camarines del Maipo. Uno de sus tíos, Alejandro Berruti, era un hombre del mundo del teatro. Y fue quien me conectó con los escenarios. Así, a la hora de elegir “plumas y bikinis impactantes”, no dudo: Nélida Roca era el clásico hembrón argentino. Y Nélida Lobato era una profesional increíble. Por ellas dos, una vez publiqué en Clarín un artículo que se titulaba: “La revista tiene un sólo nombre: Nélida”. Hoy no existe una vedette de esas características. No hay ninguna. En algún momento podría haber sido Moria Casán, pero ella prefirió tomar otros rumbos. Ahora, en general, las mujeres son audaces, pero no saben seguirles la letra a los actores cómicos. Está todo muy sexualizado. Y los chistes son muy groseros”, sostiene Rómulo Berruti.

 

 

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