Junín. domingo 09 de diciembre de 2018
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Pieza clave en la historia local

El Matrero Danunzio, un grande de Argentino y de Las Morochas

Hizo de todo en la entidad y todo bien, con honestidad y sacrificio: jugador, entrenador, socio, dirigente, hincha, colaborador y, sobre cualquier otro concepto, irradió sensatez y equilibro, tanto en los momentos críticos como en los alegres.


Por:
Ismael Canaparo

Insistía que no había sido pionero, pero sí se ufanaba de haber sido un militante activo y sin pausas de su segunda casa: el Club Argentino. En rigor, por muchas razones deportivas, barriales y románticas, la entidad de “Las Morochas” no sería lo que es  -mucho menos lo que fue-  si no hubiese estado ahí Héctor Alfredo Danunzio, que falleció el martes último, a los 78 años. Tipo inteligente, intrépido, veloz de reflejos, con un talento indiscutido en todas las cosas que abordó, “El Matrero” fue por sobre todas esas cosas un buen amigo y un muchacho todo corazón.

 

Entre jugadores, dirigentes, hinchas y héroes anónimos (y visibles) como “El Matrero”, se modeló este sacrificado Argentino, que sigue dándole una alegría inmensa a Junín, al transitar desde hace muchos años el escalón principal de la Liga Nacional de Básquetbol. Una frase anglosajona dice que el Diablo está en los detalles. Pero esta historia del barrio “Las Morochas”, repleta de protagonistas, elaborada con amor y sacrificio, revela que también vive lo contrario en los detalles: Dios. En Argentino, el “detalle” pinta por sí mismo una situación, pero además sorprende, humaniza cualquier relato y le da un toque emocional a una escena cuando bordea la increíble sensación de estar frente a un hecho histórico. Como dijo alguna vez el propio Danunzio, cuando el estadio momentáneo que el club armó en La Cúpula de la Sociedad Rural llevó su nombre: “Ser testigo muy agradecido de algo que los tiempos marcarán como un verdadero regalo tanto para mí como para los hinchas y mis familiares, es una cosa bellísima, emotiva hasta las lágrimas”.

 

“El Matrero”, un bohemio y tanguero empedernido, que bebió las mismas mieles que supo degustar Natalio Nigro, dejó un recuerdo imborrable para todos aquellos que lo conocieron y trataron. Fue una piedra fundamental del nacimiento, crecimiento y estabilidad de Argentino y de ahora en más su figura será absolutamente irrepetible. Un grande en todo sentido: como jugador y entrenador en su momento, como laburante intachable en el ferrocarril, como persona de consulta de los dirigentes más jóvenes, como amigo fiel de sus amigos, como amoroso resguardo de su barriada tan querida. Supo mantener excelentes charlas, tanto las profundas como las domesticas, sin aburrir, siempre apelando al buen gusto y al sentido común.

 

Una amiga en común con Héctor (Laura Acebal, locutora de la FM 89.5 Diferente, devota de “Las Morochas” y repleta de amor por Argentino), fue certera y precisa a la hora de subrayar su pena por esta muerte tan inesperada como injusta:  "Hace muy poco tiempo que se fue Natalio como para que ahora tengamos que despedir al "Matrero" Danunzio. ¿Por qué será que estos días son tan difíciles, por qué será que necesitamos razones para sonreír, por qué será que yo misma las necesito personalmente? A pesar de saber que la partida de “El Matrero” es sólo física, sin embargo me causa mucha tristeza, una tristeza que no sé ni quiero traducir en palabras. Porque es casi toda mi vida de conocerlo y quererlo. Era amigo de mi padre, después lo conocimos con mi hermana y el resto de la familia. ¿Quién no sabía de su bondad, de su gesto amable, de su sonrisa? Doy gracias que Pedro llegó a conocerlo y que, cada vez que los cruzaba en el club o en el barrio a él y a Mito Camún, venía a contarme, desde muy chico, que se había abrazado con ellos. Y digo que doy gracias porque desde que mi hijo nació siempre quise que supiera qué cosa era hablar de esencia, de mística, de historia, de pasión cuando nombrábamos a "Argentino". Un día pude presentarle a "El Matrero", y decirle que en él reposaba todo aquello que, como "turcos", nos hacía así, del modo que somos... "Matrero" querido, para vos, un hasta siempre de color azul y blanco, un manantial de lágrimas "turcas", un agitar de trapos de los pibes de la hinchada, un aplauso interminable de la platea, un grito unánime y herido en su costado más sensible, un canto de "La 6" que te nombre así lo coreamos todos, un ejemplo permanente de lo que es amar a un club de modo incondicional, un abrazo encontrándonos por Almirante Brown, un brindis en aquellas sobremesas en mi casa, cuando todo era guitarras, madre y padre, canciones y "Kike" jovencito cantando "Debajo de la morera"... Una mano que se levanta y te dice "hasta cada momento en que el equipo se plante sobre el piso flotante". Recién me comuniqué con Pedro y pude decirle que te adelantaste unos pasos en el camino y me pidió que te despida también en su nombre. Es mi hijo, te quiso mucho, cumplo con él. Y no te digo adiós, porque decirte adiós sería una perfecta injusticia que no pienso cometer. "¿El Club?, el Club es la vieja", le dijiste un día a Juan Albamonte en una nota radial. Que todos lo sintamos como vos, así empujamos a Argentino siempre para adelante y te hacemos el mejor homenaje y te honramos, "Matrero" querido. Eternamente, gracias”.

 

En mi primer trabajo dentro de la más bella adolescencia, tuve como compañero a Eduardo Di Marco, el padre de Daniel y Eduardo. Recuerdo con enorme precisión que en nuestras charlas cotidianas siempre se acoplaba “El Matrero”. Ya por entonces el amor de ambos por Argentino era contagioso, casi pegajoso. A través del tiempo comprendí que la delimitación de donde ellos vivían, significaba un acto impensado de amor, de elección. Y lo que te identifica con el barrio, te identifica también con tu club, transformando todo en una historia colectiva, con vínculos precisos hacia los amigos, hacia la familia. Yo creo que la pasión es siempre un poco “territorial”. No es una entelequia que flota en el aire, sino que siempre está ligada al lugar.

 

Héctor Danunzio siempre irradió dos cosas: pasión y coherencia. Es muy difícil explicar lo que se bifurca a partir de esa injusta síntesis. Uno no quiere caer en lugares comunes, pero… ¿a qué conclusión se puede llegar para definir este misterioso romance (desde años y no a partir de las mieles de los últimos tiempos) entre el club, la gente, los vecinos, los jugadores, los dirigentes, los sponsor, los hinchas, los niños, los adolescentes, los jóvenes, los viejos? Yo, como periodista, arriesgo una definición, en cuanto al amor que despertó en “El Matrero” y hoy despierta en miles de simpatizantes, en cuanto a la camiseta y al club: se me ocurre que es como un camino que tiene una sola dirección, siendo prácticamente imposible retroceder o apartarse.

 

En la platea de calle Almirante Brown teníamos asientos cercanos. Habitualmente llegaba a su lugar sobre la hora del partido y al pasar a mi lado, el saludo era como un rito clásico, siempre con la misma frase: “Hola, Dante”. ¿Por qué? Porque conocía a pie juntillas mi admiración por ese gran periodista deportivo que fue Dante Panzeri. Ojalá me hubiese parecido a él, aunque fuese en una mínima expresión.

  

Sin duda, en nuestro bendito suelo vernáculo, el lustre juninense lo sacan los deportistas, los dirigentes, las personas humildes y talentosas como Héctor Danunzio. No sólo las artes mayores y los pomposos anuncios de nuestros políticos, generalmente incumplidos, reflejan el proceso de una sociedad.

 

Héctor, que era pasional y muchas cosas más pero menos un melanco, tendrá que disculpar nuestra melancolía. Pero resulta que desde el martes pasado Argentino y el barrio de “Las Morochas” en su conjunto, está muy triste.

 

 

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