Junín. domingo 09 de diciembre de 2018
Semanario de Junín » Locales » 3 dic 2018

agroecologia

Todos fuimos Renama

Guillermo Fischnaller realiza campañas a través de redes sociales y reuniones ciudadanas para concientizar a la gente sobre los peligros de la agricultura intensiva.


 Por Guillermo Fischnaller 

Pasó la Cuarta Semana ampliada de la Agroecología, visitamos ocho ciudades, conocimos campos que no conocíamos, nos conectamos con productores agropecuarios en todos los sectores de la producción, hicimos nuevos amigos, almorzamos y cenamos juntos, tocamos la guitarra (los que saben hacerlo), cantamos, reímos juntos también y fortalecimos la convocatoria a este sueño colectivo que significa salud, campo y vida.

Estuvimos en Guaminí deseando encontrarnos nuevamente. Y nos extasiamos con el atardecer en la laguna. Fuimos convocados por las nubes y por ese cielo bravo que proponía tormenta y la belleza de esas nubes que luego fueron agua bendita y sonido de fecundidad que mojó todas nuestras almas.

Podría ser un encuentro de barras de equipos de fútbol o cualquier deporte, podrían ser muchas las razones convocantes. En este caso nos convocó la vida y lo que queremos de ella.

En Guaminí hicimos una evaluación sobre nuestro accionar y dimos pasos hacia adelante, nos organizamos institucionalmente y conformamos una sociedad para el bien común.

Hoy la RENAMA (Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología) tiene personería jurídica.

Hicimos pie en una ciudad precursora de las verdaderas “Buenas Prácticas Agrícolas”, que son las prácticas agroecológicas, la RENAMA conformó una sociedad con siete miembros que pusieron su firma en escribanía necesaria y hoy somos algo más que un logo y algunas arengas sobre el buen vivir en armonía con la naturaleza.

Los siete integrantes de la sociedad representamos a cientos o miles de adherentes a la causa, somos sus representantes y blandimos la bandera del amor a la naturaleza y a la vida como último objetivo.

No solo nos contactamos profundamente con el campesino, el productor de alimentos básicos sino que somos convocados a disertar sobre nuestra opinión en relación a la producción contaminante mediante agricultura química por la legislatura nacional en próximos encuentros y expresamos sin estridencias nuestra opinión y nuestros logros basados en la experiencia.

NO DECIMOS… HACEMOS

Decimos y demostramos, a quien quiera o sea capaz de escuchar el mensaje, que se puede hacer una agricultura “sin” agrotóxicos y “sin” semillas transgénicas que tienen baja cantidad de nutrientes y alta concentración de biocidas.

Conocimos en Guaminí a Martín Rodríguez, que dio sus primeros pasos en la chacra donde su padre dio también los dió. A punto de recibirse de ingeniero agrónomo, personalidad fuerte, hecha en el campo de horizontes lejanos y de amaneceres y atardeceres que siguen siendo paisajes cotidianos para él.

Martín nos contó la historia de ese campo recuperado por su bisabuela después de haberlo perdido. Ella cambió un predio de mayor superficie por el campo familiar donde las reliquias espontáneas como fotos y pequeños objetos ancestrales siguen apareciendo.

Miramos su trigo con trébol rojo, sus pasturas cuidadas de no contener venenos porque es el alimento de sus animales. Verificamos la pulcritud de vida de sus bovinos y ovinos, el cuidado de sus animales en sus pariciones, sus habitáculos y esa modalidad olvidada de que estén frescos, abrigados y cuidados.

Conocimos a tamberos como Jorge Thamthem que frente a una pregunta de un estudiante de agronomía de la UBA, una pregunta muy simple como ¨ ¿Cuáles son sus sueños?¨ Jorge contestó: ¨Hacer productos saludables¨… él no habló de dinero aunque los beneficios de hacer pasturas agroecológicas le permiten sortear los bajos precios con que los industriales pagan la leche de su tambo.

Un tambero y concejal de Salliqueló que se preguntó: “¿Cuándo nos detendremos a pensar…?”, refiriéndose a la imposibilidad de continuar enmarcados en un modelo de producción agrícola fundado en tirar venenos sobre los sembradíos.

Y nuestra RENAMA hace justamente eso: ayuda a pensar y sentir.

Guaminí fue la última cabecera de partidos en que festejamos el encuentro espiritual de pensar y sentir el campo de otra manera.

No nos encontramos con explotadores agropecuarios sino con agricultores de una tierra que es vida en sus simientes y amiga en la labor cotidiana de hacer vegetales a partir de esas maravillas que la naturaleza nos ofrece en forma de semillas.

Las semillas son programas; en cibernética un programa es un conjunto de órdenes que empiezan con ¨start¨ o un ¨enter¨ que inicializa un conjunto de previstos pasos progresivos y secuenciales dentro de una PC o de un celular, pero en la tierra la semilla sembrada inicializa su ciclo de crecimiento mediante el contacto con el agua en un ambiente fértil de fertilidad natural.

Las plantas crecidas en un ambiente plagado de agroquímicos crecen estresadas.

En la RENAMA creemos en los valores esenciales de la tierra y su frondosa vida subterránea.

Y descubrimos que es más rentable, más saludable y más sustentable hacer agroecología que abocarnos a envenenar la tierra y toda la producción de alimentos que no son comida porque contienen veneno y no nos nutren de igual manera que los productos agroecológicos.

Guaminí fue una etapa cumplida por todos aquellos nuevos enamorados de la tierra que se sienten muy felices por ese amor recuperado.

Porque eso es lo que percibimos en cada encuentro, un amor inevitable por la tierra fértil y llena de bonanzas.

Terminamos un festejo y ya construimos otros mañanas posibles, deseados. Cada palabra expresada por los productores con sus manos ásperas y al mismo tiempo tiernas nos enseñó la vida real en medio de este sueño abundante de esperanzas.

Los sabios están hundiendo sus manos en la tierra, no son quienes relatan la épica manera de encontrarnos, son los campesinos que vuelven al campo a vivir la vida con toda su familia complotada en la idea fuerza de ser felices y vivir en salud. Mabel del distrito de Lincoln nos contó su historia y su compañero definió los alcances de ese logro.

La felicidad de escucharlos nos llenó de esperanzas y recargó las energías por nuestra inusitada adolescencia.

Gracias a todos quienes participan diariamente en cada estrofa de este himno cotidiano de defender la vida y todos sus encantos.

Gracias a todos quienes nos acompañan desde la intimidad de sus hogares.

Gracias a todos quienes son capaces de restaurar, reconstruir, reparar, arreglar, rehacer y conformar esa masa caliente de sentires que nos hacen iguales o parecidos, con el mismo uniforme en esta batalla.

Porque negar que exista una batalla es parte de la estrategia de quienes nos han arrastrado a este designio de recuperar la vida para que nuestros hijos o nuestros nietos no nos pregunten algún día:

“¿Qué hiciste vos papá/mamá (o abuelo/a)?”…

Y nosotros estamos construyendo esa respuesta para que podamos decir ante esa pregunta:

¡Todos fuimos RENAMA! 

 

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

VIDEOS