Junín. jueves 17 de enero de 2019
Semanario de Junín » Locales » 5 ene 2019

UN DIRIGENTE PASIONAL

A 35 años de la muerte de Ernesto “Pocho” Sabella

La historia “amorosa” entre Sabella y Sarmiento hubiera sido ideal para el argumento de una película de Francis Cóppola, con un comienzo en blanco y negro y un final en colores.


Por:
Ismael Canaparo

El 28 de diciembre último se cumplieron 35 años de la muerte de Ernesto Onofre Sabella, un hombre que estuvo identificado nítidamente, durante toda la vida, con su Sarmiento tan adorado y entrañable. No fue un dirigente común, ni quiso serlo. Iba a la AFA de tanto en tanto y sólo cuando lo llamaban. No utilizó al club como trampolín para sus negocios particulares; en rigor, sucedió al revés.

 

Fue simplemente "Pocho" para quienes lo trataron y para quienes nunca cruzaron con él ni siquiera un saludo. Era "Pocho", a secas. Para los hinchas de Sarmiento, un "Pocho" multiplicado, un "Pocho" pasional, un "Pocho" verborrágico, un "Pocho" sensible...

 

Por la vereda opuesta a la que transitaron la mayoría de los dirigentes, Ernesto Sabella impuso su sello característico en la conducción de los clubes, entre las décadas del 60 y 80. Es que su apasionamiento, su estilo polémico y su verborragia lo llevaron a vivir con intensidad mayúscula los destinos de su amada institución. Claro que lo de él no hubiese sido posible sin el acompañamiento de verdaderos monstruos de la dirigencia verde, tales los casos de Gorgonio de Miguel, Andrés Suárez, Alberto Jaureguiberry, Hugo Fernández, Nelson Benito, Waldemar Riera, Orlando Mecozzi, Ramón Astorga, Osvaldo Rivero, Juan Ferrari, Juan J. Martingorena, Héctor Garone, Antonio Di Viesti, Néstor Benfatto, Héctor Milani, Rolando Casco, Hugo Petraglia, Jorge Salomón y tantos otros. La larga trayectoria que cumplió en el Sarmiento de sus más caros desvelos, marcaron a fuego una etapa.

 

Después de 1963, año que Sarmiento estuvo muy cerca de ganar el ascenso, “Pocho” solía decir, más a modo de consuelo que por posibilidad cierta de la cristalización de su sueño, que “no quería morirse sin ver a Sarmiento en Primera División”. Incluso era un deseo que repetía en las fatigosas tardes de la “C”, cuando el equipo no podía salir de esa endemoniada categoría. Por suerte, en 1980, se le dio la tremenda alegría, que festejó como un loco, desbordando de júbilo y de lágrimas.

 

Rápido, ágil, vehemente, explosivo, espontáneo, vivo para responder ante cualquier circunstancia (así en la cancha como en la calle), Sabella se constituía en el centro de atracción principal de todos los aficionados, que no dudaban en acercarse a él para conocer las “últimas novedades”.

 

No fue complaciente con los responsables de los gobiernos dictatoriales de la época que nos tocó en desgracia. Y como si fuera poco, combatió a las barrabravas (representantes del gansterismo metidos en el fútbol), que no tuvieron cabida en la institución mientras él ocupaba la presidencia. Según “Pocho”, este flagelo se alimentaba de dos razones: la tolerancia y complicidad de los dirigentes, por un lado, y la irritante pasividad policial, por el otro.

 

Una noche, viendo en el Monumental de River Plate un partido del Mundial ´78, se le acercó un periodista joven y le preguntó cuál era su hobby. “Pocho” ni  dudó, lo miró fijo y le respondió: “Mi hobby es Sarmiento, yo quiero más a Sarmiento que a mi familia”. El pibe no sabía dónde meterse. Así era Sabella. Auténtico hasta en la exageración.

 

 

Hay otra anécdota jugosa que proviene de ese Mundial. Sabella, como todos los presidentes de los clubes afiliados, fue ubicado en un sector preferencial de plateas, muy cerca del palco que ocupaban los dictadores Videla, Agosti y Massera. Alguien del entorno militar, al ver que “Pocho” no festejaba los goles de la Argentina como todo el mundo, no tardó en preguntarle cuál era el motivo. Dejó pasar una jugada magistral de Mario Kempes, que arrancó una verdadera ovación en la muchedumbre, y atacó: “Mire, le voy a decir una cosa. A mí, como argentino, me alegra el triunfo del equipo, ¿o se cree que tengo la piel de un cordero? Pero le voy a decir otra cosa: a mí esos colores, por más celestes y blancos que sean, no me apasionan como el verde de Sarmiento, ¿quiere que le mienta?”.

 

Y está aquel suceso que protagonizó en la techada, en un partido entre Sarmiento y Defensores de Belgrano. Por entonces, el equipo rojinegro era dirigido por Angel Labruna, que estaba suspendido y tenía que ver el encuentro desde la platea. Cuando el elenco de Núñez marcó un gol, Angelito lo festejó, abrazándose con algunos dirigentes. Eso fue suficiente para que Pocho se levantara como una flecha de su asiento y lo echara del lugar, tras un momento complicado y tumultuoso. “No me van a venir a gritar un gol en mi propia casa”, explicó más tarde ante los sorprendidos periodistas.

 

Curiosamente, por los vaivenes propios del apasionamiento, murió lejos de sus queridos trapos verdes. A tantos años de su fallecimiento, los sarmientistas le siguen debiendo un justiciero homenaje. En todo caso, esto dependerá, más que de los actuales o futuros dirigentes, del interés y del esfuerzo que los asociados, en su conjunto, dediquen a esta causa.

 

Un dirigente distinto

Es evidente que Sabella, en el plano deportivo, no fue un dirigente común, de esos que pasan por los clubes sin pena ni gloria. Se volcó con el cuerpo, el alma y con ese fervor apasionado y hasta agresivo sin límites, errores y aciertos mediante, por su entrañable Club Atlético Sarmiento. Empezó desde su juventud a transitar los cargos más humildes de la institución y poco a poco, merced a sus condiciones y a su intensa dedicación, llegó al puesto más alto en varias ocasiones, además de acompañar a distintas conducciones de la entidad. Una de las etapas más brillantes del historial verde, situado quizá entre los años 1977 y 1981, lo tuvo como conductor máximo.

 

Un empresario exitoso

Compartió sus desvelos deportivos con los aspectos empresariales, donde también supo rodearse del éxito, siempre dentro de un marco de responsabilidad, equilibrio y eficiencia. Fue uno de los propietarios mayoritarios del desaparecido Supermercado Mastromauro, líder de esa franja comercial juninense durante muchísimos años. Paralelamente, conducía una oficina administrativa privada de asesoramiento contable, con clientes repartidos en una vasta región de la provincia.

 

Acompañó económica y financieramente, allá por los años ´70, un proyecto periodístico, el matutino “Mundo Nuevo”, que tuvo a su hijo Néstor Darío Sabella y Alberto Marrese como principales conductores. Precisamente, de ese diario local, enmarcado en una propuesta diferente que se truncó, surgieron decenas de jóvenes profesionales del sector que sobresalieron con nitidez en el medio juninense: redactores, cronistas, diagramadores, humoristas, fotógrafos y publicistas.

 

 

 

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