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Semanario de Junín » Cultura » 18 ene 2019

SE CUMPLIERON DOCE AÑOS DE SU MUERTE

Lágrima Ríos: es imposible no emocionarse al escucharla

En ella se conjugaron tanto el tango como el candombe, sobresaliendo en los dos terrenos. Fue una leyenda de la música rioplatense: formó parte de Café de los Maestros, la selección de añejos tangueros concebida por el productor Gustavo Santaolalla, la versión austral del Buena Vista Social Club cubano. Su historia fue la de gente común, la de aquella que generalmente no trasciende. Con un drama adicional, fue madre soltera y su único hijo se exiló en Suecia, y pasó muchos años sin verlo.


Por:
Ismael Canaparo especial para Semanario de Junín

Poco frecuentada en la Argentina, aunque profundamente conocida por la “cocina” de los verdaderos tangueros, dejó un recuerdo imborrable en ambas márgenes del Plata y en distintos lugares de la región.

En rigor, Lida Melba Benavídez Tabárez (Durazno, 26 de setiembre de 1924 - Montevideo, 25 de diciembre de 2006), conocida como Lágrima Ríos, fue una cantante afrodescendiente uruguaya, que se destacó en los cantos del candombe. Conocida también como “La perla negra del tango” y “La dama del candombe”, representó la más noble esencia del canto mestizo y negro. Su voz era potente, como afirmaba ella misma: “Los negros tenemos las cuerdas vocales una pinta más gruesa que los blancos”.

Fue historia viva de la música popular del Río de la Plata. Entre los recuerdos inolvidables de su niñez, está el hecho de haber conocido a Carlos Gardel, que llegó en 1930 hasta el inquilinato donde vivía. Como tanguera, compartió escenarios con auténticas leyendas, como Aníbal Troilo, Óscar Alemán, Osvaldo Pugliese, José Basso, Ricardo Tanturi, Miguel Caló, Roberto Goyeneche, Héctor Mauré y Alberto Castillo.  Nació en Durazno, a 183 kilómetros de la capital uruguaya. Su familia se instaló en Montevideo, donde el padre trabajaba irregularmente en los muelles, mientras que la madre se dedicaba al servicio doméstico. Allá por 1942, cuando pudo debutar en un recreo (sala de baile al aire libre), aceptó con la voluntad de ayudar a la economía familiar. Recordaba que actúo con ropa prestada por las vecinas.

El diario “El País” de Uruguay, recordaba algunas tristezas que Lágrima tuvo que soportar: “Podía triunfar en concursos de tango y en las competiciones de música de carnaval pero el color de su piel no pasaba inadvertido. Algún local nocturno se negó a dejarla entrar cuando actuaba con la orquesta montevideana de Orosmán Fernández. De gira por Europa, fue maltratada por el embajador de Uruguay en Bonn. En 1995, fue elegida dirigente de Mundo Afro, una asociación cultural que combate el racismo. En tiempos recientes, se implicó en las luchas políticas, apoyando al Frente Amplio y celebrando la elección de Tabaré Vázquez a la presidencia de la República Oriental del Uruguay. Sabía de los peligros de significarse políticamente: su único hijo, simpatizante de los tupamaros, debió exiliarse en 1972 e instalarse en Suecia”.

Viajó mucho para ganarse la vida. Aparte de largas temporadas en la Argentina, residió en España entre 1982 y 1985. En 1993, fue estrella del Festival de Tango de Granada al frente de una banda dirigida por el guitarrista Daniel Petruchelli. Se sintió reivindicada al dar un concierto en la Universidad de la Sorbona, donde pudo evocar sus dificultades para expresarse como negra y como mujer: "Había gente que decía que era de mal gusto que yo cantara algunos tangos que habían popularizado intérpretes masculinos".

Por la debilidad de la industria fonográfica de su país, Lagrima Ríos no editó demasiados discos. El más memorable es “La perla negra del tango” (1972), mientras que en la vertiente del candombe, brilló con “Luna y tamboriles” (1976).

Sus hábitos personales (ni fumaba ni bebía) permitieron que conservara íntegras sus facultades vocales hasta el final. Aunque tenía problemas de corazón, acudió a la llamada del productor argentino Gustavo Santaolalla para participar en el proyecto Café de los Maestros, donde fue la única representación de Uruguay. Falleció el lunes 25 de diciembre de 2006, a los 82 años. Al día siguiente, una multitud acompañó a sus restos, que reposan en el panteón de la Asociación General de Autores del Uruguay (Agadu); una cuerda de tambores despidió a "La dama del candombe".

Mirando un poco más atrás, vemos que en 1950 debuta en su querido carnaval, integrando “Añoranzas Negras”, grupo que obtuvo el primer premio en su categoría. De allí en adelante, sería un libro de varios tomos describir su cosecha de premios, éxitos artísticos, giras y grabaciones, llevando su arte al mundo entero. En el año 2003 encabeza desfilando en su auto clásico “Las Llamadas” por los barrios Sur y Palermo. En marzo es elegida “Mujer del año 2002″ en el Hotel Sheraton. En setiembre es nombrada presidente de la “Unidad Temática por la IMM”, organismo  que tiene como cometido la defensa y promoción de la colectividad afrouruguaya. Presidente también de “Organizaciones del Mundo Afro”, fue una de las principales difusoras de la cultura africana en Uruguay.

Se dice por unanimidad que Lágrima dejó un recuerdo imborrable. Se caracterizó por ser una persona sumamente amable, dedicada como amiga y madre, dulce y empedernida guardiana de sus seres queridos, amante apasionada de su arte vocal, de su poesía, de la expresividad a flor de piel. Era imposible escucharla y no emocionarse. Casi tan hermoso como oírla cantar, era sentir el fluir de lo que había en su corazón cuando hablaba. Exquisitamente bella en el mayor sentido de la palabra, derrochaba sensibilidad y compromiso con la vida. Más que a la artista, se la recuerda como una mujer que afloraba en cada una de sus actitudes escénicas y cotidianas, reivindicando el género y los orígenes étnicos. Su amor por lo que hacía era absolutamente contagiante y genuino.

En una entrevista con la periodista argentina María Moreno, en 2005, un año antes de morir, ella misma se definió: “Yo me doy cuenta de que canto diferente, pero no sólo por el timbre de voz sino por la manera de interpretar. Siempre fui contralto y ahora más. Es un registro muy usual en la colectividad negra. Se dice que tenemos las cuerdas vocales una pinta más gruesa que los blancos. Además tengo una conformación ósea especial, las costillas hacia fuera, entonces mi tórax es una caja de resonancia. Los tonos altos los alcanzo, pero me cuesta. Por eso, cuando canto, trato de empezar en un tono que, cuando venga una parte donde tenga que levantar la voz, no me falle ni me salga tirante, como que estoy exigiéndole a mi garganta”.

Dijo Lágrima: “Soy una mujer a quien Dios le quitó muchas cosas, pero también le dio una garganta que a través de los años fue manteniendo su pureza y hoy puede presentarse frente al público y recibir el aplauso. No sólo en mi país sino también fuera de él. Mi nombre es conocido en lugares donde yo ni siquiera tenía la idea de que ellos supieran que existía alguien llamada Lágrima Ríos. Soy una mujer agradecida a Dios, pero estrella no”.

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