Junín. lunes 25 de marzo de 2019
Semanario de Junín » Locales » 9 mar 2019

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Los camaleones anquilosados

La UCR, la Coalición Cívica y el Partido Fe han estado caminando la política local colgándose los andrajos que les permitió el PRO.


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Semanario

El aparato político del oficialismo juninense huele a moho y junta herrumbre. Tres años le bastaron para darse cuenta que de unión ha tenido poco y de política, nada.

Las cabezas que se alinearon con el PRO para dar forma a la Revolución de la Alegría hoy son las mismas que ayer. Pero si no están escondidas y chicaneando con la oposición, aparecerán para arrojar alguna piedra en su propio lago, emitir lisonjas de compromiso o amenazar con cambiar al líder que desde el 11 de diciembre de 2015 dejó de mirarlos con cariño, para pasar a saludarlos por obligación.

La UCR, la Coalición Cívica y el Partido Fe han estado caminando la política local colgándose los andrajos que les permitió el PRO, quien a cambio se hizo dueño de la victoria y la lleva todavía con angurria aunque vaya camino hacia el precipicio.

Cuesta creer que el radicalismo que se construyó a principios de los ‘80 en nuestro distrito, para gobernar o acompañar con más o menos ideología hasta nuestros días, avale el actual escenario de pobreza y desesperación de muchos vecinos, frente a la desatención del gobierno local.

Y cuando se cree que podría aun existir un poco de hidalguía política en aquellos que recibieron (sin apreciarlo ni leerlo) el legado de Moisés Lebensohn, en realidad sólo se trata de argucias camaleónicas para no quedar en medio de los disparos de la crítica y seguir reacomodándose eternamente en la tibia teta del Estado que los alimenta.

La Coalición Cívica se ha transformado en algo tan lógico como lo fue su armado: un rejunte de despechados que se quedaron sentados sobre unos cientos de votos que, cada vez en menor número, sacan a relucir en internas que no les importan a nadie.

En tanto, los herederos del partido del fallecido Momo Venegas, se apoltronan “sobre” el mostrador porque en verdad no saben de qué lado ponerse a la hora de definir lo que es un trabajador rural, cuando si hay algo de lo que no se ocupan es de interiorizarse acerca de la ruralidad, esa que se desvanece en manos de un puñado de arrendatarios que –soja y maíz mediante- han logrado mandar a los chacareros a ver la tele en la ciudad.

Entonces se nos presenta un año camaleónico, en el que dirigentes acomodaticios intentarán desperezarse de la siesta de 1000 días que con promesas pudieron concretar.

Y sin más conejos para sacar de la galera, con el truco descubierto, intentarán mostrar un costado más sensible intercambiando figuritas desgastadas de los próceres que dicen representar y que siquiera han escuchado sus discursos.

Creyendo en la candidez del hombre del interior, amenazarán romper para rejuntarse nuevamente y continuar con el rosario de promesas acompañados por una prensa necesitada de los ingresos de la política frente al decrecimiento crítico del comercio, la industria y los servicios, que estarán con la soga al cuello a sabiendas de que estos personeros terminarán pateando el banquito.

Y frente a la foto sonriente, el volante colorinche, la tapa del diario edulcorada, la nota maquillada de la TV y el chamullo de la radio y la caminata (con custodia) por los barrios, habrá que buscar contrapropuestas para evitar los camaleones.

La realidad debe ser de cada uno y puede palparse en forma cotidiana: cuando se mete la mano al bolsillo, se revisa la billetera o llegan las facturas de los servicios esenciales. Cuando la cajera nos dice cuánto salió todo, cuando se abre la heladera o dejamos de mirar la marca para observar el precio y ni así alcanza. Esos momentos –íntimos- en los que los camaleones no aparecen.

 

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