Junín. domingo 15 de septiembre de 2019
Semanario de Junín » Locales » 18 abr 2019

EDITORIAL

Junín: de fortines y fortineros

La Plaza de Armas de entonces era precisamente la actual Plaza 25 de Mayo, lugar donde hoy el movimiento de los Sin Techo clama soluciones, lotes, chapas y palos, pero éstos últimos no por el lomo.


Por:
Semanario

La crisis económica desencadenada a nivel nacional, ramificada en lo provincial y naturalmente en el orden local, ha hecho reverdecer algunas cuestiones sociológicas propias de Junín que, por lo general, en tiempos mejores quedaban a resguardo.

Tal vez esta gestión de funcionarios de poca sensibilidad y poco conocimiento de lo que es la política, exacerbe lo que acaso podría ser algo que esté en la génesis de la población y que se relaciona con la exclusión del otro y la falta de empatía social.

Despidos, quebrantos, reclamos por vivienda, desesperados pedidos por un trabajo, parecen no alcanzar para conmover ni a funcionarios ni a ciudadanos, con el objetivo de buscar una sinergia que colabore a paliar una situación compleja que se agudiza en su gravedad, por más que los mensajes gubernamentales se repitan del mismo modo desde hace tres años, sin cambios y dando como resultado más pobres.

Esos pobres que reciben el desprecio diario, en las miradas cuando marchan, en las redes sociales con crueles apreciaciones, en charlas de café con teóricos de televisión.

¿Debemos buscar la génesis de ese comportamiento en nuestra época colonial?

¿Entender, acaso, que como pueblo repetimos historias de señores poderosos, protegidos por las armas, que llegaban al Fortín para dar órdenes de aniquilamiento contra los indios?

El distrito que hoy habitamos fue antaño el Fortín Federación, un amplio espacio aunque precario, conformado por quienes en nombre de los gobernantes del poder central habían arribado con el objetivo preciso de cuidar las tierras entregadas a los allegados al poder y hacer frente a la “indiada” que no era más que la población originaria.

La Plaza de Armas de entonces era precisamente la actual Plaza 25 de Mayo, lugar donde hoy el movimiento de los Sin Techo, clama soluciones, lotes, chapas y palos, pero éstos últimos no por el lomo.

Y esos reclamos y esa exclusión y ese poder, parecen borrar la línea del tiempo y acomodarse tanto en uno como en otro siglo.

¿Acaso nos habrá quedado enquistada en algunos ámbitos la genética fortinera de mirar al “inferior” con desprecio?

Una de las cosas que caracteriza la vida de las personas sin hogar es estar constantemente frente a la mirada de otros. Una parte importante de la sociedad las percibe así, figuras periféricas que no acaban de parecer reales, y son una parte del paisaje urbano…

“Es una representación deshumanizadora. Cuando percibimos a estas personas no como personas, sino cosas, les desproveemos de dignidad, lo que pone en cuestión directamente sus derechos. Pero ni siquiera son invisibles. La presencia de personas sin hogar en el espacio público tiene el extraño efecto de girar cabezas. No es solo que la mayoría no los mire, es que son activamente ignorados. Y entre aquellos que los miran, hay quienes lo hacen con desprecio, con odio (…)”.

Esto es lo que explica Adela Cortina en su libro Aporofobia, el odio al pobre (Paidós, 2017) Comienza preguntándose por la xenofobia, el rechazo al extranjero. Le resulta extraño que algunos extranjeros no sólo no son rechazados, sino que son muy bienvenidos, de hecho en nuestra ciudad, tras el asesinato de los supermercadistas chinos, hubo una gran conmoción en buena parte de la comunidad, algo que no es notoria cuando se trata de los desposeídos.

Tal vez debamos empezar a reflexionar acerca de estas características que se plantean diariamente, teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad tan vulnerable, donde –a esta altura- casi nadie puede sentirse seguro de sostener su propia dignidad.

 

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