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Semanario de Junín » Cultura » 16 may 2019

UN GRAN TRABAJO DE MELINA TERRIBILI

“Ausencia de mí”, el documental sobre el exilio de Alfredo Zitarrosa

“Al abandonar el Uruguay, he dejado prácticamente todo. Mis hijas, mi perro, mis libros, mi casa, mis amigos, los árboles, todo, el río, todo”, dijo con tristeza el maravilloso trovador en uno de los cassettes que le enviaba a sus amigos desde el exilio.


Por:
Ismael A. Canaparo

Acaba de estrenarse en distintas salas del país  (esperemos que también se proyecte en Junín) "Ausencia de mí", una película de la argentina Melina Terribili sobre el exilio de Alfredo Zitarrosa, el fantástico cantor uruguayo. Se trata de una aguda mirada sobre el dolor de vivir en el exilio, construida a partir de fotos, películas y grabaciones inéditas dejadas por el célebre trovador y recopiladas por su esposa e hijas. Ese vasto e inédito material fílmico y sonoro en primera persona, refleja el dolor de vivir afuera de su país, en un mundo signado por la violencia.

Una de las más terribles facetas de las dictaduras, han sido los exilios. La muerte, la espantosa tortura, la desaparición de personas, la censura y la persecución, son elementos que bien podrían estar inmersos en todo lo que implica la palabra – y el hecho- de un exilio. En 1976, tras la persecución ideológica y prohibición de sus canciones en plena dictadura, Zitarrosa abandonó Uruguay.

A raíz de su militancia en el Frente Amplio y de sus actuaciones en actos políticos, la obra de Zitarrosa fue prohibida durante la última dictadura uruguaya. Esto obligó a que, durante el período de 1976 a 1984, el músico deba exiliarse en la Argentina, España y México. La película muestra cómo ese desarraigo forzado le causó una profunda herida que le impidió componer durante años.

Con el trabajo realizado por distintas instituciones, como el Teatro Solís y el Centro de Investigación y Difusión de las Artes Escénicas, el Archivo General, el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay, junto con la familia de Zitarrosa, es que ha sido posible digitalizar los archivos del músico. Con este material nació “Ausencia de mí”.

“Me resulta interesante reflexionar sobre lo que significa el encierro para una persona”, dice Terribili, la directora del documental, sobre la motivación para filmar “Ausencia de mí”. “La película muestra la imposibilidad de reconstrucción que significa el exilio, más aún un exilio político y forzado en un país que atravesó una dictadura. Es difícil volver y reconstruirse”.

Es así que la segunda película de Terribili como directora, sorprende de principio a fin. No es un documental lineal donde un locutor explica quién fue Zitarrosa. Nada de eso. Elabora con calma escenas de su duro exilio a partir de la propia voz del autor de “Adagio en mi país” y de imágenes inéditas de aquellos años. Prohibido en su país, sufrió de penurias económicas y de una nostalgia profunda por no poder estar en su tierra con sus amigos y su cultura. De alguna manera, fue una etapa entrecortada de su vida donde le era muy difícil componer, escribir, trabajar, vivir.

Hombre de la izquierda en general, despreciaba el panfleto y la canción de protesta. En cambio, amaba a Bach y a Beethoven, a quien le dedicó una milonga, su género preferido, que es una pequeña obra maestra. Su versión de “Esta canción”, de Silvio Rodríguez, en uno de sus discos crepusculares, sorprende en su dureza (“Me he dado cuenta de que miento/ siempre he mentido./He escrito tanta inútil cosa/ sin encontrarme sin dar conmigo”), pero es prototípica de su forma de ver, de verse, de su falta de zalamerías para con todo.

En una escena del documental se muestra una entrevista realizada mientras vivió en España -entre 1976 y 1978- donde cuenta que no puede escribir canciones. “No me sale escribir”, relataba. Además de abordar el tema central, la película dialoga con el presente y muestra el proceso de restauración del archivo del músico y cómo la familia se reencuentra con su historia.

Acaso la escena que mejor resume el objetivo de la obra sea la que muestra el regreso del cantautor a Uruguay, en 1984. Allí se lo puede ver en la famosa conferencia de prensa que ofreció en la sala Camacuá luego de la multitudinaria caravana que recibió su llegada.

“Es como si en el exilio hubiera perdido mi capacidad de creación”, dijo Zitarrosa En esa charla con la prensa de su país, puntualizó con inocultable tristeza: “Me faltó la fuente, me faltó el gallego de la esquina, el teléfono que funciona mal. El exilio ha sido para mí una experiencia extremadamente dolorosa, extremadamente desgarradora. Metí mi corazón en la valija cuando me fui”.

La brillante obra de Terribili

Melina Terribili es directora, guionista de cine documental y directora de fotografía y cámara. “Ausencia de mí”, su segunda película, se estrenó en el International Documentary Film Festival de Amsterdam (IDFA). Trabajó en más de diez películas argentinas como directora de fotografía y cámara.

En diálogo con SEMANARIO, Terribili contó que fue clave para el desarrollo del documental acceder a otros archivos, más allá de los personales, con los que pudo componer los “paisajes del exilio”. Dijo que fue una búsqueda difícil, pero que el material fílmico recolectado de Argentina, España, México y el del “desexilio” en Uruguay enriquecen el relato. “La película nunca da información sobre los países -señaló-, y eso es lo que me interesaba porque sentía que al exiliado todo lo hacía sentirse ausente, desde el recuerdo, el dolor, la culpa de haberse ido, pero también escuchar un acento y ver un paisaje que no es el tuyo. Todo eso me interesaba mucho, y además el momento en el que él se exilia esos espacios no solo tienen diferencias geográficas o culturales, sino que también políticamente son espacios importantes para narrar en la película porque son países en conflicto”.

La directora contó que el corazón de la película desde un principio tuvo que ver con el porqué de su muerte: “El exilio fue una de las cosas que más me impactó, y también la forma en que murió. La cuestión de morir joven, de morir a los pocos años de volver a Uruguay. Fue una muerte muy simbólica, muy significativa para esa época, para esa generación, para lo que había pasado en el país y en el mundo”.

“¿De dónde salió este marciano?”

“Cierta vez, un pequeño sindicato de Madrid organizó una reunión cerrada, casi doméstica, y no se les ocurrió mejor idea que invitar a un idiota como yo. En la sala habría unos doscientos obreros que a la hora del ‘bocadillo’ iban a ver a algunos cantantes desconocidos. Yo toqué lo que tocaba en ese entonces y cuando terminé anunciaron: ‘Ahora vamos a presentar a un cantante uruguayo, exilado, Alfredo Zitarrosa’. Entonces apareció un tipo de traje, de pelo engominado, con cara de representante de pompa fúnebre. No tenía idea quién era, lo vi y no entendí nada. Entro, se sentó y se puso una copa al lado. Traía un tocadiscos bastante primitivo. Colocó la púa y empezó a sonar ‘Guitarra negra’ sin voz. El empezó a recitar esos versos ante varios obreros que no tenían idea de lo que hablaba y ante un ‘hippie’ con pelo largo y barba que quería ser Bob Dylan y que estaba muy lejos de la estética de lo que estaba oyendo. Durante los primeros diez segundos la gente se miraba, yo también estaba un poco sorprendido. Al tercer verso quedé petrificado, ‘¿de dónde salió este marciano?’, pensé. Así hasta que acabó. Nunca vi nada más emocionante en mi vida. Desde entonces, lo amo. No lo saludé, ni tampoco le dije nada. Al día siguiente salí a buscar material discográfico de él”. (Joaquín Sabina, noviembre de 1999).

“No tuvo suerte en España”

“La estadía de Alfredo en España fue muy difícil. Como creo que en alguna medida también lo fueron sus años en México. En realidad, el exilio siempre es complicado. En primer lugar porque son situaciones no deseadas a las cuales cuesta asumir como algo natural. A pesar de que uno conoce bien esa frase que dice: ‘Ya que nos jodieron, tratemos de sacar provecho’, el carácter de Alfredo no era el más adecuado para hacer suyo ese consejo. El vivía más pendiente, por ejemplo, de los resultados de Peñarol que de cómo solucionar los problemas que se le presentaban en sus días de exilado. Por otro lado, mi país estaba viviendo lo que se dio en llamar ‘la transición a la democracia’. Eso hacía que alguien como Alfredo no pudiese acceder fácilmente al lugar que -por talento y por corazón- le hubiese correspondido. España era una nación que trataba de normalizarse con prisa y sin pausa, y no había espacio para los que no caminaban en esta dirección. En esto, Zitarrosa tampoco tuvo suerte”. (Joan Manuel Serrat).

 

 

 

 

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