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Semanario de Junín » Cultura » 25 may 2019

CONDUJO UNA GRAN ORQUESTA

Carlos García, un maestro del buen gusto

De extensa y notable trayectoria como pianista, autor y director, se desempeñaba hasta su muerte en la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires, que dirigía junto al chacabuquense Raúl Garello.


Por:
Ismael A. Canaparo

Hace casi trece años publiqué su obituario, además de los detalles de su extraordinaria trayectoria en el tango. Tenía 92 años y había dejado un reguero de talento esparcido en el piano de orquestas de diversos géneros, siempre aplaudido y respetado por sus colegas. Detrás de su largo periplo quedaban ochenta años de actuación, dado que a los 12 años de edad, en la época del cine mudo, ya tocaba en un cine de Mataderos. Carlos García (su nombre completo: Carlos Juan Pedro García Echeverry), pianista, director, compositor y arreglador, había nacido en la bonaerense ciudad de Capilla del Señor el 21 de abril de 1914.

Es indudable que su nombre quedará asociado para siempre con la Orquesta de Tango de la Ciudad de Buenos Aires, diseñada en 1980 por la entonces Municipalidad porteña, que aún perdura, y con la que compartía la dirección desde su creación con el chacabuquense Raúl Garello. Desde entonces ha actuado ininterrumpidamente, con presentaciones en distintos lugares de la Argentina y en varios países de América Latina: Chile, Uruguay, Brasil, Colombia, Costa Rica, Panamá y México. La integran varios de los más destacados instrumentistas del género y fue conducida por músicos de la talla de Horacio Salgán, Leopoldo Federico, Mariano Mores, Julián Plaza, Atilio Stampone y Osvaldo Piro, entre otros. Actualmente, la agrupación es dirigida por Néstor Marconi y Juan Carlos Cuacci, con la voz de Lautaro Mazza. Suele actuar muy a menudo en el CCK, hermoso lugar de la calle Sarmiento, con entrada gratuita.

Décadas atrás, por una dolencia física, debí concurrir todos los jueves y por espacio de tres meses al Hospital Italiano. Durante ese tiempo, al mediodía, ocupé parte del viaje para presenciar los recitales gratis de la Orquesta de Tango de Buenos Aires, que daba en el Teatro Presidente Alvear (Corrientes 1659), con la dirección de Carlos García y Raúl Garello. El espectáculo, conducido por Oscar del Priore, contaba además con las voces de Hernán Salinas y Gustavo Nocetti. Fueron varias las figuras invitadas que desfilaron por el legendario teatro porteño, perteneciente a la secretaría de Cultura de la CABA, hoy en refacciones desde 2014 por un incendio: María Graña, Roberto Goyeneche, Raúl Lavié, Eladia Blázquez, Rubén Juárez, Guillermo Fernández, Susana Rinaldi, Amelita Baltar y muchos más.

Desde 1932, perteneció a la orquesta de Roberto Firpo, en la que fuera distinguido por colegas y entendidos como uno de los más valiosos artistas de su promoción. Tocó con Firpo hasta 1938, período en el que también colaboró en el acompañamiento de la fantástica Mercedes Simone,  tomando el lugar de Sebastián Piana.

Además, fue pianista del afamado dúo folklórico Martínez-Ledesma. Luego, entre 1938 y 1945 tocó en la jazz Hawaian Serenaders, que hacía música norteña y centroamericana y con la cual estuvo cinco meses en Brasil con notorio éxito. Fue asesor de una empresa discográfica y de Radio Municipal, acompañó un tiempo a la impagable Mercedes Simone, al folklorista Antonio Tormo, que batía récords de popularidad, y entre los muchos cantores de tango a quienes dirigiría y orquestaría desde su piano. La nómina comprende a talentos como Alberto Marino, Héctor Pacheco, Ramona Galarza, Francisco Llanos, Argentino Ledesma, Alberto Merlo, Oscar Alonso, Rubén Juárez, Alfredo Zitarrosa, Hernán Salinas y Claudio Bergé,  entre otros. En 1978 la Municipalidad de Buenos Aires auspició un ciclo llamado “Tangos para el mundo”, que se realizó en el Teatro Presidente Alvear, con 55 músicos. Entre los tangueros notables estaban, además de Carlos García, figuras como Enrique Mario Francini, Héctor Stamponi y Leopoldo Federico. Y entre los músicos extranjeros invitados, gente de la talla de Billy May, Don Costa, Nelson Ridle y Johny Mandel.

Plenamente identificado con las más refinadas tendencias de la música argentina, su labor como piano solista configura uno de los mayores aportes en la superación estética de tango y folklore. Son testimonios de su creación las versiones logradas de la zamba “La Compañera”, de los tangos “Anoche a las dos”  y “Shusheta”, y del vals “Luna de Arrabal”, estos dos últimos registrados en un disco T.K. del año 1953, con sección rítmica.

Desde 1960 fue asesor musical de Radio Municipal y de Odeón. En este sello, con Leopoldo Federico (bandoneón), Elvino Vardaro (violín), Panchito Cao (clarinete), Horacio Malvicino (guitarra eléctrica), Domingo Rulio (flauta) y Aldo Nicolini (bajo), como primeros atriles solistas, realizó un disco de larga duración con destino al mercado europeo. Expuso en él sus exquisitas ideas musicales y su dominio de la escritura orquestal en un estilo prevalentemente melódico, propenso al encadenamiento de solos breves y expresivos.

Posteriormente alcanzó otro excelente trabajo, combinando su sensibilidad a la de Roberto Grela, en doce temas concebidos para guitarra y orquesta. En 1969 se contó entre los fundadores de “El Viejo Almacén” de San Telmo, donde presentó un calificado sexteto (bandoneón, tres violines, bajo y su piano). Su primera obra fue la milonga “Verso Gris”. Luego ofreció los tangos “Terrenal”, “Mi estrella azul”, “Raconto”  y “Balcón”.

Como ha quedado dicho, a partir de 1980 comenzó a dirigir hasta su muerte, la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires, con la co-dirección de Raúl Garello. También se encargó de los arreglos musicales de los tangos más tradicionales que se ejecutaban en dicho conjunto. En el cine nacional, musicalizó varias películas argentinas: "Hormiga Negra" (dir.: Ricardo Alberto Defilippi, 1979), "La Canción de Buenos Aires" (dir.: Fernando Siro, 1980).

Como compositor, se destacan varios temas: "Al maestro con nostalgia", "Ayúdame Buenos Aires", "Balcón", "Mi estrella azul", "Racconto" (con letra de Margarita Durán), y "Terrenal",  entre otras. Actuó con su orquesta en la película documental “Café de los maestros” (2008), dirigida por Miguel Kohan y en el álbum doble “Café de los Maestros” Vol. 1 y 2 (2005) producido por Gustavo Santaolalla, álbum en el que registró “Al maestro con nostalgia”,  una pieza en homenaje a Carlos Di Sarli.

Tocó en Japón en tres oportunidades,  conduciendo orquestas que él armaba en cada ocasión. En entrevistas periodísticas no ocultó su sorpresa por el comportamiento del público japonés: “Escucha con mucha atención y al finalizar aplaude medidamente cada interpretación. Y al final de la función muestra todo su entusiasmo”.

Leyendo una entrevista que le hiciera Salvador Arancio, se puede comprobar su capacidad docente, teniendo en cuenta el método empleado en sus charlas y conferencias, que él denomina "escuchando tangos": “Llevo un cassette armado con los mejores arreglos de tango que conozco: De Caro, Salgán, Pichuco, Di Sarli. Después toco algo en el piano y en el medio intercalo frases que, para mí, son sustanciales para completar la explicación. Advierto a la gente que para escuchar hay que estar muy tranquilo y liberado de ruidos, si no, no se escucha lo que realmente se está oyendo y lo que no se apreció en su momento se pierde”.

Para el disco, fueron muchos los cantores a los que acompañó, dirigiendo la orquesta en cada caso. Entre ellos: Héctor Pacheco (1956-1958), Argentino Ledesma (1967-1968), Oscar Alonso (1968), Alberto Marino, Rubén Juárez, Claudio Bergé (1969) y Francisco Llanos (1978) todos para el sello EMI-Odeón. En 1974 vuelve a grabar con Oscar Alonso, esta vez para el sello RCA-Víctor.

¿Qué entendía por “vanguardia”?

Las reflexiones del maestro Carlos García sobre la "vanguardia" resultan muy interesantes de analizar, a varios años de su muerte. Dice con la autoridad que le otorga su trayectoria: “El creador crea sin darse cuenta, espontáneamente. Pichuco, Di Sarli, De Caro, Salgán y hasta el mismo Piazzolla, crearon su obra y ninguno de ellos se tildó de vanguardista. Lo hacían sin darse cuenta. Ellos muestran lo que descubrieron, lo que saben, lo que les nace y nada más. Esto no es vanguardia, sino un testimonio de aquellos que están dotados. La vanguardia es un rótulo. Los músicos importantes hicieron su obra porque tenían un fuego sagrado adentro”.

 

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