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Semanario de Junín » Locales » 22 jun 2019

ENCUENTRO EN LA UNNOBA

Salado - La Picasa: ¿Manejo racional o interés particular?

La jornada promovida por la UNNOBA para tratar el tema de las inundaciones en el marco de las cuencas del Río Salado y la laguna La Picasa, planteó interesantes diagnósticos, pero demostró que hay diferencias ¿insalvables? entre distintos grupos de presión.


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Nuevamente la UNNOBA se puso al frente del conocimiento y desarrolló una jornada referida al “Manejo Racional de las Cuencas Hídricas La Picasa y Río Salado” que dejó al descubierto las diferencias que existen entre distintos organismos provinciales, además de la participación de grupos de presión que promueven soluciones para el perfil productivo, cuando debiera ser a través del ambiental.

La semana pasada, en el Auditorio del Bicentenario en nuestra ciudad, se congregaron representantes técnicos de las provincias, productores e investigadores para intercambiar puntos de vista y avanzar en la resolución del manejo del agua y la problemática hídrica que actualmente preocupa a pobladores y productores del norte de la provincia de Buenos Aires, sudeste de Córdoba y el sur de Santa Fe.

El encuentro fue organizado por la Universidad y el Senado de la Provincia de Buenos Aires.

El rector de la UNNOBA, Guillermo Tamarit, reconoció la importancia de que la casa de altos estudios sirva para “desarrollar debates y plantear temas que van atravesando las distintas dimensiones de nuestra sociedad”. Y destacó que la universidad cuenta con el Sistema Integrado de Monitoreo y Alerta Temprana Hidroambiental (SIMATH).

Tamarit, en su alocución, pudo establecer la clave de lo que hoy resulta polémico como lo es el tema inundaciones, donde provincias y productores buscan sacarse el agua excedente de sus territorios y parcelas, mientras nadie termina haciéndose cargo ni de esas acciones, como tampoco del origen de la cuestión que no es otro que las consecuencias, producto de la desidia hacia lo ambiental.

El rector de la UNNOBA opinó que “nuestra provincia  tiene diversos problemas, desde la desertificación hasta las inundaciones. Todas estas cuestiones van siendo atrapadas por conflictos que llegan hasta el nivel científico, porque hay una recurrencia en apelar a las universidades para que den respuestas técnicas a medida que se requiere satisfacer intereses particulares. Por esto es que hay que mediar”.

Consideró que “hay un eje central que tiene que ver con el impacto sobre la flora y la fauna, pero básicamente sobre los que vienen, sobre las próximas generaciones. Todas estas intervenciones no son inocuas. Pueden resolver los temas del presente, pero también es una obligación nuestra establecer las consecuencias a futuro, porque el agua es un tema en el que podemos hacer muchas cosas, o no hacer nada, y todo lo que hagamos va a tener consecuencias, fuera de toda discusión. Creo que el primer elemento es pensar en el legado, para dejar en una mejor posición a los que vienen y no solo terminar enredados en discusiones del presente”.

POCO PARA HOY

Pero a pesar del reclamo de Tamarit, parte de la discusión estuvo centrada en cuestiones de la actualidad con reminiscencias hacia un pasado de incumplimientos y un futuro que, en función de lo escuchado, promete más de lo mismo.

De hecho, la Sociedad Rural de Junín en sus declaraciones posteriores al encuentro –del que participó en el panel su presidente Gustavo Friederking- pidió por las urgencias de los productores, enfatizando “la necesidad de buscar una solución posible que permita a los productores bonaerenses y santafesinos poder producir y recuperar campos anegados”, cuando lo que se necesita es, justamente, debatir la situación tal como lo planteó Tamarit y, en cada caso, determinar las responsabilidades de –incluso- los productores que en muchos casos hacen uso de los recursos naturales, pensando sólo en “rentabilidad” sin considerar el “futuro” tal como le reclamaba el Rector.

VISIONES SESGADAS

Seguirá siendo difícil por cierto obtener soluciones a esta problemática, cuando las mismas autoridades provinciales no acuerdan entre ellas la tarea a seguir y cada quien busca no quedarse con el agua que cae del cielo para todos.

Esta visión sesgada de encarar estos temas es precisamente la que no permitirá un proyecto integral que sirva para enfrentar y paliar las dificultades, ya que sin la observación de las modificaciones de la naturaleza en su conjunto sólo se aplicarán parches.

Por lo que considerar que las “urgencias” deben estar enfocadas al tema productivo, es no haber entendido nada de lo que viene pasando ya que precisamente, el “problema” es el productivo.

Según datos del Global Forest Watch, entre el 2001 y el 2014 Argentina sufrió una brutal pérdida de bosques, equivalente al 8% del total deforestado en Sudamérica.

Desconocer la incidencia del desmonte del norte en el área del centro del país, es uno de los principales problemas para obtener una solución global.

Si se talan los bosques nativos, se destinan grandes extensiones a monocultivo y se construye sobre humedales -reservorios de agua que evitan las inundaciones-las lluvias y el desborde de ríos seguirán siendo incontenibles, aseguran los especialistas que además consideran que: “No sólo faltan obras, sino también políticas sobre manejo de suelos".

Por ese motivo para especialistas del INTA, "todavía falta destinar grandes esfuerzos y mayor responsabilidad a la forma en que se manejan los suelos porque eso incide en la gravedad, en la velocidad y en la duración de los procesos de inundaciones".

En el libro "La Argentina y el Cambio Climático. De la Física a la Política", de los investigadores del CONICET, Inés Camilloni y Vicente Barros, éste experto en climatología, se reseñó que en las inundaciones de 2007 en Santa Fe -por ejemplo- y en la provincia de Buenos Aires, se dieron "situaciones anárquicas" en las que cada productor defendía sus tierras construyendo diques o derivaciones de agua en forma discrecional, y que incluso algunos representantes del Estado sufrieron amenazas.

Hoy día, a 12 años de aquellos episodios, las discusiones entre productores también se trasladan al ámbito político jurisdiccional de las provincias, para poder desechar el exceso de agua que se generó por la imprevisión de todos.

Los especialistas aconsejan redes de alarma a partir del monitoreo regional de las napas, para predecir con antelación las inundaciones. Las freáticas hoy son un problema pero pueden ser un aliado en momentos de escasez, aportando agua a los cultivos. Porque también las sequías forman parte del ecosistema pampeano.

En síntesis, este problema que afecta a muchas comunidades pampeanas se encara con soluciones integrales y no responsabilizando a unos pocos actores.

El senador Gustavo Traverso, en el cierre de los debates que dejaron más dudas que certezas, opinó que los comités de cuenca son instancias con poca capacidad de manejo y resolución, que siempre funcionan “cuando el agua está hasta el cuello y carecen de funcionamiento cuando hay que hacer obras”.

Y planteó que “una de nuestras propuestas es financiar los comités de cuenca por ley de presupuesto y también que puedan participar con voz y voto, que dejen de ser comisión asesora”.

“Me parece que la Universidad introduce un concepto interesante, que es el de las napas. Venimos discutiendo solo desde el punto de vista de la obra de infraestructura hidráulica, por ejemplo de terminar la obra del Río Salado, una decisión política estratégica que tiene que ir más allá de quién gane la elección. Lo que no podemos manejar es el clima y el escurrimiento, el estudio de los cultivos y cómo eso afecta a las napas, eso es algo para repensar”, concluyó el legislador oriundo de Junín.

Chaco, otro modelo erróneo

 

La provincia del Chaco soporta hoy inundaciones que –dicen- son las peores en 30 años. Allí también queda demostrado que el sistema productivo que atenta contra las características nativas de la fauna y flora termina causando desastres ambientales, más allá de las variaciones que sufran los meteoros climáticos.

En su trabajo titulado “Minifundios, monocultivo e inundaciones. Una visión geográfica de los problemas agrícolas chaqueños en el siglo XX”, la investigadora del Conicet, Cristina Ofelia Valenzuela de Mari, plantea que “El monocultivo algodonero implica dos desventajas simultáneas: el agotamiento del suelo y la dependencia que deriva de quedar “a merced” de un solo producto, aspectos que se potencian en el caso chaqueño, por el fuerte predominio general de unidades de producción “inviables” por razón de su escala”. Esta situación, podría en el tiempo recaer también sobre los productores de la llanura pampeana, empecinados en seguir adelante con un tipo de actividad apuntalada en parte por un marketing directo de empresas y organizaciones interesadas en sacar partido de la situación en un marco que termina produciendo un desgaste del principal capital chacarero que es su calidad del suelo.

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