Junín. miércoles 17 de julio de 2019
Semanario de Junín » Locales » 9 jul 2019

Nota de opinión

De político “brillante” a la Argentina caníbal

La muerte del ex Presidente de la Nación Fernando de la Rúa cierra la historia de un hombre que aportó al país valores y miserias en diferentes contextos y escenarios. ESCRIBE: OMAR MERAGLIA


De ser el senador electo más joven del país en 1973 a la “tinellización” del 21 de diciembre de 2000 siendo Presidente de la Nación, Fernando de la Rúa será seguramente materia de análisis de cada argentino que quiera ahondar en la historia y trace lazos entre los hechos de ayer y hoy (y siempre).

Porque en él, como en otros, cabe la Argentina errática en el contexto de los países del mundo, que parece sentirse incómoda en cada lugar donde se pone y termina yendo y viniendo de un lado a otro del eje, acompañada en forma obligada por una sociedad que no logra salir de la confusión.

De la Rúa, ha sido sin duda uno de los legisladores más brillantes que ha tenido nuestro país y su talento en ese ámbito es indiscutible y seguramente en este día, muchos se ocuparán de dar detalles de su tarea.

Tal vez haya sido aquel “político ideal”, deseado por muchos a la hora de elegir, teniendo en cuenta su conocimiento, profesionalismo, capacidad, honestidad y compromiso. Todos estos, valores que se han tratado de exaltar a la hora de los comicios y que han sido magros para hallarlos en la oferta electoral.

Pero a la luz de los acontecimientos, fue el peor Jefe de Estado a la hora de encarar la conducción del país, sin carisma, no saber qué hacer con la economía y acompañar un proceso que terminó en uno de los hechos más luctuosos del país. Un “Nunca Más” de la democracia que aún no parece haberse alejado del todo.

Y entonces el Presidente honesto, de raigambre radical que llegó al gobierno tejiendo una alianza con el peronismo más crítico del peronismo más liberal, terminó padeciendo un escándalo por corrupción en el Senado para aprobar una reforma laboral, en el que el presidente de ese cuerpo y vice de la Nación, Chacho Alvarez, terminaría renunciando a un espacio con el que nunca acordó, más que para derrotar a Carlos Menem.

Y De la Rúa pasó a estar más desnudo que nunca. Sin “pata peronista”, rodeado de economistas liberales ajenos al pensamiento radical y lo peor de todo, sin el talento político del legislador brillante, anclado en un papel de Presidente patético.

Fue así que aquel “genio legislativo”, terminó fagocitado por esa máquina autodestructiva que parece formar parte de la genética argenta y que se encarga de ponerle permanentes pruebas a los que parecen exitosos. Entronizándolos con laureles y bajándolos a patadas, sin que esto implique un juicio de valor, sino que es parte de la Argentina caníbal, en la que transcurren nuestros días y nuestra historia.

Una sociedad complaciente pero irascible, pobre que vota como rica, trabajadora sin empleos, oprimida y contestataria, instruida pero ignorante.

Un crisol de acciones y reacciones, para una alquimia que nunca dará algo conocido, pero sí sorprendente. Aunque duela.

Tal vez por eso el destino quiso que falleciera el 9 de Julio, la fecha más argentina de todas. Para seguir recordándolo por la eternidad y enaltecer nuestras contradicciones.

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