Junín. domingo 15 de septiembre de 2019
Semanario de Junín » Locales » 8 sep 2019

EDITORIAL

Los Reyes de la Chicana

Concejales y legisladores oficialistas, que hoy adquieren una postura canchera en sus redes sociales, no entienden que el electorado los ha apuntado con su dedo soberano para, precisamente, no repetir el error cercano


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Semanario

Un grupo de concejales y los fieles legisladores que responden al intendente Pablo Petrecca se han puesto en un lugar de virtual desprestigio en la arena política juninense, que da pena verlos.

Si bien nunca han mostrado suficiente capacidad y menos aún responsabilidad a la hora de llevar adelante lo que se considera como una representación legítima de una parte del electorado, hoy juegan un papel insospechado, aunque resultara previsible.

Con su mensaje bíblico apocalíptico, advierten acerca de las renovadas plagas de Egipto que se abatirán sobre nuestra humanidad pampeana.

En cada una de sus declaraciones aprovechan para mirar hacia atrás, involucrarse en el pasado y verter palabras de inquietud en los juninenses como si con los disparates económicos cometidos por su propio espacio político no alcanzara para temer el día a día, simplemente a la hora de pensar cómo se pagará la luz y si se podrá comprar la leche para darle a los chicos.

Nombrar puntualmente a estos Reyes de la Chicana resulta hasta tedioso y cuando uno de ellos se aplaca en sus burdas apreciaciones, el otro aparece con su torpe desparpajo, para sumar letras en papel, palabras en radio y muecas en televisión. Allí se los encuentra.

La chicana política es una herramienta muy usada cuando no hay capacidad intelectual para el debate y como en este caso, cuando se carece del “fuego político” que se necesita para saber representar a quien le otorgó su voto (y a quien no), en el convencimiento de que lo beneficiaría.

La chicana es además una manera de ponerse por encima del otro y desacreditarlo. Una burla a través de la cual se envía un mensaje al contendiente.

Y como si no alcanzara con los ediles del terror, que se pasaron (algunos cuatro y otros dos años) calentando su silla de concejal, se les suman los legisladores PRO petrequistas (cuñado y amiga), también con su canasta de chicanas políticas que no son más que el intento de sacar la cabeza fuera del mar de votos que los tapó de realidad el pasado 11 de agosto.

Y mientras el lector comedido espera terminar estas líneas para también levantar el dedo acusador intimando al escriba a mantener ecuanimidad, los argumentos para llamar la atención acerca del triste papel que juegan los Reyes de la Chicana quedan al descubierto.

Que los personeros de Petrecca intenten hacer caminar al electorado por el sendero del miedo, habla a las claras de la falta de camino político que les faltó transitar y nunca intentaron atender.

La tarea del Concejo Deliberante de Junín, en estos cuatro años, no ha hecho lo mínimo indispensable para cumplir con su categoría de “deliberativo”, ya que el oficialismo rápidamente negoció la mayoría con Andrés Rosa y a partir de allí se ocupó puntillosamente de cercenar toda disidencia.

En ese marco, el Ejecutivo, como si fuera un “patrón de estancia”, llevó adelante la gestión a su antojo y aun teniendo la independencia para moverse de lado a lado, prefirió quedarse dormido y hacerse pleno de carencias tanto en lo administrativo, como en la ejecución de políticas públicas.

La mirada hacia atrás no es más que un intento para borrar el pobre presente y no animarse a ir hacia el futuro por reconocerse incapaces de llevar adelante un distrito de casi 100 mil almas que no pueden creer que la esperanza que tenían contenida, fuera derrochada hasta convertirse en la más cruda decepción.

Los Reyes de la Chicana que hoy adquieren una postura canchera en sus redes sociales y medios amigos, soltando breves comentarios sarcásticos en contra del otro y del distinto, no entienden que el electorado los ha apuntado con su dedo soberano para, precisamente, no repetir el error cercano.

Y mientras estos dirigentes del confort juegan casi con desesperación para lograr otros cuatros años de “hacer nada” en política, se van enumerando en una larga lista aquellas cosas que pudieron ser y no lo fueron, precisamente por su displicencia representativa.

Tener poderosos obsesivos de poder, nunca ha sido bueno para los pueblos, sino que ha generado el atraso y la apatía, precisamente lo que han logrado para el distrito este conjunto de falsos profetas, que se dicen representar al vecino y que ni siquiera saben representarse a sí mismos y quedan convertidos en el triste papel que hoy detentan.

 

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